300: El nacimiento de un imperio

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Pedro Cárdenas 06/04/2014 00:55
300: El nacimiento de un imperio

El general griego Temístocles lleva la carga contra las fuerzas invasoras de Persia, enfrentándose contra Xerxes, comandante de la armada Persa y su mano derecha, Artemisia.

La trama central nos sitúa en la guerra entre griegos y persas, se sobrepone a la de 300, fluyendo en una dirección paralela y estableciendo nexos con el filme de Zack Snyder. El origen de un imperio no es cine para pensar, somos consientes de lo que vamos a ver.

En la parte visual sigue el patrón de su predecesora, explotando sin pudor los mismos recursos. El origen de un imperio luce estéticamente igual de encandilada, aunque con predominio de tonos fríos sobre los dorados que abundaban en 300, ya sea por el incremento de escenas nocturnas, pero no les quita lo vividas. Cuenta con elementos muy exagerados que destemplan la realidad de las cosas y lo hace ver muy falso.

La clave de una película como ésta es tener un protagonista con carisma, que imponga físicamente y sea un líder. Siempre tiene que quedar como un héroe y aparentar ser descendiente de los dioses. Todo mundo esperaba otra gran actuación como la de Leonidas (Gerard Butler) para ese papel, pero el papel de Temístocles (Sullivan Stapleton) nos dejó complacidos. La actuación de Eva Green (Artemisia) fue la más superior, y formaron gran química estos dos personajes. La tensión sexual entre Temístocles y Artemisia es potente, se desencadena una lucha de fuerzas, con el fin de encontrar el placer y eliminar todo lo sentimental. Eva Green ha desencadenado escenas sexuales intensas en sus últimos papeles y le han funcionado a la perfección. Desde luego no tendrá queja alguna si continúa intentando sorprender al público con su lado atractivo y sexual.

La función del director ha estado más orientada al trabajo de actores, beneficiando a la película con las actuaciones, pero también no dándole la importancia necesaria a algunas escenas de batallas que se llegan a entrelazar debido a los movimientos rápidos y confusos de cámara, en las que los actores parecen hechos por computadora, y las escenas sacadas de un videojuego. En vez de sumarle a la producción le quita algo de vida. Pese a la simplicidad de su esquema y el guion lineal, resulta entretenida y fácil de seguir.

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