Una reflexión profunda

Viejo, mi querido viejo

Rafael Álvarez Cordero

Una reflexión profunda

Uno de los puntos más importantes que hemos hablado es la forma como nosotros los viejos podemos, debemos y merecemos vivir con dignidad todos los días de nuestra existencia.

11 de Enero de 2014

“El término voluntario de la vida es un derecho
de todos los seres humanos”.

Ley de Bélgica, 22 de septiembre 2002

Mi querido viejo: lo que quiero conversar contigo es algo muy importante, que merece una reflexión profunda, más allá de argumentos sentimentales o religiosos; aquí hemos abordado todos los temas con la mayor claridad y el mayor respeto, y éste, que escribo después de haber leído la vida de Emiel Pauwels.

Emiel Pauwels nació en Bélgica hace 95 años y toda su vida fue un gran atleta, representó a su país en numerosas ocasiones; ya en la tercera edad, de los 70 a los 80 años, fue campeón de los 800 metros, de los  mil 500, de los cinco mil, los 10 mil y aun los especiales de Steeplechase; y todos los noticieros deportivos grabaron y publicaron los videos de una de las últimas carreras de Emiel en 2013, a los 95 años, contra un viejo como él, Ilmari Koppinen, de Finlandia, en una pista de San Sebastián, en España, en la que le ganó a Ilmari en un duelo de 60 metros.

Pues bien, Emiel, con una vida así de productiva y feliz, supo que tenía un cáncer de estómago, que avanzó rápidamente en unos cuantos meses; dueño de una mente lúcida, decidió optar por la eutanasia, que está legalizada en Bélgica desde el año 2002.

Y repito lo que han publicado los diarios. Emiel exclamó: “¿quién no quisiera terminar con un vaso de champán y en la compañía de todos sus seres queridos?”; y así fue, reunió a sus amigos en su casa en Brujas y, después de la celebración, recibió la inyección que terminó con su vida.

Todos hemos pensado en la muerte, mi querido viejo, y seguramente en alguna ocasión has hablado de estos temas con alguien cercano o en una reunión se han escuchado voces a favor y en contra de la terminación voluntaria de la vida. Esto no es nuevo, y ya desde los años 60 del siglo pasado se ha legislado en diversos países y se ha reconocido el derecho de un ser humano de terminar con su vida “en caso de dolencias incurables que provoquen sufrimientos físicos o síquicos constantes e insoportables”, como reza la ley de Bélgica.

Uno de los puntos más importantes, ahora que hemos hablado ya casi tres años de la forma como nosotros los viejos podemos, debemos y merecemos vivir con dignidad todos los días de nuestra existencia, es saber también morir con dignidad.

Yo trabajé muchos años en una Unidad de Cuidados Intensivos y viví la tragedia de muchos pacientes que pasaban sus últimos días aislados, cubiertos de sondas, tubos y drenajes, lejos de sus seres queridos, y supe desde entonces que, puestos a decidir, la mayoría de mis amigos y conocidos desean morir en su casa y en su cama, y que si tienen opción, desean que el paso final sea sin dolores, pero que si hay dolores y sufrimiento para ellos y sus familiares, piensan que la decisión de terminar voluntariamente con la vida y morir dignamente es la mejor.

Este tema, mi querido viejo, merece, como señalé arriba, una reflexión profunda; me gustaría saber qué piensas al respecto.

                Médico y escritor

                raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

 

Comentarios

Lo que pasa en la red