#YoSoyMédico17

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Raymundo Canales de la Fuente 22/06/2014 00:00
#YoSoyMédico17

Apareció recientemente en redes sociales un movimiento de médicos cuya pretensión es la solidaridad con un grupo de colegas acusados penalmente por un caso que ocurrió hace algunos años en Guadalajara, Jalisco. Simultáneamente, apareció en YouTube un video grabado profesionalmente por el padre del adolescente que perdió la vida en el Centro Médico de Occidente, abogado de profesión y quien articuló la demanda. El video llama la atención por una edición cuidadosa, el uso de teleprompter y porque el abogado exhibe imágenes de su hijo en terapia intensiva y, posteriormente, del cadáver en el forense; sólo le faltó presentar la autopsia. En dicho documento, el propio litigante afirma que el diagnóstico de ingreso de su hijo a la sala de urgencias del nosocomio era un “estado posterior a paro cardio-respiratorio”, cuya traducción es que el niño estaba prácticamente muerto cuando llegó, traído por su padre. No menciona las posibles causas de tan grave situación, que debieron haber ocurrido quizá en casa. Narra el padre que se le efectuaron maniobras de resucitación, posterior a lo cual el equipo médico trasladó al menor a la sala de terapia intensiva, donde también tomó imágenes fotográficas, en las que se puede apreciar a un menor con un sobrepeso muy importante y con las múltiples invasiones que en esos casos resultan indispensables para preservar la vida, a saber. Durante su prolongada estancia, fue sometido a múltiples intervenciones debidas, por supuesto, a la falta de irrigación y oxigenación que produjo el “paro cardiorrespiratorio” que motivó su traslado al hospital; los mecanismos fisiológicos tendientes a preservar la vida de una persona cuyo corazón se detiene provocan que se limite la circulación hacia órganos no prioritarios, como las vísceras abdominales, provocando necrosis en las mismas y motivando resecciones amplias que el equipo de cirujanos articuló de manera lógica. El abogado afirma categóricamente —asesorado por un forense— que el padecimiento que presentaba su hijo en el abdomen era “tuberculosis peritoneal” y no las consecuencias del sufrimiento visceral por la hipoxia y, según su punto de vista, fue ese “error” el que condujo a su hijo a la muerte.

Dando por sentado que fuera cierta su afirmación de la tuberculosis (médicamente es absurdo) y tomando en cuenta el extremo del sobrepeso de su hijo, lo que razonablemente podemos deducir es que se trata de un caso de descuido y abandono de un menor, al que nunca se le brindó apoyo, permitiendo un aumento de peso desmesurado, probablemente no se le vacunó contra la tuberculosis, se le permitió la convivencia con personas infectadas y nunca se le trató el foco primario de la enfermedad. La tuberculosis abdominal es siempre secundaria y requiere años de padecer la enfermedad para instalarse. Generalmente, la infección primaria es pulmonar y ocasiona muchos síntomas, tos crónica, fiebre vespertina, pérdida de energía; hechos que cualquier padre cuidadoso hubiera notado en su vástago.

Del discurso del abogado también queda claro que acudió en múltiples ocasiones al Ministerio Público Federal y a diversas autoridades judiciales y extrajudiciales, donde se le negó la actuación en contra del grupo médico, hasta que recientemente otro Ministerio Público Federal giró órdenes de aprensión contra 16 galenos que el señor exhibe públicamente como culpables. Cabe entonces preguntarle al procurador General de la República, licenciado Murillo Karam, ¿es por insistencia que uno puede fabricar culpables? ¿Cuántas actas se pueden levantar en contra de las mismas personas, a partir de los mismos hechos? ¿No debe el Ministerio Público actuar en contra de un padre que abandona de esa manera a su hijo? ¿No se auxilian en la PGR de médicos expertos? En fin, a ver qué nos contestan. Somos muchos médicos que estamos ofendidos por la actuación mediocre, inadecuada e insuficiente de la PGR.

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