La toma de posesión del Presidente

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Raúl Contreras Bustamante 29/03/2014 01:43
La toma de posesión del Presidente

Dentro del paquete de reformas constitucionales en materia político-electoral aprobado por el Poder Constituyente Permanente, que se publicaron el pasado 10 de febrero, está la relativa a la fecha en que el Presidente de la República entrará a ejercer su encargo.

El artículo 83 de nuestra Constitución establece —a partir de la reforma— que la toma de posesión del titular del Poder Ejecutivo —electo popularmente— será el primero de octubre, en lugar del 1 de diciembre, como se disponía en el texto original de 1917.

Se infiere que se pretende reducir el interregnum  que existe entre la fecha de elección y la toma de posesión del recién electo.

Es cierto que en otras naciones, la distancia que media entre los comicios y la asunción del cargo del mandatario es más reducida que en nuestro país. Quizá queremos parecernos a aquéllas y eso es lo que se busca con la enmienda.

Es también un hecho, la incomodidad del Presidente en turno, durante sus últimos meses de gestión, pues comienza a ver sólo las espaldas de aquellos que lo frecuentaban y adulaban y ahora procuran acercarse al futuro mandatario. Pero, la verdad es que el actual calendario electoral tenía su razón de ser y utilidad.

Durante parte del siglo pasado, en la época en que el PRI era el partido político dominante y con mínima competencia electoral; las campañas presidenciales servían para que el candidato recorriera —y conociera— el extenso territorio nacional; se dedicara a auscultar y preparar su programa de gobierno, así como a configurar a su equipo de trabajo.

Durante los largos meses de campaña, se realizaban foros temáticos sobre los grandes temas nacionales, a donde acudían expertos de todas las formas de pensar, quienes exponían sus opiniones, las cuales iban sirviendo al futuro Presidente para delinear su próximo programa de acción y a preparar las iniciativas de reformas constitucionales y legales que —por lo regular— presentaba a los pocos días de iniciado el mandato.

Después de las elecciones, el Presidente electo regresaba un tanto a la sombra, para integrar su gabinete y a afinar su futura estrategia de gobierno.

Con motivo de las alternancias políticas en el gobierno y la competencia electoral disputada, las campañas presidenciales ya no permiten esos ejercicios de reflexión y análisis, puesto que lo reñido de las contiendas obligan a los candidatos a concentrarse solamente en un objetivo: ganar la elección.

Las últimas elecciones presidenciales han tenido que padecer un periodo de contienda legal poselectoral, producto de los recursos e impugnaciones interpuestos por los partidos derrotados en las urnas, que obligan al ganador a concentrarse en su sustanciación.

El artículo 26 de la Constitución y la Ley de Planeación, exigen que dentro de un plazo de seis meses, contados a partir de la fecha en que toma posesión el Presidente de la República, deberá elaborarse, aprobarse y publicarse, el Plan Nacional de Desarrollo.

Se antoja difícil que cuando el Presidente tenga que tomar posesión de su encargo, antes de tres meses de haber sido electo en las urnas, tenga la posibilidad de tener claras las líneas de gobierno y las políticas públicas que tendrán que implementarse, sin contar con el tiempo para poder realizar un buen ejercicio de planeación.

Parece que las preocupaciones de los partidos políticos a la hora de reformar la Constitución rondan sólo en los temas electorales. El calendario recién aprobado va a propiciar un arranque del periodo de gobierno desprovisto de la oportunidad de reflexión, análisis y planeación adecuado.

El artículo décimo quinto transitorio de la reforma, determina que esta reforma entrará en aplicación hasta el primero de octubre de 2024. Quiere decir que, como dicen en mi pueblo, Banderilla, Veracruz: “Se hará justicia, pero en los bueyes de mi compadre”.

 

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