Premoniciones vacías…

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Paola Domínguez Boullosa 09/07/2014 00:00
Premoniciones vacías…

Dice un proverbio inglés… Nunca tengas miedo del día que no has visto. Y tememos, los seres humanos siempre tememos a eso que aún no ocurre, simplemente porque nos hemos dado a la tarea de pretender intuir aquello que va a pasar y que a ciencia cierta es absolutamente impredecible… la mayoría de las veces… y tememos  de forma incesante y generalmente vacía a eso que es finalmente lo mejor que tenemos... otro día, otra oportunidad…

Tememos a lo que pueda pasar, cuando es casi imposible tener la absoluta certeza de lo que será y… tememos, y no tememos a lo bueno o malo que pueda pasar porque eso nadie lo sabe, en realidad nuestro temor yace en base a esas premoniciones, premoniciones vacías de realidad y llenas de idealizaciones casi siempre negativas… El temor por desgracia no ilusiona, no apasiona y no alimenta lo positivo, sólo fomenta una especie de cadena de sucesos dramáticos, coincidentemente supresivos de cualquier feliz desenlace, y es que parece una condición de la práctica humana programarse para lo peor en situaciones de incertidumbre… y la incertidumbre es real, pero no por ello una razón suficiente para autoafligirse a fin de no sufrir una vez que lo peor suceda… si ha de suceder, también dependerá de una serie de factores que pueden ir incluso más allá de los peores escenarios que hayamos imaginado…

Así que nada se gana con esas premoniciones ni con ese pensamiento aparentemente previsor del mal, al contrario… ante la incertidumbre… existen las mismas posibilidades de que ocurra lo mejor y de que ocurra lo peor y, tanto una como la otra, pueden ir más allá y sorprendernos…

Y aun así… tememos porque nos hemos propuesto temer a lo desconocido, a todo aquello que no comprendemos, a todo aquello que sale de nuestro control y que no somos capaces de descifrar con claridad y ocurre que en la mayoría de los procesos de la vida siempre existen más sucesos desconocidos e inesperados que esperados, porque por mucho que se prevenga para bien o para mal… el factor sorpresa siempre aparece como explicación subjetiva sobre lo ocurrido… Nos pasamos la vida haciendo ensayos sobre lo que va a pasar y casi nunca pasa conforme a ese guión tan personal, porque en el fondo se desea que suceda lo contrario a lo que se teme, pero haciéndonos a la idea de ese temor. Y siempre ese temor es mayor que el deseo y… es ahí donde fallamos, nos fallamos…

Hacemos premoniciones vacías, les tememos y nos fallamos, y así seguimos ese juego de bumerán emocional, sin darnos cuenta de que lo más grave no es la angustia a la que nos sometemos, sino a esa falta de confianza en uno mismo que vamos mermando ante cada escenario irreal fallido, en el que nos hemos colocado como vencidos para no tener que sufrir en su momento, ese temor, esa derrota anticipada, y todo por no darnos ni siquiera la oportunidad de visualizarnos como vencedores…

Quizá porque siempre carga con más responsabilidad quien quiere vencer y se siente vencedor, quizá porque pensar en positivo lo hace a uno dueño de su destino en mayor magnitud, quizá porque, aunque se tema reconocer que se pueda fallar…  resulta que a veces también se gana perdiendo… muchas veces, y lógicamente se gana ganando, porque en ambas circunstancias se gana cuando se decide ganar y ver la vida así, es más positivo, más inteligente y, por supuesto, más real para quien así decide verlo y vivirlo… Nos llevamos el mismo tiempo para pensar en positivo sobre nosotros mismos que en negativo, nos llevamos el mismo tiempo planeando escenarios fallidos que acertados, y nos llevamos el mismo tiempo pensando en lo que pudiese pasar… y nos llevamos finalmente el mismo tiempo mermando nuestra seguridad que fortaleciéndola…

Porque uno nunca es lo que tiene sino lo que es en sí mismo, las cosas van, vienen, las personas, van, vienen, pero uno mismo no puede darse el lujo de irse y volver, uno mismo siempre debe estar con uno mismo confiando en eso que es lo único que tiene y expandiendo siempre su potencial, porque al final importa que en cualquier escenario uno sea siempre vencedor por quien es, por lo que tiene por ofrecer, por colaborar y por sumar… Ese es el único escenario en el que deberíamos de enfocarnos, en nosotros mismos en nuestra fuerza interior en nuestra confianza, en nuestra seguridad para siempre sabernos y sentirnos merecedores de lo mejor, porque para eso trabajamos todos los días, eso es exactamente lo que nos corresponde perfeccionar, hacer crecer y evolucionar lo que somos como personas, somos seres humanos… lo demás… todo lo demás va y viene…

Por eso hoy le invito a dejar de temer ese día que no ha llegado, porque puede ser que quizá nunca llegue, porque puede ser que si llega, nosotros ya no seamos lo que éramos, porque puede ser que estemos preparados o no, y lo que tenga que llegar siempre llegará en el momento correcto para probarnos a nosotros mismos, para probar nuestros pensamientos, nuestras ideas nuestras creencias e incluso nuestras emociones, y lo que tenga que venir vendrá siempre para bien, porque todo llega para bien… nada llega para hacernos víctimas de nuestras propias decisiones sino simplemente para hacernos vencedores, aunque nos hayamos equivocado, porque equivocados o no si sabemos manejarnos habremos vencido lo único que tenemos que vencer en la vida, el miedo a no ser lo suficientemente capaces de enfrentar cada día, cada escenario… cada temor…

Porque ya es suficiente el miedo que intempestivamente puede aparecer… como para además provocarlo voluntariamente mediante premoniciones vacías de toda lógica, y si fuese el caso que en realidad debiésemos temer sólo habrá que tomarlo como una medida precautoria para las acciones que tendremos que tomar, pero ésas —si son reales— también llegarán en su momento… Así que sacúdase el miedo que está permitiendo que reine en su vida porque éste nunca le dejará avanzar, sacúdase la angustia y las amenazas, sacúdase el espíritu de víctima y de perdedor, porque  en realidad todo eso sólo ocurre para usted… las cosas, las circunstancias… los sucesos sólo son en sí mismos, no tienen valor, el valor se lo da uno… por eso dése a usted mismo y a sus pensamientos otro valor para poder verse en cualquier escenario y valorarlo de forma distinta… el miedo sólo avanza si usted le deja, si usted se deja… si usted teme más, mucho más, de lo que desea… por eso desee siempre mucho más de lo que teme… recuerde las palabras de Marie Curie: “Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender…” Entiéndase a usted mismo y dejará de temer y de temerse… buena suerte.

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