El cigarro electrónico

La venta del dispositivo está enfocada al fumador que desea interrumpir el hábito...

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Raymundo Canales de la Fuente 25/05/2014 00:52
El cigarro electrónico

Desde que aparecieron los llamados “cigarros electrónicos”, que consisten en un dispositivo que mediante una resistencia evapora una solución de nicotina con un par de otras sustancias, creando una sensación parecida a la de fumar, aportando nicotina al individuo pero sin la enorme cantidad de sustancias tóxicas derivadas del humo del tabaco, se inició un gran debate en el mundo debido a la carencia de estudios controlados para evaluar sus riesgos. El argumento parece razonable porque la venta del dispositivo está enfocada al fumador que desea interrumpir el hábito, convirtiéndose entonces en una alternativa terapéutica. Como cualquier sustancia que entra al organismo, por supuesto debe presentar riesgos; es bien conocido el hecho, en medicina, de que no existe nada “inocuo”, cualquier tratamiento, por simple que parezca, puede tener consecuencias fatales para un individuo en particular, y no tenemos por qué pensar que éste sea diferente. Las principales agencias reguladoras del mundo han advertido sobre la carencia de controles del dispositivo; lo que llama la atención es la presión que se ha ejercido sobre los gobiernos para su prohibición. Al momento de intentar comprar el aparato, parece que pretende uno adquirir armas o drogas ilegales y, por otro lado, tenemos la enorme cantidad de sustancias tóxicas contenidas en los cigarrillos claramente ligadas a un enorme número de enfermedades a las que predispone, incluyendo todos los tipos de cáncer, pero apoyados por inconmensurables intereses económicos de las tabacaleras con exorbitantes dividendos. Con mero sentido común, parece en extremo difícil que se vaya a demostrar fehacientemente que el cigarro electrónico arriesgue más a las personas en comparación con el tabaco, simplemente por la cantidad de sustancias en uno y otro; quizá también esa es la razón por la que se ha bloqueado la investigación al respecto. La sorpresa es un reciente artículo aparecido en la revista británica Addiction, que reporta un trabajo realizado por investigadores de la University College London, evidenciando que 20% de las personas que estaban intentando dejar el tabaco tuvieron éxito utilizando el cigarro electrónico, comparado con un escaso 10% de los que intentaron con los métodos convencionales de aporte de nicotina (chicles, parches, etcétera). Quizá es esto a lo que temen las tabacaleras, pero de ninguna manera debemos permitir a los que construyen la política pública que se plieguen a sus intereses. Valdría la pena que México estudiara la posibilidad de iniciar un estudio formal, bien controlado y vigilado, para sacar conclusiones en nuestra población, que ha presentado cifras de crecimiento de la adicción entre jóvenes y mujeres, con el consecuente daño a la salud y sobrecarga del sistema sanitario. Ni legisladores ni funcionarios ligados al diseño de la política sanitaria deben estar cerca de las tabacaleras ni permitir que afecten sus decisiones.

 

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