“La cultura del salvamento”

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Raúl Contreras Bustamante 17/05/2014 01:09
“La cultura del salvamento”

Esta semana, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció una nueva estrategia de seguridad que pretende restablecer la paz y tranquilidad en el estado de Tamaulipas, con la creación de cuatro zonas que contarán con mandos de la Defensa Nacional y la Marina Armada de México.

El objetivo del programa consistente en tres ejes: desarticular la composición y la organización de las bandas delictivas; sellar la ruta del tráfico ilícito de personas, sustancias, armas y dinero, además de garantizar instituciones locales eficientes y confiables.

Entre otras cosas, se anunció la creación el Instituto de Formación Policial e Investigación y que la Procuraduría estatal tendrá una depuración completa de sus elementos.

Esta estrategia federal se viene a sumar a una serie de acciones reactivas en auxilio de las entidades federativas. El gobierno federal irrumpe con presencia de fuerza, en sustitución y apoyo a las incapacidades locales. La tendencia a centralizar la solución de los problemas del país, se vuelve a hacer patente.

En materia del combate a la inseguridad, se afirma que el año pasado se denunciaron ocho millones de delitos, de los cuales, 90% son del orden común. A pesar de ello, la inclinación hacia responsabilizar a las instancias federales de la solución de los problemas locales, va al alza.

El presupuesto que se ha transferido hacia las entidades federativas para la profesionalización de las policías y el combate a la delincuencia, es enorme. Sin embargo, la corrupción dentro de los mandos policiacos locales sigue siendo incontenible. El dispendio ha sido escandaloso, ha servido para favorecer la compra de insumos y armamento, pero no se ha invertido en soluciones de fondo verdaderas.

El problema es que las acciones federales están siendo reactivas e improvisadas. Con una fuerza policial limitada, se cubre un estado con fuertes operativos y se tienen que descuidar otros frentes.

Aunque es innegable que en Michoacán se han alcanzado algunos resultados positivos, otras de las acciones implementadas, van en contra de lo que debería ser una estrategia seria y planeada.

Institucionalizar a las guardias comunitarias de Michoacán y convertirlas en policías rurales, es una decisión que choca frontalmente con un programa nacional de capacitación y formación policial.

A menudo nos enteramos de que cientos de elementos policiacos son dados de baja por no acreditar los requisitos de esos programas. En cambio, en aquellas tierras, ingresan a las labores de vigilancia personas sin el nivel de estudios y preparación mínimamente requeridos.

El célebre maestro constitucionalista francés Maurice Duverger decía que la noción de derecho es inseparable de la noción de cultura; y que esta última, se conforma con el conjunto de modelos de comportamiento de un grupo social.

Lo que estamos atestiguando, es la creación de la cultura del salvamento. Los gobiernos estatales asumen sus tareas en materia de seguridad pública sin una responsabilidad plena, porque saben que no habrá quién sancione su incapacidad y a sabiendas de que el gobierno federal siempre vendrá en su auxilio. 

El despliegue de fuerzas militares y policiales es una medida que aspira a la eficacia. Estrategias improvisadas, confeccionadas a la medida de las posibilidades fácticas, parecen aliviar los problemas de la inseguridad.

El problema es que cuando surge otro incendio y las fuerzas se trasladan hacia su combate, con seguridad vuelven a resurgir aquellos conflictos que no se resuelven de raíz.

Mientras la economía no repunte, mejore la educación, se disminuya la grave desigualdad social, se incrementen los salarios, se estimule de verdad el empleo formal —entre otros factores— y se reconstruya el tejido social, la delincuencia no va a ser frenada.

El crimen organizado recluta a sus sicarios de entre la corrupción y la desesperanza.

 

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