Proteger la salud, reto al capitalismo

El IMSS tiene signos graves de insostenibilidad financiera y de recursos.

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Raymundo Canales de la Fuente 23/02/2014 00:57
Proteger la salud, reto al capitalismo

Hace un par de semanas, la influyente revista Lancet publicó un artículo titulado Protecting health: the global challenge for capitalism, cuya traducción puede serLa protección a la salud: el reto global al capitalismo”, cuyo contenido es por demás interesante. Parte de la descripción de las cifras de desarrollo con base en los datos de crecimiento del Banco Mundial por regiones del orbe, haciendo énfasis en las economías emergentes que, se espera, crezcan a cifras muy por encima de las economías desarrolladas. Simultáneamente, se aprecia que dichas regiones contienen países con cifras inaceptables de desigualdad, hecho que margina sustancialmente a grandes sectores sociales del bienestar y la salud, haciendo notar que, con el tiempo, esa desprotección se ha venido acrecentando, por supuesto coincidente con los elevados costes de la medicina actual; en especial, cuando no existe desarrollo científico y tecnológico propios. Además, se mencionan ejemplos en diversos países que han transitado por conflictos armados, algunos localizados, pero que afectan gravemente la salud a pesar de ser economías con grandes logros y con avances sustantivos en los indicadores sanitarios, poniendo en evidencia la fragilidad de los progresos.

El texto menciona, como parte de los acuerdos de la Comisión Oslo para la Salud, siete ejes fundamentales tendientes a la equidad en salud: las finanzas (la distribución del ingreso en la sociedad); la propiedad intelectual, que ya hemos tratado en este espacio y se refiere al desarrollo científico y tecnológico de cada país; el comercio; los tratados de inversión; la alimentación; la actividad corporativa; la migración y los conflictos armados. Dicha comisión propone mecanismos para rendición de cuentas de todos los personajes que diseñan y articulan la política pública involucrada con ellos, y también la dificultad para obligarlos; los actores centrales de la mayoría de los hechos económicos no están tan a la vista como los políticos y frecuentemente presentan múltiples resistencias a la discusión.

También es un hecho establecido que la participación de la sociedad civil organizada puede contribuir al equilibrio, inclusive en el diseño de indicadores de impacto en función de la salud. De muchas maneras, la OMS está poniendo el dedo en la llaga respecto de una contradicción intrínseca del sistema capitalista que, con el paso de los años, ha demostrado que tiende a la inequidad, concentrando dinero y poder en muy pocas manos. México es un ejemplo perfecto, contamos con una economía emergente sólida, que a la vista del extranjero resulta interesante y atractiva en términos empresariales, pero, al tiempo que efectivamente tenemos desarrollo médico de frontera, nuestras instituciones se encuentran en una crisis profunda que parece no tener salida fácil. La institución sanitaria artífice del incremento en la esperanza de vida, el IMSS, tiene signos graves de insostenibilidad financiera y de recursos. Con éstas líneas, pretendo poner en relieve que lo sanitario presenta una crisis mundial; algunas economías europeas están asomándose hoy también a situaciones límite de sus sistemas sanitarios. Necesitamos propuestas y soluciones urgentes.

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