Relevo en Perinatología

Es de señalarse el cambio no sólo por razones afectivas, sino por la reciente historia del nosocomio...

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Raymundo Canales de la Fuente 13/04/2014 02:51
Relevo en Perinatología

Me refiero al cambio de director general en el Instituto Nacional de Perinatología, institución querida y que forma parte del circuito de los organismos nacionales de salud. Es de señalarse el cambio no sólo por razones afectivas, sino por la reciente historia del nosocomio marcado por singulares vaivenes. En el sexenio pasado asumió la dirección general el doctor Gregorio Pérez Palacios, personaje con antecedentes importantes en salud reproductiva, así como en el desarrollo de la política de población; contribuyó desde el inicio en la clínica de control de la fertilidad del Instituto Nacional de la Nutrición, publicando trabajos importantes que coadyuvaron a la disponibilidad de anticonceptivos. Sus aportaciones tuvieron impacto en el control del crecimiento poblacional, baluarte sanitario de nuestro querido México; sólo por citar un dato, en los años 70, el promedio de hijos por mujer era de seis, y hoy en día, estamos en alrededor de dos. Por desgracia, el citado médico falleció prematuramente, dejando trunco el proyecto planteado para la conducción del instituto, ante lo cual, se designó como sustituto, y a sugerencia del doctor Córdova Villalobos (secretario de Salud en aquel momento), al doctor Javier Mancilla, con una hoja de vida adecuada para desempeñar el cargo pero que, aparentemente, tenía una sola misión: sacudirle al instituto el abordaje de los temas que resultaban incómodos para un gobierno de inspiración católica; verbigracia, la reproducción asistida, el aborto, el diagnóstico prenatal, la muerte materna. Por supuesto, el abandono del discurso condujo al deterioro interno de la institución, con la consecuente afectación del ambiente laboral, también se dejaron a la deriva temas de investigación sustantivos, causando la salida del instituto de personas muy valiosas en todas las áreas. Por supuesto, la administración federal actual percibió claramente el panorama, propiciando la sustitución del personaje por un médico con un perfil interesante y quizá mucho más adecuado, a quien la junta de gobierno de la institución le acaba de otorgar la responsabilidad, el doctor Jorge Arturo Cardona Pérez. La reflexión que pretendo tejer es, en primer lugar, en torno a los tiempos; la ley le otorga al nombramiento de director general en los institutos cinco años ininterrumpidos para su gestión, prorrogables a otros cinco en caso de demostrar un buen desempeño, lo que parece francamente adecuado cuando se analiza desde el ángulo de la investigación, suponiendo que se trata de personas valiosas y que cuentan con el apoyo de la comunidad científica y médica; pero no debemos olvidar el doble papel que desempeñan, son también funcionarios públicos que ejercen recursos millonarios y, para dirigirlos de forma adecuada, no bastan el currículum ni los logros científicos, es necesario también contar con vocación de servicio, actitud de liderazgo, un proyecto deslumbrante y, por supuesto, rendición de cuentas sistemática de cara a la sociedad, para lo cual, nos faltan mecanismos. No es razonable, en una sociedad moderna, que se le “brinde la oportunidad” al director de un organismo público descentralizado, durante cinco años, sin una rendición de cuentas que permita incluso su remoción en caso necesario. Tremendo reto asume el doctor Cardona, de quien me consta su capacidad para recomponer la institución y retomar el camino a favor de las mujeres.

 

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