Poesía en la vejez

En esta época podemos armonizar pensamiento, sentimiento y expresión.

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Rafael Álvarez Cordero 14/12/2013 00:00
Poesía en la vejez

La poesía, radiosa espada, tres heroísmos en conjunción: el heroísmo del pensamiento, el heroísmo del sentimiento, el heroísmo de la expresión.
 Salvador Díaz Mirón

 

Mi querido viejo: así hablaba don Salvador Díaz Mirón, poeta magnífico, orador arrebatado, combatiente terrible de todas las injusticias; él decía que para ser poeta se necesita algo heroico, y que reunía, como arriba se lee: el heroísmo del pensamiento, el del sentimiento y el de la expresión.

¿Quién no ha sido poeta alguna vez?, ¿Quién no ha querido expresar sus sentimientos en esa cascada de palabras que tienen doble valor: el contenido de cada palabra y cada frase y la armonía melódica cuando se pronuncian todas.

Y lo interesante es que los poetas no tienen edad: hay poetas en la adolescencia, yo intenté serlo con resultados poco menos que nefastos, cuando los primeros titubeos del enamoramiento y las primeras urgencias de las hormonas me hacían olvidar el futbol para ir en bicicleta junto a una adolescente de ojos pequeños y mirada pícara. Hay poetas de juventud, cuando salen a descubrir el mundo y encuentran todo lo bueno y todo lo malo que puede tener, y hay poetas de la vida adulta, cuando eso que se llama cultura y madurez les permite escribir poemas que van más allá de lo limitado o local y aparece la poesía universal.

Pero… ¿y los viejos?, ¿cuando se llega a viejo ya no hay poesía? Tú sabes que eso no es cierto, porque en esta época, más que nunca, podemos armonizar pensamiento, sentimiento y expresión.

Y eso es lo que hace un poeta insólito del que ya te he hablado, José Luis Jiménez, escritor, poeta, empleado federal y chofer, que acaba de publicar su más reciente libro El Poeta (Fonta-Mara, 2013); más de 200 páginas llenas de poesía y de vivencias.

“Así es la vida de un poeta:/tierna como la mano que acaricia,/firme como un roble que no se dobla nunca/e indescifrable e intangible,/como el agua del mar que se convierte en brisa”.

“El otro día que me llamaron viejo, /queriendo lastimar mi orgullo nato; /y pensando tal vez que a mí me dolería, /se les olvidó que a un viejo lobo, /que ha vivido tanto,/ llamarlo viejo es un halago, porque los años no han pasado en vano, /y saborear la vida, desde que llega la noche /hasta que aparece el día, eso no lo vive cualquiera /como lo vive un poeta, /en una orgía de placeres,/de canciones y de amores, llenos de melancolía”.

José Luis Jiménez parece disfrutar cada palabra, incluso cuando relata un encarcelamiento que tuvo porque lo acusaron de haber ocasionado un accidente, cuando fue él quien resultó lesionado; sus poemas son una muestra de que la edad no tiene importancia, y que todos podemos (y debemos) escribir lo que pensamos y lo que deseamos, en poesía o en prosa.

Seguramente tú, mi querido viejo, has intentado poner tus sentimientos en una hoja de papel. ¡Hazlo!, te divertirás mucho, no vas a ganar el premio Nobel, pero podrás expresar esos sentimientos que hacen de ti un ser humano especial.

                Médico y escritor

                Raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

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