El Ejército debe regresar a sus cuarteles

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Raúl Contreras Bustamante 14/12/2013 01:33
El Ejército debe regresar a sus cuarteles

El secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, ha demandado —en reiteradas ocasiones—  a los legisladores, que hagan su trabajo y le otorguen al Ejército y a la Marina, un respaldo jurídico claro para poder seguir desarrollando las labores de seguridad pública que les han sido encomendadas.

Felipe Calderón, con las facultades legales con que contaba, encargó a las Fuerzas Armadas se dedicaran al combate a la delincuencia organizada, ante la incapacidad de las fuerzas policiales.

La legislación actual, le señala al Ejército, Fuerza Aérea y a la Armada de México, como misiones generales, defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior; entre otras cosas.

Corresponde al titular del Ejecutivo Federal la determinación de la política en la materia de Seguridad Nacional y el mando de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, en ninguna parte de las leyes, aparece que las Fuerzas Armadas pueden dedicarse de manera permanente a funciones de vigilancia y seguridad pública, que son responsabilidad de las autoridades civiles. Por esa razón, para tratar de justificar su decisión de involucrarlas, Calderón llamó “guerra” a su combate contra la delincuencia.

Al inicio del presente gobierno, el presidente Peña ofreció el regreso paulatino de las Fuerzas Armadas a sus cuarteles. Sin embargo, ello no se ha realizado e incluso, muchos gobernadores ofrecen dentro de su gestoría ante el gobierno federal, el mantenimiento de las tropas dentro de sus territorios.

El secretario de la Defensa sabe de la necesidad de que se establezcan con claridad las facultades y atribuciones de la milicia, en particular para poder investigar y denunciar delitos; y volvió a explicar que hoy el Ejército está atado de manos para poder servir con toda capacidad, en el ámbito de la seguridad interior.

Muchos de los aciertos de las Fuerzas Armadas en el combate contra el crimen se ven fracasados cuando los jueces penales no conceden sentencias condenatorias a cientos de los detenidos, en virtud de que las acciones de aprehensión y consignación no se ajustaron al “debido proceso”, al ser ejecutadas por autoridades carentes de técnica jurídica y facultades.

Hace poco, se anunció que para desarticular la fuente de ingresos de la delincuencia en Michoacán, se encomendó a las Fuerzas Armadas el manejo del Puerto de Lázaro Cárdenas. Ahora, hasta actividades administrativas deben desarrollar.

Aunque existan razones para tal decisión, los militares que se dediquen a esas tareas no estarán exentos de ser sometidos a la legislación en materia de responsabilidades administrativas, fiscales y penales.

Hace años, le pregunté a un amigo general —ex jefe del Estado Mayor— cuál era su opinión respecto a ¿por qué el Ejército había sido el único en Latinoamérica que nunca había dado un “golpe de Estado”, después de la Revolución?

Me respondió —con mucho cuidado— y me dijo que la razón era porque nuestro Ejército es de origen popular. En otros países, la carrera militar es aristocrática. Las familias de abolengo desean tener hijos médicos, abogados, ingenieros o militares.

La relación cercana entre la burguesía y la milicia, propiciaba una contaminación, que en ocasiones, terminaba en la toma del poder por la vía de la fuerza. Por eso, me dijo, “hay que evitar que nuestras Fuerzas Armadas se contagien de ambiciones económicas y del poder”.

Es un imperativo reflexionar en este asunto. El camino no está en darles mayores facultades a las fuerzas armadas para que hagan labores distintas a su misión estratégica, para las cuales no han sido formadas ni están entrenadas.

La decisión debe ser regresarlas a sus cuarteles, lo antes posible, para preservarlas como una de las instituciones más queridas y respetadas del pueblo.

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