Avidez partidista

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Raúl Contreras Bustamante 10/05/2014 01:05
Avidez partidista

¡Felicidades a las madres, en su día!

 

Las notas de prensa van dando luces para conocer las causas que provocaron la parálisis legislativa del Congreso de la Unión, que impidió la aprobación de las leyes secundarias derivadas de las reformas constitucionales, durante el periodo ordinario de sesiones que recién concluyó.

Parece increíble que la falta de consensos a tan importantes reformas estructurales —que está deteniendo el crecimiento de la economía, la creación de empleos y en general el desarrollo de México— se deba esencialmente a las ansias de poder y a la ambición de las dirigencias partidarias representadas en las cámaras.

Se sabe que la principal causa de discordia, está —de manera recurrente— en las normas político-electorales; en especial, la relativa al tema de las candidaturas comunes, en el cual existe desacuerdo entre la alianza de los senadores del PAN y del PRD, frente a los legisladores del PRI y el gobierno federal.

Como no prosperó la iniciativa de los partidos en la oposición de aprobar la segunda vuelta electoral, ahora están empecinados en lograr la aprobación de normas reglamentarias que les permitan seguir por la ruta de alianzas pragmáticas, con el fin de derrotar al PRI en los próximos comicios.

El coordinador parlamentario panista, Jorge Luis Preciado, declaró que si el gobierno federal acepta las candidaturas comunes, entonces el PAN aprobará en sus términos el paquete de iniciativas presidenciales en materia energética.

Hace cuatro años se registraron convenios de coalición que permitieron al PAN y al PRD ir juntos en las contiendas electorales. Dichas alianzas hicieron posible —en 2010— que el PRI perdiera las gubernaturas de Puebla, Oaxaca y Sinaloa y se quedara a un paso de hacerlo, en Durango e Hidalgo.

En 2013, la coalición se llevó la única gubernatura en juego, Baja California, así como las ciudades capitales de Aguascalientes, Puebla y Mexicali.

Parece que lo único que les motiva a dichos partidos son las victorias pírricas que han alcanzado, pero no parece interesarles reconocer que esas alianzas no les han dejado beneficios reales a cada uno de los partidos en lo particular ni tampoco a los ciudadanos, puesto que han dejado mucho que desear en cuanto a acciones de gobierno.

Las candidaturas comunes no generan claridad y certeza de por qué programa de acción votan los ciudadanos ni cuál será la orientación ideológica del gobierno en el futuro, puesto que las plataformas partidistas son totalmente opuestas.

Además, esos acuerdos pragmáticos dejan un daño interno profundo a cada partido, puesto que lastiman a sus propias militancias; frustran la carrera partidaria de sus dirigentes y favorecen candidaturas impulsadas por intereses mezquinos y ajenos a sus propias organizaciones.

Pero la ambición electoral es superior a cualquier análisis racional.

En 2015, además de la renovación de la Cámara de Diputados federal, habrá elecciones en seis gubernaturas que hoy detenta el PRI —Colima, Querétaro, Nuevo León, San Luis Potosí, Michoacán y Campeche— y en todas, menos esta última, el partido tricolor las ganó con menos de 50% de los votos.

Eso crea una gran apetencia para que panistas y perredistas vayan juntos en los comicios estatales del año entrante.

Las pugnas internas por las dirigencias nacionales del PAN y del PRD, impidieron que las demás reformas trascendentes se produjeran y condicionan a que en un periodo extraordinario se aprueben, primero las leyes secundarias de la Reforma Electoral, y luego, las demás que interesan al país.

Thomas Hobbes decía: “Cuando los hombres desean una misma cosa que no pueden gozar juntos, se convierten en enemigos”. Ojalá y exista altura de miras en los dirigentes partidarios y parlamentarios, para que entiendan que la representatividad política que detentan es para servir a México, no para satisfacer ansias y codicias personales o de grupo.

 

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