Soborno en el PAN

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Pascal Beltrán del Río 04/09/2014 00:48
Soborno en el PAN

El mediodía de ayer, una fuente alertó a este diario sobre una discusión acalorada que se estaba dando en una reunión plenaria de los senadores del PAN, celebrada a puerta cerrada.

Había una veintena de legisladores presentes cuando el jalisciense José María Martínez acusó al coordinador de la bancada, Jorge Luis Preciado, de haberle ofrecido medio millón de pesos para cambiar el sentido de su voto.

Lo que desató la discusión fue la decisión de Preciado de destituir a Martínez como vicecoordinador del grupo y reemplazarlo con el senador aguascalentense Fernando Herrera Ávila.

Aparentemente molesto porque el anuncio se hizo antes de que él arribara a la reunión —en el primer piso de la torre del Senado—, Martínez acusó a Preciado de haberle perdido la confianza tras de negarse a recibir un soborno de 500 mil pesos para cambiar su voto y apoyar así al PRI.

Nunca se aclaró en qué votación habría ocurrido la presunta propuesta, pero algunos de los senadores presentes, entrevistados por Excélsior a condición de permanecer en el anonimato, interpretaron que los hechos ocurrieron durante la aprobación de una de las reformas estructurales.

Tras de escuchar la acusación de Martínez, Preciado dijo que no le había dado 500 mil pesos sino un millón de pesos, pero que había sido a cambio de unos cuadros que le compró. 

Posteriormente, intervino en la discusión el senador aguascalentense Martín Orozco Sandoval, quien, a decir de varios asistentes a la reunión, dejó a todos estupefactos al acusar a Preciado de haberlo invitado a él y a otros legisladores a una cena con políticos, que en realidad resultó ser una fiesta con prostitutas.

En ese caso, el señalamiento hacia Preciado tenía que ver con una supuesta trampa que el coordinador habría puesto a sus compañeros de bancada.

Si el reciente escándalo de la fiesta con teiboleras de Puerto Vallarta —que terminó con la destitución del coordinador en San Lázaro, Luis Alberto Villarreal— afectó públicamente al PAN por exhibir una doble moral, un caso similar en el Senado podría incluso poner en entredicho su lucha contra la trata de personas. No hay que olvidar que la panista Adriana Dávila encabeza la comisión senatorial dedicada a ese tema.

Preciado fue nombrado por Madero como coordinador en mayo de 2013, luego de destituir del cargo a Ernesto Cordero.

 En las últimas semanas, Preciado ha estado bajo un intenso escrutinio por parte de un grupo de senadores que le reprochan su talante exhibicionista, sus negocios mal afamados y su afición a las parrandas.

El 20 de mayo pasado, dos días después de que Gustavo Madero fuera reelegido como jefe nacional panista, escribí en este espacio que uno de los efectos de su triunfo sería el reemplazo de los coordinadores de las bancadas del PAN en la Cámara de Diputados y en el Senado, decisión que, estatutariamente, le corresponde en exclusiva.

Entre las razones que aduje por las que debían ser cambiados Preciado y Villarreal es que, encima de que ambos habían sido protagonistas de escándalos, ni siquiera habían podido ganar para la causa maderista sus respectivos estados, Colima y Guanajuato.

Sin embargo, Madero los ratificó en sus cargos. Y aguantó a Villarreal hasta el 13 de agosto, luego de que surgió un nuevo escándalo: el de su participación en la fiesta de Puerto Vallarta, de la que se supo siete meses después, luego de que el video del convivio fuera filtrado a los medios.

Como he escrito aquí antes, la causa formal de la destitución de Villarreal sigue sin estar clara. Nunca se supo, por ejemplo, si los recursos usados para organizar esa fiesta fueron de origen público o privado. Ni se dijo oficialmente que su salida de la coordinación de la bancada fuera por faltas a la moral (bailar con una teibolera). 

En el caso de Preciado, la acusación es seria. A menos de que el senador Martínez se desdiga totalmente de lo que escucharon los asistentes a la reunión, el coordinador le habría pedido cambiar su voto a cambio de dinero. No necesita haberse consumado la transacción para ser un asunto grave.

Lo cierto es que Gustavo Madero ha dejado crecer un problema en su grupo parlamentario en el Senado. Sin poder meter la mano al fuego por nadie, la bancada tiene elementos de probada competencia política, algunos de los cuales, incluso, fueron candidateados recientemente para ocupar la presidencia de la Mesa Directiva de esa Cámara.

Sostener a Preciado parece un aferramiento. Da la impresión de que Madero no lo ha quitado para no dar gusto a sus críticos. ¿Qué hará ahora el jefe nacional ante una acusación como la que hizo Martínez frente a una veintena de personas?

El problema no es sólo que un buen número de senadores desconfía de su coordinador —y ya desconfiaba de él antes de la reunión de ayer—sino que, ante el señalamiento de soborno ¿cómo pretende el PAN participar en un debate parlamentario sobre el combate a la corrupción, que ya ha sido anunciado para este periodo de sesiones del Congreso? 

Por otro lado, ¿llegará Madero a la reunión del Consejo Nacional panista, el sábado próximo, en la que se discutirá el reglamento de la selección de candidatos del partido —y, quizá, los recientes escándalos—, aún con Preciado bajo su ala?

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