A prueba

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Paola Domínguez Boullosa 21/05/2014 00:04
A prueba

Decía Thomas Alva Edison: “Nadie es consciente de su capacidad, hasta que la pone a prueba”. Y sí... todos, en algún momento, hemos sido puestos a prueba, en lo poco, en lo mucho o en el todo, quizá sólo de forma esporádica, quizá de forma permanente... lo cierto es que todos, en algún momento, hemos experimentado esa sensación de estar siendo sometidos a determinadas situaciones que intentan averiguar o comprobar nuestras debilidades, nuestro carácter, nuestro temperamento...

Todos hemos sido puestos a prueba y todos también hemos puesto a prueba a otros... todos probamos porque necesitamos, a través de la prueba, comprobar los límites de cada uno, la medida y la proporción de las cosas; probamos para examinar, para justificar, para manifestar, para hacer patente la certeza de un hecho o para asegurar la verdad o no de algo... pero siempre todos, en el fondo, cuando ponemos a prueba a alguien, es porque desconfiamos...

Desconfiamos y aplicamos la prueba tantas veces como nos sea posible y necesario, con tal de despojarnos no de la desconfianza, sino de ese sentimiento tan habitual de no creer y no sentir que el otro dice todo lo que es y lo que sabe, increíble... porque no existe prueba que pueda clarificar del todo la esencia de alguien, eso sólo se podría lograr analizando y razonando su proceder reiterado, en diferentes escenarios, en diferentes posiciones, en diferentes contextos, en diferentes tiempos... por eso las pruebas no siempre y no en todo son aplicadas correctamente o sí... porque ocurre además, con demasiada frecuencia, que en el afán de probar a los demás, nos estamos probando a nosotros mismos, en nuestros límites y nuestros alcances...

Esa es la parte más atractiva de las pruebas, el darnos cuenta de que, al probar, nos prueban también a nosotros y nosotros nos probamos también, así, al final, la prueba sobre el otro termina por develarnos cualidades propias, quizá absolutamente desconocidas.

Y seguimos probando por desconfianza y por tratar de garantizar que eso que creemos, sentimos y pensamos puede ser o no. Pocas... muy pocas veces, se prueba sólo para saber algo sin haber hecho un juicio previo sobre el otro y sobre uno mismo frente a la prueba que intentamos  realizar... y es ahí donde todo se enturbia, en esa puesta a prueba... en el juicio previo, en visto para sentencia y... erramos entonces al sólo probar para comprobar o no aquello que previamente creemos... y así podríamos resolver o no el juicio previo, lo preconcebido, pero nunca la verdad... y mucho menos lo profundamente desconocido que todos tenemos y que muchas veces resulta ser sorprendente...

La verdad de lo que cada uno es se pone a prueba por sí sola, por sí misma, todos los días en lo cotidiano, en lo propio y en lo adverso, en lo planeado y en lo que no, frente al espejo o frente al mundo, pero ahí está siempre presente, en todo momento, con ese sutil indicio de que lo que somos hoy es sólo el potencial de lo que podemos ser mañana, para bien o para mal...

Muchas veces, creemos... y pensamos... y sentimos... que la vida es injusta al ponernos a prueba todo el tiempo, que es agotador mantenerse en guardia esperando eso que seguro vendrá nuevamente a probarnos, que no merecemos eso o aquello que se nos presenta, e incluso se llega a cuestionar a la vida, de si tiene o no un asunto personal con nosotros, y no... no es la vida ni sus emisarios los que nos ponen a prueba, somos nosotros mismos quienes lo hacemos todo el tiempo, al temer enfrentar nuestros peores miedos, al querer probar nuestros juicios previos, al querer definir lo indefinible, al querer demostrar lo que tarde o temprano habrá de alcanzarnos

Porque todo llega, siempre llega, y no hay nada que detenga su proceder; las pruebas son sólo eso, el escalón obligado por el que tenemos que pasar una vez que hemos decidido avanzar en la vida, y podemos aprobar o reprobar la prueba, recuerde que siempre aprobaremos si elegimos subir y aprender algo de nosotros mismos y lo implementamos para mejorar nuestra vida... reprobaremos si evitamos utilizarlo, darle la vuelta, derribarlo o, peor aún, convertirlo en una muralla que nos impida ver el resto del camino... Porque así como todo llega, todo pasa... y ese escalón también quedará atrás, cada vez más pequeño e insignificante...

Porque eso pasa siempre con las grandes pruebas... con el tiempo, si se han superado, sólo queda de ellas el aprendizaje sobre nosotros mismos y sobre aquellos que estaban o no en esa experiencia; y si no son superados, se quedan ahí, con nosotros, aferradas como un lastre que no nos permite movernos y que cada día pesa más y más…

Por eso hoy le invito a aventurarse y presentarse seguro ante esas pruebas que, lo quiera o no, elija o no, suceden en su vida, porque son sólo una etapa en su camino, una etapa que le asegura que está preparado para seguir adelante, si así usted lo decide. Por eso no pierda nunca la oportunidad de vivir la experiencia de esas pruebas, porque siempre, al principio, una vez que las aceptamos, son mucho más sencillas  de superar y seguir adelante.

Recuerde que rechazar la experiencia de una prueba que se nos presenta no hará que ésta desaparezca, sino más bien, que nunca deje de aparecerse; por eso tómela, abrácela, sonríale y déle la bienvenida, le aseguro que siempre traerá consigo interesantes descubrimientos...

Muchas felicidades, si usted ha aceptado la prueba que vive, porque está dándose una de las oportunidades más grandes que ofrece la vida para hacerse consciente de sus propias capacidades... Esas que siempre le llevarán al mejor lugar.

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