Ginecobstetricia relegada

Persiste la obligación del Estado respecto de la proveeduría de servicios de salud sexual y reproductiva.

COMPARTIR 
Raymundo Canales de la Fuente 09/02/2014 00:18
Ginecobstetricia relegada

Los últimos 20 años han sido marcados por un progreso científico y tecnológico notable en prácticamente todas las esferas de la medicina moderna. La práctica médica, clínica y quirúrgica se ha transformado sustancialmente desde la consulta directa con el enfermo o enferma, ahora matizada por los conceptos éticos concretados en el consentimiento informado, hasta las técnicas quirúrgicas en las que ha aparecido la cirugía de invasión mínima con sus enormes ventajas y algunos riesgos e incluso el uso de robots quirúrgicos que nos asisten al momento de llevar a una paciente al quirófano. Las áreas vinculadas con la reproducción humana no han estado excluidas del progreso, contamos hoy con la tecnología reproductiva de la que tanto he hablado en este espacio, hasta los métodos de diagnóstico prenatal, cuya intención es verificar la salud o enfermedad del embrión o el feto. Estos últimos progresos significan en muchos casos, la elección de las mujeres en cuanto a todo lo concerniente a su reproducción, ya sea la intención de propiciarla, diferirla, limitarla o anularla; dependiendo de sus circunstancias sociales o personales; lo que confronta a la especialidad médica (la ginecología) con muchas posturas religiosas que reprueban prácticamente todas estas opciones. Las dos administraciones federales previas, muy cercanas e identificadas con valores de la moral católica, tendieron a no abordar estos temas, intentando soslayar las discusiones éticas tendientes al bien común y a la oferta que tiene la obligación el Estado de proveer a la sociedad en este campo; y como una parte de esta actitud, interpreto desde un punto de vista personal, no hay prácticamente ginecobstetras en los cargos de toma de decisión en política pública; nos han relegado un poco en vista de nuestra identificación con el progreso científico. Es decir, lo que privó en el ambiente sanitario es una especie de argumento descalificador partiendo de que “....éstos (los ginecobstetras) están a favor del aborto y la reproducción asistida....y sólo quieren hacer negocio...” lo que es prácticamente falso. Por supuesto el grupo de ginecobstetras no es homogéneo en estos aspectos, hay colegas ultraconservadores que no practican muchas de las intervenciones sancionadas por la Iglesia católica (y están en su derecho siempre y cuando no atropellen los derechos de las pacientes) hasta profesionales liberales (como quien escribe) a favor por completo del respeto absoluto a todas las decisiones de las mujeres; pero en todo caso, persiste la obligación del Estado respecto de la proveeduría de servicios de salud sexual y reproductiva, contando por supuesto entre sus filas con expertos en el tema; cuidando, como en cualquier otro campo de la política pública, que no existan conflictos de interés. La carencia de normatividad es otra expresión de este relego de la especialidad en los ámbitos legislativos, con mucho trabajo nos escuchan y raramente toman en cuenta nuestras opiniones. Ahora, bajo la actual administración federal, parece haber un mejor ambiente, ojalá podamos ver cambios a corto plazo.

 

Comparte esta entrada

Comentarios