Una reflexión profunda

Uno de los puntos más importantes que hemos hablado es la forma como nosotros los viejos podemos, debemos y merecemos vivir con dignidad todos los días de nuestra existencia.

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Rafael Álvarez Cordero 11/01/2014 00:26
Una reflexión profunda

“El término voluntario de la vida es un derecho
de todos los seres humanos”.

Ley de Bélgica, 22 de septiembre 2002

Mi querido viejo: lo que quiero conversar contigo es algo muy importante, que merece una reflexión profunda, más allá de argumentos sentimentales o religiosos; aquí hemos abordado todos los temas con la mayor claridad y el mayor respeto, y éste, que escribo después de haber leído la vida de Emiel Pauwels.

Emiel Pauwels nació en Bélgica hace 95 años y toda su vida fue un gran atleta, representó a su país en numerosas ocasiones; ya en la tercera edad, de los 70 a los 80 años, fue campeón de los 800 metros, de los  mil 500, de los cinco mil, los 10 mil y aun los especiales de Steeplechase; y todos los noticieros deportivos grabaron y publicaron los videos de una de las últimas carreras de Emiel en 2013, a los 95 años, contra un viejo como él, Ilmari Koppinen, de Finlandia, en una pista de San Sebastián, en España, en la que le ganó a Ilmari en un duelo de 60 metros.

Pues bien, Emiel, con una vida así de productiva y feliz, supo que tenía un cáncer de estómago, que avanzó rápidamente en unos cuantos meses; dueño de una mente lúcida, decidió optar por la eutanasia, que está legalizada en Bélgica desde el año 2002.

Y repito lo que han publicado los diarios. Emiel exclamó: “¿quién no quisiera terminar con un vaso de champán y en la compañía de todos sus seres queridos?”; y así fue, reunió a sus amigos en su casa en Brujas y, después de la celebración, recibió la inyección que terminó con su vida.

Todos hemos pensado en la muerte, mi querido viejo, y seguramente en alguna ocasión has hablado de estos temas con alguien cercano o en una reunión se han escuchado voces a favor y en contra de la terminación voluntaria de la vida. Esto no es nuevo, y ya desde los años 60 del siglo pasado se ha legislado en diversos países y se ha reconocido el derecho de un ser humano de terminar con su vida “en caso de dolencias incurables que provoquen sufrimientos físicos o síquicos constantes e insoportables”, como reza la ley de Bélgica.

Uno de los puntos más importantes, ahora que hemos hablado ya casi tres años de la forma como nosotros los viejos podemos, debemos y merecemos vivir con dignidad todos los días de nuestra existencia, es saber también morir con dignidad.

Yo trabajé muchos años en una Unidad de Cuidados Intensivos y viví la tragedia de muchos pacientes que pasaban sus últimos días aislados, cubiertos de sondas, tubos y drenajes, lejos de sus seres queridos, y supe desde entonces que, puestos a decidir, la mayoría de mis amigos y conocidos desean morir en su casa y en su cama, y que si tienen opción, desean que el paso final sea sin dolores, pero que si hay dolores y sufrimiento para ellos y sus familiares, piensan que la decisión de terminar voluntariamente con la vida y morir dignamente es la mejor.

Este tema, mi querido viejo, merece, como señalé arriba, una reflexión profunda; me gustaría saber qué piensas al respecto.

                Médico y escritor

                raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

 

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