Adiós a Pemex

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Raúl Contreras Bustamante 18/01/2014 01:09
Adiós a Pemex

El 20 de diciembre de 2013, el Diario Oficial de la Federación publicó el decreto que promulgó la reforma a los artículos 25, 27 y 28 de nuestra Constitución Política en materia de energía.

Del análisis de su contenido se desprenden muchas cosas y múltiples tópicos que no se manejaron ante la opinión pública antes de su aprobación. Las reformas constitucionales tardarán mucho en reglamentarse y poder ser asimiladas por todos nosotros.

Vale la pena comentar que el decreto contiene 21 artículos transitorios que establecen una infinidad de tareas de legislación secundaria; reglamentación; organización administrativa; creación de nuevos órganos; consensos políticos y partidarios en la designación de diversos funcionarios; cambio de cultura; imaginación técnica y mucho trabajo.

Quizá el elemento trascendente que se deduce de la lectura de los artículos transitorios de esta Reforma Energética, y que no se ha informado de manera suficiente, es que se establece el fin de la empresa paraestatal más importante del país, que es Petróleos Mexicanos —como venía funcionando— y su correspondiente conversión en una “empresa productiva del Estado”.

El artículo tercero transitorio del decreto ordena que una ley secundaria establezca la forma y plazos —los cuales no podrán exceder dos años— para que los organismos descentralizados, denominados Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad, se conviertan en empresas productivas del Estado.

Esto quiere decir que, antes de 24 meses, seremos testigos del fin de la era de Pemex como autoridad absoluta en materia petrolera y que sus funciones actuales serán repartidas entre muchos entes, instituciones y dependencias.

Se establece la creación del Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo que tendrá por objeto recibir, administrar y distribuir los ingresos derivados de las asignaciones y contratos petroleros, con excepción de los impuestos.

Se dispone que la Secretaría de Energía, con la asistencia técnica de una Comisión Nacional de Hidrocarburos, sea ahora la encargada de adjudicar a Petróleos Mexicanos las asignaciones para desarrollar actividades de exploración y extracción del petróleo y demás hidrocarburos.

Cuando se elija contratar con particulares, será la Comisión Nacional de Hidrocarburos la facultada para llevar a cabo las licitaciones, a fin de determinar al contratista y la suscripción de los contratos. Con ello, se pretende terminar con la era de corrupción imperante en Pemex, que fungía como juez y parte.

Petróleos Mexicanos podrá continuar con los trabajos de exploración actuales por un plazo de tres años, prorrogables sólo por un periodo máximo de dos años.

A la Comisión Reguladora de Energía le compete ahora la regulación y el otorgamiento de permisos para el almacenamiento, el transporte y la distribución por ductos de petróleo, gas, petrolíferos y petroquímicos; el almacenamiento de hidrocarburos y sus derivados, y la regulación de las ventas de primera mano de dichos productos.

El Congreso de la Unión tiene 120 días naturales para legislar para que las Comisiones de Hidrocarburos y la Reguladora de Energía se conviertan en órganos con personalidad jurídica propia, autonomía técnica y de gestión.

La transformación del nuevo Pemex deberá tener como objeto incrementar los ingresos de la nación; cuidar el ambiente; contará con autonomía presupuestal, técnica y de gestión; tendrá un régimen especial de remuneraciones al personal; y su organización, administración y estructura corporativa deberán ser acordes a las mejores prácticas a nivel internacional.

La reforma constitucional energética decretó el fin de Pemex y la creación de una nueva organización para el manejo de nuestra riqueza petrolera. Habrá que seguir con atención el desenvolvimiento de esta nueva era para vigilar que sea en bien de México.

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