Fin de imperio

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Pascal Beltrán del Río 01/05/2014 01:28
Fin de imperio

En 1897, la reina Victoria celebró sus sesenta años en el trono de la Gran Bretaña presidiendo el imperio más vasto de toda la historia: casi la cuarta parte de la superficie del mundo.

Apenas medio siglo después, el exhausto Imperio Británico entregaba la estafeta como potencia mundial a Estados Unidos, luego de gastar una cuarta parte de su riqueza nacional en combatir al fascismo.

El mundo hoy está como en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial: experimentando el vacío de poder que deja una potencia en declive.

Sin embargo, a diferencia de aquella etapa, cuando había un sucesor claro, hoy éste no existe. Tampoco hay en la primera línea del relevo figuras de la talla de Winston Churchill, capaces de conducirlo. Y si aquella sucesión ocurrió entre aliados, hoy esa posibilidad se ve imposible.

Si bien es cierto que el gobierno del presidente Harry Truman fue reticente en un principio para asumir el papel que le tocaría jugar a Estados Unidos en el nuevo orden internacional, nunca hubo una abierta oposición del sucesor para tomar el liderazgo, como ocurre hoy con la República Popular China, que desde los días de Deng Xiaoping tiene una política externa de Estado que abiertamente prescribe “mantener un bajo perfil” (tāoguāng yănghuì, en mandarín).

El año pasado, China rebasó a Estados Unidos como la mayor potencia comercial. Y, ayer, el Banco Mundial estableció —con base en cifras revisadas por primera vez desde 2005— que este año Estados Unidos dejará de ser la primera economía del mundo, algo que no sucedía desde finales del siglo XIX, cuando arrebató la supremacía a Gran Bretaña.

Esa noticia se combina con una creciente falta de influencia y pericia de Washington para hacer frente a conflictos internacionales como los de Siria y Ucrania, así como los resultados de encuestas recientes que registran la mayor proporción de estadunidenses en medio siglo en decir que su país debe dejar de intervenir en el escenario mundial.

Sin embargo, Estados Unidos se mantiene claramente como primera potencia militar. Y está por verse si China se decide a entrar en una carrera armamentista con un país que aún la supera ampliamente en gasto militar, armamento balístico y aviones de combate.

El mundo vive tiempos peligrosos. Hasta hace pocos años se pensaba que las guerras entre países eran cosa del pasado y que lo peor que tendría que vivir la humanidad en esta era serían el terrorismo global y los conflictos internos.

No obstante, este año comenzó con la apropiación por parte de un país del territorio soberano de otro. Y el ganón no fue otro sino Rusia, una de las mayores potencias militares de la actualidad.

Asimismo, en diferentes partes del Pacífico, China amenaza con hacer suyos, por la fuerza, diferentes conjuntos de islas en disputa.

En el segundo caso se encuentra el diferendo entre Japón y China por las islas Senkaku (o Diaoyu), que ha llevado a la formalmente inexistente armada japonesa a hacerse de un número mayor de destructores que los que hoy tiene Gran Bretaña.

¿Y dónde está la ONU? Incapaz de hacer frente a los conflictos internos que habían caracterizado al mundo después del derrumbe del Bloque Socialista, Naciones Unidas está completamente ausente del debate sobre las disputas territoriales.

Hace apenas un semestre, Arabia Saudita rechazó un asiento rotativo en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque puede alegarse que lo hizo por motivos egoístas —entre ellos su molestia con la política estadunidense en la región—, ¿quién puede minimizar el argumento esgrimido por los sauditas de que la mediación de Naciones Unidas se ha vuelto inútil?

Por otro lado, el de hoy es un mundo donde la comunidad internacional atestigua indiferente la masacre de civiles en Siria, Sudán del Sur y la República Centroafricana.

Y el líder de la potencia global no atina a decidirse si su país sigue siendo o no “el policía del mundo”. Y es que puede haber algo peor que tener un gendarme, y es la anarquía.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, mientras Estados Unidos titubeaba sobre cómo asumir el liderazgo que dejó Gran Bretaña, dos naciones recientemente independizadas, Pakistán e India, emprendieron una guerra por el control de Cachemira. Ese es un conflicto que persiste hasta hoy y ha llevado a ambos países a desarrollar armas nucleares.

El vacío de poder que deja sentir el declive de Estados Unidos como potencia económica es innegable. Lo que no está claro es el nivel de conciencia que existe en Washington y otras capitales sobre el relevo que tendrá que venir.

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