Además del #YoSoyMédico17

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Raymundo Canales de la Fuente 29/06/2014 00:21
Además del #YoSoyMédico17

La postura que he defendido como médico desde hace ya muchos años está en relación directa con los principios bioéticos, como el de autonomía, bajo el cual cada persona tiene el derecho inalienable a decidir todo lo relativo a su salud, su integridad, su reproducción e incluso a su vida. Por supuesto todas las opciones reproductivas que la medicina brinda a las personas deben permanecer como entidades legales y accesibles a la población; también  hablo con frecuencia a favor de la eutanasia, entendida como un acto piadoso que procura el bien morir en las situaciones extremas carentes de remedio. Permanezco fervientemente a favor del paciente y, en especial, de las mujeres, en vista de que soy ginecobstetra; y respecto del caso que motivó el movimiento #YoSoyMédico17, me gustaría hacer una reflexión ética en vista de que establecer argumentos a favor del paciente no siempre coincide con el pensamiento o ambiciones de los familiares. Como pone en evidencia el padre del menor fallecido, se trata de un adolescente traído por su familia a una sala de urgencias en estado crítico, aparentemente muriendo, y el equipo médico responde, sin obedecer a nadie, articulando una serie de medidas complejas llamadas resucitación cardio-pulmonar. Las maniobras implicadas requieren entrenamiento sofisticado en farmacología, fisiología, cardiología, manejo de la vía aérea, neurología y muchas habilidades que se adquieren con años de aprendizaje sistemático. La urgencia absoluta en la que alguien se encuentra en riesgo inminente de perder la vida no debe ser escudriñada bajo la perspectiva ética, los médicos debemos actuar bien, rápido y sin preguntar; hechos patentes en el caso, en vista de que se logró revertir el paro cardio-respiratorio. Debo mencionar además que los médicos y médicas involucrados en esa primera atención actuaron de forma excelente, en vista de las posibles complicaciones de cada detalle del tratamiento; por ejemplo, son muy frecuentes las fracturas múltiples de costillas debido a la fuerza que es necesario emplear para mover un corazón en esas circunstancias, pero existen muchas otras complicaciones que no se presentaron en ese momento. Un paciente en esas condiciones tan extremas, sin presión sanguínea ni latido cardiaco, tiende a colapsar naturalmente las venas, lo que complica gravemente la atención médica, en vista de que se requiere un acceso al sistema interno para administrar medicamentos; ante esa circunstancia, entre la vida y la muerte de un niño, decidieron acceder a la única vena que no se colapsa y que corre bajo la clavícula, de donde toma su nombre, “la subclavia”, cuyo acceso mediante una aguja lleva implícito el riesgo de puncionar, por supuesto sin intención, la pleura, lo que puede colapsar el pulmón del enfermo. A pesar del riesgo, esta conducta es obligatoria porque es preferible un pulmón colapsado (o los dos) a la muerte inmediata del paciente; el colapso pulmonar se maneja con lo que llamamos un “sello de agua”, que consiste en una trampa de aire que le permitirá al pulmón expandirse otra vez. Ahora el abogado, padre del paciente, se queja por el colapso pulmonar sin matizar ni ponderar que esa maniobra le salvó la vida a su hijo en ese momento. También ahora se queja de un diagnóstico, según él no ponderado por los médicos, de tuberculosis abdominal, comprobado (quisiera ver sus cortes histológicos) por un médico que aparentemente es alguien con mucha preparación en el campo de la medicina forense. Me pregunto aquí por las intenciones del litigante, padre del menor. Ya veremos.

 

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