Leo, Jesús y el FCE

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Pascal Beltrán del Río 05/09/2014 01:37
Leo, Jesús y el FCE

Por mi aceptación a participar en una entrevista con el presidente Enrique Peña Nieto, soy uno de los responsables de que se haya iniciado un debate sobre la existencia del Fondo de Cultura Económica (FCE) y el papel que éste debe jugar en la sociedad.

Esta discusión bien podría ser catalogada como una de las tormentas tropicales de la temporada.

Sobre la entrevista quiero decir que no me arrepiento de haber sido parte de ella. Considero que fue una experiencia enriquecedora: por los participantes y por el formato. Es verdad que suscitó críticas. Algunas fueron de buena fe; otras, producto del resentimiento personal o de la tendencia a ideologizarlo todo.

Antes siquiera de que fuera transmitida, los seis periodistas participantes ya habíamos sido señalados en redes sociales como abyectos, lamesuelas del Presidente.

Después de la transmisión, como se vio que lo abundante ahí fueron preguntas periodísticas, la crítica se transformó: no habíamos sabido qué preguntar. Es más, un columnista escribió que la mayoría de nosotros ni siquiera se había preparado.

No tengo problema con esas u otras críticas, pero he aprendido que existen tanto la buena como la mala fe. Y que hay que atender los razonamientos de la primera y no perder un minuto de vida con las visceralidades de la segunda.

Me llama la atención que gran parte de la discusión se haya centrado en el organizador (el FCE), el moderador (José Carreño Carlón), el lugar donde se hizo la entrevista (Palacio Nacional, que, según un columnista, era demasiado “imperial” para entrevistar al Presidente), el formato, y, como ya dije, nosotros, los entrevistadores.

Quizá sea yo muy ortodoxo, pero siempre he pensado que en una entrevista lo importante es lo que dice el entrevistado. Es decir, las respuestas y no las preguntas. Otros, por lo visto, lo ven distinto.

Pasados unos días, la discusión se centró sobre todo en el papel del FCE como organizador de la entrevista, que, oficialmente, fue la primera de un ciclo titulado Conversaciones a fondo.

En ella participaron —y ahí me quiero detener— dos avezados analistas: Leo Zuckermann y Jesús Silva-Herzog Márquez. El primero de ellos, como todo mundo sabe, es columnista de este diario.

En su artículo semanal publicado el lunes 25 de agosto, en el periódico Reforma, Jesús Silva-Herzog Márquez escribió: “El Fondo de Cultura Económica no es un órgano periodístico ni merece trato de agencia de relaciones públicas de la Presidencia. Lejos de ser una conversación a fondo, la editorial organizó una conversación a modo. Uno de los momentos más penosos en la historia de esa casa”.

Honestamente no tengo un punto de vista totalmente formado respecto de si lo único que debería hacer el FCE es publicar libros. Y no sé si, como dice Jesús, la organización de la entrevista haya violado el Estatuto Orgánico del Fondo.

En lo que discrepo de Jesús es que se trató de una conversación a modo. Debo decir que en la plática previa que tuvimos no se nos impuso lo que debíamos preguntar.

No puedo hablar por los demás, pero sí por mí: yo fui a esa entrevista a hacer preguntas periodísticas. Hice tantas como pude y, obvio, me quedé con muchas en la libreta.

El resultado periodístico de la entrevista pudo haber sido bueno o malo —cada quien tendrá su juicio—, pero un análisis desapasionado del contenido no lleva a decir que fue “a modo”.

El artículo de Jesús incitó a Leo Zuckermann a llevar la discusión más allá. No era solamente que el FCE no tenía por qué andar organizando entrevistas sino tampoco debía irrumpir en el mundo de los libros ya atendido por las editoriales privadas.

Así se puede resumir, de manera muy sucinta, la columna que publicó el jueves 28 de agosto bajo el título “¿Se justifica la existencia del Fondo de Cultura Económica?”

Discrepo de este punto de vista, aunque va en línea con el pensamiento liberal del autor, y por ello intelectualmente honesto. También es posible que, antes de escribir, Leo no haya contemplado todos los ángulos de la historia de una institución que remonta a 1934.

El lunes pasado, Jesús volvió al tema. “Si, por una parte, el Fondo corre el peligro de convertirse en Notimex, hay quien, en el otro extremo, sugiere su desaparición para no estorbarle al mercado. Eso lo ha planteado Leo Zuckermann”, escribió. Y argumentó que “en su diatriba contra un Estado cultural que describe como ineficiente y elitista, (Zuckermann) no advierte que el mercado es, también, censor”.

El miércoles, obtuvo respuesta. En estas páginas, Leo sostuvo que Jesús prende incienso a un Estado que “ha censurado mucho más que el mercado”. Y sostuvo que es incorrecto que se use dinero público para subsidiar editoriales, cuyos libros son leídos sobre todo por mexicanos socioeconómicamente privilegiados.

Ayer publicamos una carta de Jesús Silva-Herzog Márquez. En ella dice que Leo Zuckermann “parte de la confianza de que no puede haber una sensata inversión pública en cultura”, pues estigmatiza al FCE por ser una empresa pública. Y agregó que Leo incurre en “una penosa demagogia populista: como los pobres no leen, que el Estado no desperdicie ni un centavo en libros”.

Luego de este intercambio, invité a Jesús y a Leo a continuar la discusión en la pantalla de Excélsior Televisión. Los dos aceptaron de inmediato. El encuentro será la semana entrante.

Pienso que en el fondo de este debate hay algo más que el Fondo: está el papel del Estado. Por eso espero con ansia la conversación con Jesús y Leo, en la que lo importante serán sus argumentos, no el formato ni el papel del moderador.

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