Carácter en caracteres…

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Paola Domínguez Boullosa 19/05/2014 00:00
Carácter en caracteres…

Nos hemos acostumbrado a la rapidez, a la inmediatez, a la respuesta rápida y simple, a los plazos cortos, a las experiencias efímeras, a las amistades momentáneas, a las relaciones cortas, a los espacios reducidos, a la rescisión de contratos, a ir de mano en mano, de opinión en opinión; nos hemos obsesionado con las temporadas, las modas pasajeras, las creencias sin sólidos fundamentos, a los pensamientos rápidos, a las respuestas poco razonadas, a los sentimientos poco sentidos, a las quejas sin grandes preocupaciones, a las expresiones en caracteres…

Al final, en el afán de buscar la sencillez, nos hemos recubierto de apariencias banales,  no por los decorados muchas veces majestuosos, sino por la consistencia, hoy todo es desechable, absolutamente todo… hasta el tiempo y la razón.

Ya casi se ha perdido valor ante la vida, ante nosotros mismos, porque ante la permisividad de todo, hemos permitido lo impermisible, que es dejar de ser… quien uno es. Y no siempre y no todos, también hay personas que insistimos en esa maravillosa necedad de ser cada vez más lo mejor que se pueda llegar a ser…

Se ha perdido la paciencia, el saber esperar, porque hay cosas que se salen de toda norma en la inmediatez, porque hay respuestas que no pueden ser rápidas ni mal razonadas, porque hay sentimientos que no deben no sentirse, porque hay decisiones que no pueden tomarse con la consigna de ser renunciables, porque hay responsabilidades que no pueden abandonarse… porque nadie cambia en un abrir y cerrar de ojos porque nadie se transforma y se corrige de la noche a la mañana, porque nada que en realidad valga la pena es inmediato ni el amor ni la felicidad ni el dinero ni la inteligencia ni la conciencia… ni siquiera la libertad… todo lo importante, verdaderamente importante en la vida requiere de un tiempo de un respeto, de valor y de tener paciencia…

Por eso hoy le invito a reflexionar, sobre ese estado de inmediatez en el que vive, ya sea porque lo ha elegido o lo hayan elegido por usted… y no se trata de dejar de lado la modernidad sino, de saber discernir qué parte de esa modernidad está sacrificando la parte humana que tanto, todos, necesitamos.

Habrá cosas que no podamos cambiar, habrá otras que sí, cada cual sus necesidades, lo que sí podríamos cambiar son esas cosas que han hecho de nosotros seres automatizados, siempre en conexión, pero absolutamente desconectados de las  cosas verdaderamente importantes, porque la vida no se puede decidir en 70 y 160 caracteres…

Tendremos entonces que ponderar el carácter por encima de los caracteres y regresar en la medida de lo posible a la esencia de lo que somos, priorice sobre sus prioridades y permítase establecer relaciones más serias con sus palabras, acciones y compromisos.

Porque no existe nada mejor que la palabra que se puede tocar, esa que uno puede ver escuchar y acompañar de toda la nítida imagen de uno mismo y del otro en interacción física.  Porque una caricatura de una expresión no representa la expresión misma de quién la siente, porque una palabra escrita si no va acompañada de los elementos necesarios casi siempre carece de la fuerza y sobre todo del tono necesario para generar el impacto deseado, y porque simplemente las cosas importantes de la vida no se pueden tratar así… a través de una pantalla táctil…

Es necesario que se pueda valorar  entre lo que sí necesita inmediatez y lo que requiere de un tiempo y de un espacio… porque al final, y como  ocurre casi siempre se crea  un malentendido de quien no supo esperar ese tiempo y ese espacio necesario para tratar las cosas importantes y se pierde y hace que los demás se pierdan, en ese mundo del lenguaje programático, donde sólo podemos ver lo que se expresa no lo que se es, sino más bien lo que se quisiera ser, donde uno no dice exactamente lo que piensa sino más bien, lo que a todos le pueda gustar y donde uno selecciona sus mejores imágenes a fin de aparentar lo que tampoco se es en realidad… y no siempre y no todos, pero es que se necesita anteponer la vida real sobre la vida inmediata y fantástica que esta modernidad pretende permitirnos.

En realidad los millones de amigos, no son realmente sus amigos, y sus seguidores no son realmente la gente que le admira. Porque a nadie se le quiere más o menos por el tiempo que se tarde en contestar o no un mensaje electrónico de cualquier naturaleza, porque nuestra vida no puede evaluarse a través de *ikes, simplemente porque uno en realidad no es sólo lo que se ve a través de los perfiles, uno es y vale o no, por un  sin fin de cosas más que de lo que se está dispuesto a mostrar en ese aparador público e impermanente.

Como decía Jean de la Bruyère: “Hay situaciones en la vida en que la verdad y la sencillez forman la mejor pareja”. Exprésese, diga lo que tenga que decir, muestre lo que quiera mostrar y viva como quiera vivir, pero nunca olvide que eso que expresa, que dice y que muestra es la imagen que el mundo tendrá de usted, cada uno genera sus propias percepciones y esas percepciones se convierten en la realidad de quien las lee y ve. Usted decide cuáles de ellas son las que le representan en el mundo programático y en la vida real, y siempre será mejor que coincidan, así que elija qué asuntos forman parte del tiempo necesario y cuáles de la inmediatez. Mucha suerte…

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