El reticente

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Paola Domínguez Boullosa 23/06/2014 00:00
El reticente

No es lo mismo guardar silencio que callar con malicia. Guardar silencio puede ser de las acciones más atinadas que podemos tener según sean las circunstancias, porque el silencio no hace a nadie esclavo de nada, más que de lo que sabe y por propia convicción no cree oportuno develar.

Se debe guardar silencio por múltiples razones y casi todas válidas para quien lo hace, pero hay quienes utilizan el silencio incompleto para sembrar claras dudas… dando a entender el sentido de lo que no dicen y muchas veces más, de lo que se callan. Esto es lo que siembra del reticente, porque todos podemos guardar silencio, reservarnos nuestras opiniones o incluso desconfiar de algo o de alguien, pero de eso a sembrar verdades o mentiras a medias para propiciar un juego mental para quien escucha es… muy diferente, al final estas personas siempre pretenderán hacerle responsable de lo que usted diga y de esa forma no aparecer ellos como los creadores de la idea, sino… usted que al contestar la resuelve…

Así funciona el reticente que al no creer ni sentir ha perdido la capacidad de responsabilizarse de sus palabras. Y quien no se responsabiliza de sus palabras tampoco podrá hacerlo o de sus acciones… porque al final ellos buscarán la manera de aparentar nunca haber dicho nada aunque lo hayan dicho todo, y disfrutarán al ver cómo alguien más dice o razona lo que él no se atreve a decir, y  lo celebrarán diciendo:… “yo no lo dije, lo dijiste tú”… y no importará lo que uno diga o no en su defensa, a partir de ese momento lo convertirán a usted en el creador de la falsedad o en el divulgador de la verdad, a partir de ese momento usted será el indiscreto, el hablador y… hasta el mentiroso.

Así son y así viven estos agitadores, siempre procurando… no decir… diciendo para  protegerse por lo dicho y desdecirse… y créame que no hay nadie peor, que el ser que es poco claro en su vida. No hay nada peor que no definirse, a uno mismo por miedo a que se pueda descubrir quién es uno… porque del que se teme a sí mismo no tenemos nada más que esperar…

Por eso hoy le invito a reflexionar sus silencios y sus palabras, diga lo que tenga que decir y calle lo que decida callar y nunca permita convertirse en rehén de las personas reticentes, si ellos no quieren decir lo que esperan que usted diga, no lo diga usted tampoco, y si es necesario respóndale con la misma pregunta o cuestionando la afirmación que sea que le hagan y evite a toda costa ser usted quien resuelva y diga los acertijos que le plantea el reticente, siempre será mucho mejor que guarde silencio… este sí es de esos silencios que son absolutamente necesarios.

Las reservas siempre deben hacerse por prudencia, pero las reservas inteligentes, las que uno se hace a sí mismo cuando sabe claramente que lo que puede decir no es más importante que lo que debe de callar. Estas reservas son las que creemos y sentimos prioritarias a fin de mantener las relaciones, las circunstancias, y sobre todo la paz mental siempre tan necesaria. Por el contrario, las reservas que arrastran consigo la malicia propia de quien no sabe callar ni siquiera lo prescindible, nos vendría mejor hacerlas a un lado, a ellas y a quien las propone.

La vida no puede sostenerse con entredichos, ni tampoco con mentiras o verdades a medias, mucho menos con apreciaciones limitadas y envueltas en razones aparentemente absolutas y que le son propias al que ni siquiera se hace responsable de sus propias palabras… no haga caso, sea usted quien desconfié y le ponga en evidencia, recuerde… el que dice sin decir, tampoco estará diciendo nada para quien tiene criterio de selección de lo que escucha y de con quienes participa.

Mejor déjelos hablar y si guardan silencio a la espera de que usted resuelva, no lo haga déjelo con su silencio y con sus ruines intenciones. No pierda su tiempo en tratar de comprender o en analizar aquello que le quieren dar a entender porque siempre será un razonamiento distorsionado. Si alguien desea algo de usted como escucha o como participe en una conversación, que se lo diga claramente,  sino es así,  mejor que siga con sus silencios a medias, sus palabras a medias… y su vida a medias.

Es preferible que se dedique a resolver aquellas cosas que valga la pena resolver, haga caso omiso de los mensajes que lleguen a usted cargados de intenciones distorsionadas y que puedan inquietarle. La vida simplemente no se interpreta a partir de las voces ajenas sino de la voz propia, de lo que uno dice, de lo que uno cree, de lo que uno siente, de lo que uno se dice a sí mismo… nuestra vida  nunca puede interpretarse a partir de lo que otros callan o dicen…

Es nuestro deber seleccionar de lo que escuchamos, aquellas cosas que vale la pena tomar en cuenta y las que no, es nuestro deber seleccionar las palabras con las que habremos de responder, es nuestro deber elegir de toda la información que recibimos cuál nos es necesaria y cuál no… así que no se deje sorprender por el reticente que busca a toda costa hacerle responsable de las palabras que no se atreve a decir, y tampoco interprete aquellos silencios, ni complete aquellas resoluciones por lógicas o sencillas que parezcan, no… ante el reticente… mejor sonría con  desconfianza y siga adelante.

Dice Mariano José de Lara: “El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. Por eso es siempre tan importante y necesario construir a nuestro alrededor una vida llena de verdades, porque si hemos de creer siempre es mejor creer en lo que es real y comprobable, no hay aritmética entre las verdades a medias, su suma no hace una verdad… ni tampoco las mentiras a medias hacen una mentira en su totalidad…

Por eso no acepte para sí, más que la verdad, no sea cómplice de las medianías, defina sus creencias, defina sus silencios y más aún sus palabras. La claridad  en las palabras nunca hace sombra a quien no teme decir lo que piensa y se hace responsable de ello, la claridad de un silencio tampoco nunca ensombrece la intención… por eso elija sus intervenciones, y nunca permita que le comprometan a decir o a callar y mucho menos a creer y mucho menos a sentir… Usted elige, es su vida, sus silencios, sus palabras, sus verdades…

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