Imitar

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Paola Domínguez Boullosa 26/03/2014 00:00
Imitar

Quien sabe quién es, poco o nada puede necesitar de ser o parecer alguien más... Nada más deprimente para la evolución y crecimiento de una persona que evitarse a sí mismo, con la intención de convertirse en alguien que no es y nunca será...

Se necesita mucha voluntad y sentir un inmenso vacío para trabajar arduamente en la pérdida de uno mismo y en el afán persistente de convertirse, a partir de algo que no se es... en alguien más, y sucede que de esa mimetización se obtienen  malas imitaciones y así, carentes de todo, empiezan a conducirse por la vida, siempre a la espera de que alguien reconozca en él o ella eso que nunca podrán ser... pero se esfuerzan en demasía, y eso habrá que reconocérselos, ante la inminente pérdida de sí mismos…

También se necesita una alta dosis de indiferencia hacia uno mismo y una profunda capacidad mental para omitir los sentimientos, los pensamientos y las creencias propias, y pretender suplantarlos por aquellos que vagamente creen conocer, a fin de convertirse en aquello que no son... el que copia se olvida que sólo puede copiar las apariencias y las apariencias no siempre definen a las personas. Es por eso que estas personas siempre son superficiales, poco auténticas y absolutamente indefinidas en todo y para todo...

Triste, muy triste, querer parecerse a alguien más cuando, con sólo ser uno mismo, se puede ser todo a los ojos de quien más importa: nosotros mismos. La copia o la imitación nunca será auténtica, porque basta con comprender que uno es la suma de lo que vive, de las decisiones que toma, de las elecciones que hace... y, por supuesto, aquel que imita no estará nunca dispuesto a vivir la vida de quien adula con su imitación, simplemente porque no es ni siquiera capaz de vivir y enfrentar la suya...

Y sucede también que aquel a quien se intenta emular se molesta, cuando no habría razón... más que sentirse halagado de que alguien quiera —al menos— parecérsele un poco.

Por eso hoy le invito a sincerarse con usted mismo y reconocerse tal cual es, y si es usted a quien emulan, felicidades, alguien considera que usted es un ejemplo a seguir. Si por el contrario, usted es quien emula la vida ajena, sería interesante que se pregunte cuánto se teme a usted mismo para no ser quien es, cuántos vacíos o vergüenzas engendra para no darse la oportunidad de hacer de su vida una vida ejemplar.

Nada más apasionante que definirse a uno mismo... nada más maravilloso que reconocerse como único e irrepetible y saberse que no importa cuántos atributos o no tengan otros, uno es lo que es y nadie podrá negarle nunca el derecho a desenvolverse como mejor le parezca. Porque quien se sabe convencido de sí mismo, se da un valor inalienable y se hace respetar, además respeta su historia, sus decisiones y sus transformaciones.

Saberse únicos nos permite ser libres, porque existe esa certeza de que no hay más competencia que uno mismo ni más superación que las propias metas que nos hemos planteado. Saberse únicos es estar convencido que los retos que enfrentamos son nuestros y en beneficio de nuestro crecimiento, porque el que se sabe único, se sabe también independiente de las decisiones ajenas, de sus apreciaciones y sus creencias.

Vale la pena sincerarse con uno mismo, vale la pena tomarse el tiempo para reconocer lo que somos, lo que ya no seremos y lo que aún podemos ser, porque siempre existe la oportunidad de comenzar de nuevo o de mejorar aquellas cosas que nos permitan ser nuestro propio ejemplo a seguir.

Créame... no existe mejor experiencia que conocerse a uno mismo y actuar en consecuencia, no existe nada mejor que poder vivir de acuerdo a lo que uno siente, piensa y cree, y no existe mayor reto que conquistarse a uno mismo todos los días... porque el que conquista predomina, domina y enamora, y nada como poder vivir con ese sentimiento... al final, ser uno mismo es a lo único real que podemos aspirar en la vida y, en su impermanencia, nos hace falta todo el tiempo posible para ser lo mejor que podamos llegar a ser…

Así que la próxima vez que vea una imitación, admita que, en la vida, no todos pueden con la realidad de enfrentar aquello que son y siga adelante, y que tampoco le preocupe si alguien desea imitarle, es parte del reconocimiento de su propia conquista... Hay que aferrarse a lo que uno es, en lo bueno, para hacerlo mejor, y en aquello no tan bueno, para mejorarlo, porque ése es el mejor regalo que podemos darnos a nosotros mismos... dejemos que cada quien elija a quién seguir de ejemplo, porque es la decisión de cada quien... elegir vivir plenamente o vivir imitando que se vive... plenamente...

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