Candidatos sin partido

Los ministros determinaron que cada estado del país estaba en libertad de legislar o no en materia de candidaturas independientes.

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Raúl Contreras Bustamante 25/01/2014 01:38
Candidatos sin partido

Toca el turno de comentar lo relativo al establecimiento de reglas que permitan que ciudadanos puedan ser votados a cargos de elección popular de forma independiente, es decir, sin tener que ser postulados por algún partido político.

El 27 de diciembre pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto presidencial que declaró promulgada —previa la aprobación de la mayoría de las legislaturas de los estados— una reforma constitucional a los artículos 116 y 122.

Esta reforma es complementaria de otra enmienda anterior, aprobada el 9 de agosto de 2012, que modificó al artículo 35 de nuestra Carta Magna y que amplió el marco de los derechos del ciudadano para legalizar la figura de lo que se conoce como “candidaturas ciudadanas”, cuando se cumplan los requisitos, condiciones y términos que determine la ley.

El Congreso de la Unión debió expedir la legislación secundaria para reglamentar lo dispuesto en esa primera reforma en agosto pasado, pero ello nunca sucedió, puesto que omitieron modificar precisamente los artículos que ahora se armonizan.

Debido a la premura y al trabajo poco reflexivo con que a veces se ha estado reformando a nuestra Constitución, los legisladores en 2012, cuando posibilitaron las candidaturas sin partido, olvidaron que precisamente los artículos 116 y 122 dotaban a los partidos políticos del “derecho exclusivo” para registrar candidatos de elección popular.

A pesar de la contradicción grave del texto constitucional y sin que existiera ley reglamentaria federal, entidades federativas como Quintana Roo, Zacatecas, Michoacán y Aguascalientes, realizaron sus reformas locales e incluso algunas ya las aplicaron en elecciones.

Tanto la reforma electoral de Quintana Roo como la de Zacatecas recibieron impugnaciones legales promovidas por algunos partidos políticos, las cuales se resolvieron de manera favorable. Cada una de ellas presenta particularidades que las hacen muy diferentes.

En el caso del estado de  Quintana Roo, fue la Suprema Corte de Justicia de la Nación quien avaló la ley electoral que regula las candidaturas independientes a puestos de elección popular.

Debido a la falta de congruencia del texto constitucional y sin estudiar a detalle el fondo de los elementos planteados, los ministros determinaron que cada estado del país estaba en libertad de legislar o no en materia de candidaturas independientes.

Ahora, al corregirse el error y quitarle el monopolio a los partidos para postular candidatos, el Congreso de la Unión deberá realizar la reglamentación de las candidaturas ciudadanas y obligarse a las 32 entidades federativas para que las legislen en el orden electoral local.

Sin embargo, las bondades de dicha reforma —que pareciera ser un avance democrático importante— fueron eclipsadas de manera muy rápida.

El capricho del PAN y el PRD de aprobar una reforma político-electoral antes de la Reforma Energética produjo muchos cambios en la Constitución. Uno de los más importantes lo constituye el hecho de que después de 80 años, se instituyó la posibilidad de reelección consecutiva para diputados, senadores y ayuntamientos.

Dicha Reforma Política, que la Comisión Permanente del Congreso declaró su validez constitucional el pasado miércoles, establece un candado en la postulación para la reelección consecutiva de legisladores, presidentes municipales, regidores y síndicos, consistente en que la subsecuente candidatura sólo podrá hacerla el mismo partido que los haya postulado.

Quiere decir que los partidos políticos rápido retomaron el poder y control de las candidaturas. No podrá un ciudadano ser reelecto si el partido que lo postuló no vuelve a nominarlo.

Esto quiere decir que el Constituyente Permanente, en materia de candidatos ciudadanos independientes, como La Burrita de la famosa canción popular… da pasitos, uno pa’ adelante y otro para atrás.

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