Acciones de gobierno desafortunadas

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Raúl Contreras Bustamante 05/07/2014 01:09
Acciones de gobierno desafortunadas

El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, asumió su encargo con un apoyo popular inédito. Doctor en derecho, egresado de la UNAM, con un buen desempeño como procurador General de Justicia en el DF y sin tener una mancha en su desempeño público. Ganó las elecciones con amplio margen y envuelto en grandes expectativas ciudadanas.

Su estrella política se ha venido declinando, debido al desgaste natural que representa gobernar una metrópoli tan compleja como es la capital de la República; pero también por la toma de algunas decisiones desafortunadas.

Después de superar las contrariedades ciudadanas que generó la inacción de su gobierno durante los conflictos magisteriales, volvió a enfrentar severas críticas debido al cierre de un tramo que corre en la zona más pobre de la ciudad, Iztapalapa, de la Línea 12 del Metro.

Lo que en un principio se percibió como una medida valiente y precavida, se ha venido transformando en una acción confusa e incierta, ante la falta de claridad respecto a cuándo va a solucionarse el problema; a que costo; quién es el responsable; y qué acciones habrán de tomarse para castigar la enorme e inaceptable corrupción en el manejo de las finanzas públicas.

Desconozco quién aconsejó a Mancera para que —sin antes resolver el funcionamiento del Metro— se lanzará a modificar el “Programa Hoy No Circula”, a fin de ampliar los días de suspensión de la circulación de los autos más viejos.

Resulta un contrasentido argumentar que el problema de la contaminación se va a aliviar evitando que los sábados dejen de circular un número determinado de autos añejos, sin ofrecer alternativas eficaces de transporte público.

Ninguna otra medida, como la regulación de marchas y plantones; evitar la carga y descarga —durante el día— en avenidas importantes; sincronización de semáforos; evitar el estacionamiento en avenidas y ejes viales; ampliación de los horarios de fin de semana del Metro; facilidades para la renovación del parque vehicular; control de los vehículos oficiales altamente contaminantes. Nada más.

La medida fue tomada de manera tan irreflexiva, que ha tenido que suavizarse y retroceder. La ciudad está siendo paralizada por diversos grupos de inconformes con la medida, que parecen estar auspiciados con otros fines adversos. Fuego amigo contra el otrora jefe de gobierno.

Al parecer, Mancera devolvió a la Asamblea Legislativa algunas leyes que le habían sido enviadas para su promulgación y publicación, que podían abrirle nuevos frentes de conflicto.

Entre dichas leyes vetadas están las modificaciones a Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal, que pretendían prohibir el uso de animales en los circos; así como las reformas al Código Civil local, que trataban que el orden de los apellidos fuera designado por acuerdo entre los padres y/o madres; y “propiciar la democracia en la familia”.

Los argumentos para fundamentar el veto a esta última reforma, tan controvertible, fue que se consideró que hasta que no se acuerde con instancias federales cómo se complementaría la documentación —como el caso de la Clave Única de Registro de Población, credencial para votar y pasaporte— no era viable su promulgación. Bien.

Mancera tiene que considerar que su bono democrático lo está dilapidando con la toma de decisiones que requieren de mejor tino. Su gobierno está integrado con base al reparto de cuotas políticas entre las tribus perredistas. No tiene un gabinete que esté a la altura de los retos de la ciudad. En lugar de equipo, carga con un pesado equipaje.

Maquiavelo decía en su obra El Príncipe, que la elección de los secretarios es una cosa de las más importantes y que da mejor a conocer la sabiduría de quien los elige.

El Corolario es que Mancera debe despedir a aquellos colaboradores que le han fallado y no están a la altura de sus altas responsabilidades.

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