Reelección legislativa

Después de 80 años, el artículo 59 constitucional se vuelve a enmendar para determinar que los senadores podrán ser electos hasta dos periodos consecutivos, y los diputados... hasta por cuatro periodos consecutivos.

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Raúl Contreras Bustamante 22/02/2014 03:33
Reelección legislativa

El 10 de febrero pasado, el Diario Oficial de la Federación publicó el decreto que declaró aprobadas las diversas reformas constitucionales en materia político-electoral.

El PAN y el PRD condicionaron a que primero se negociaran y admitieran dichas reformas, a cambio de que se aprobara la Reforma Energética. Debido a ello, muchos temas se procesaron sin la debida discusión y reflexión.

El decreto en cuestión constituye una auténtica miscelánea legislativa. El Poder Constituyente Permanente aprobó la reforma, adiciones y derogación de un universo de 31 artículos de nuestra Carta Magna.

En esta ocasión, el análisis se limitará al tema de la reelección de los diputados y senadores al Congreso de la Unión.

El texto original de la Constitución de 1917 no limitaba la posibilidad de elección de los legisladores federales. Sólo señalaba que el encargo de los diputados era por dos años y el de los senadores por cuatro.

Como consecuencia del intento de Álvaro Obregón de ejercer un segundo periodo como Presidente de la República —que fue truncado con motivo de su asesinato, ya habiendo sido reelecto—, Plutarco Elías Calles promovió la ampliación del periodo presidencial de cuatro a seis años, y el retorno a la prohibición absoluta a cualquiera para volver a ocupar la silla presidencial.

Durante la etapa histórica conocida como El Maximato, Elías Calles, a través del presidente sustituto, el general Abelardo L. Rodríguez, promovió reformas constitucionales, según un decreto que se publicó el 29 de abril de 1933, para que los diputados ejercieran su encargo por tres años y los senadores seis; pero ya no podrían ser reelectos para el periodo inmediato.

Después de 80 años, el artículo 59 constitucional se vuelve a enmendar para determinar que los senadores podrán ser electos hasta dos periodos consecutivos, y los diputados al Congreso de la Unión, hasta por cuatro periodos consecutivos.

Ello significa, en términos de sencillas matemáticas, que los legisladores de ambas Cámaras podrán ejercer su función hasta por 12 años.

Para que los actuales legisladores no fueran acusados de haber legislado en beneficio propio, el artículo 11 transitorio del decreto establece que la reforma será aplicable a los diputados y senadores que sean electos a partir del 2018.

Sobre este cambio importante en la integración del Congreso surgen muchas dudas y observaciones.

En primer lugar, no se establece ninguna prohibición para que si algún legislador ya ocupó una curul o escaño 12 años, ya no pueda volver a ocupar un lugar en el Congreso.

Esto permite que cualquier político pueda pasar 12 años en una Cámara y luego brinque a la otra, hasta por otro periodo igual. E incluso —por qué no— después retornar a su Cámara de origen.

Esto no es una exageración, puesto que la reelección se permitió tanto para los legisladores que sean electos de manera directa, como para los propuestos en las listas plurinominales.

La reforma en comento establece que la postulación sólo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos de la coalición que lo hubiere hecho candidato la primera ocasión.

Lo que quiere decir es que, con el proceso de negociación apresurada, los partidos políticos aprovecharon para ganar terreno al mar, puesto que serán las dirigencias las verdaderas usufructuarias de la reelección legislativa.

Usted, estimado lector, ¿recuerda el nombre del diputado o senador por el que votó en 2012? ¿Sabe qué iniciativas ha presentado, a qué comisiones pertenece o cuántas veces ha hecho uso de la tribuna?

Si la respuesta es negativa —como creo será en la mayoría de los casos—, ¿con qué elementos podría usted determinar reelegirlo?

Hay tiempo para que se reglamente con seriedad esta reforma tan controvertible, porque como decía Marco Tulio Cicerón: “De hombres es equivocarse; de locos, persistir en el error.”

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