El precio del confort

Cada vez más personas optan por vender su libertad a cambio de obtener un confort que... siempre es aparente.

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Paola Domínguez Boullosa 05/03/2014 00:00
El precio del confort

A pesar de que en los tiempos que corren se exacerban las libertades, existen algunas personas que siguen defendiendo su derecho a no tenerlas, a no vivirlas y, peor aún, a no disfrutarlas... Y es que las dependencias asumidas tienen su punto de inflexión cuando de comodidad se trata...

Y la comodidad es algo profundamente necesario, la mitad o más de nuestros esfuerzos diarios pretenden satisfacer eso... la comodidad, la diferencia es que hay quienes trabajan por ella y otros más a quienes no les importa renunciar a sus derechos y a sus deberes para obtenerla, y ocurre que el confort, en lugar de ser un placer trabajado, se convierte en un sacrificio o no...

Todo depende del que se sacrifica y de su propia consideración, porque por increíble que pueda  parecer, cada vez más personas optan por vender su libertad a cambio de obtener un confort que... siempre es aparente. Estas personas insisten en no reconocer su ceguera, a fin de no perder los privilegios de los que gozan, sin haber hecho ningún esfuerzo, y eso depende, siempre depende, porque saber que se es engañado al grado de también tener que engañarse a uno mismo debiera de ser un esfuerzo bastante considerable. 

Pero existen, y no les importa que su dignidad se arrastre y opaque cualquier indicio de sentimientos reales, al final, hacen todo lo necesario para nunca ser privados de eso que están convencido de creer y sentir que les pertenece. Así viven, a merced de las inclemencias de sus proveedores, sin importar que en dicha situación sometan a su persona, dignidad y libertad... no les importa, para ellos, el confort lo es todo.

Hombres y mujeres por igual en la búsqueda implacable de satisfacer sus deseos a través de la ley del mínimo esfuerzo y utilizando el máximo de carisma o falsedad, todo, según los atributos que hayan venido desarrollando a lo largo de su trayectoria. Y ahí están sintiéndose dueños y señores o dueñas y señoras de algo que ni es, ni existe realmente para su pleno uso, goce y disfrute, y de lo que nunca serán poseedores, más que de esa pantalla que les permite ilusionar que sus pertenecías son suyas por mérito propio.

Y así, de repente... una vez posicionados, se juran así mismos que siempre han pertenecido a ese espacio lleno de privilegios... qué triste, aunque en algo tendrán que creer para poder sobrellevar su incapacidad para generar sus propios satisfactores, para someter su dignidad y renunciar a su libertad, cada quien…

Lo cierto es que están dispuestos a todo menos a probarse a sí mismos que pueden y prefieren seguir probándose a sí mismos, que pueden seguir convenciendo al otro para que hagan por ellos lo que su incapacidad y desidia les ha llevado a creer. Pero sucede que los proveedores también conocen bien el intercambio y se aseguran de tener algo que puedan controlar y no algo que necesiten amar...

Por eso hoy le invito a replantearse los medios por los cuales obtiene el confort en su vida, porque puede ser también que, en su afán de obtenerlo todo... todo lo pierda, incluso a usted mismo... poco importa si es usted el beneficiario del proveedor o el proveedor, al final, por igual, ambos gozan de un rol dominado y dominante intercambiable y permanente... y de que se puede vivir así, se puede, cada quien sus necesidades y sus limitaciones, lo que sí... es que habrá que plantearse si eso que hoy tiene le permite ser o no la mejor versión de usted mismo en todos los aspectos, porque poco o nada se puede evolucionar cuando aquel con el que cuenta a su lado poco o nada tiene por aportar a su vida...

Es una verdadera lástima observar esos intercambios fatalistas donde nadie sale beneficiado en realidad, sólo, y si cabe, a un nivel simple, cómodo, aparentemente adaptable y moldeable... donde creen que viviendo de ese modo no están perdiendo todo tipo de personalidad y balance, allá quien así decida elegir vivir su vida...

La vida tiene una infinidad de formas de vivirse y optar por ésta es negarse cualquier oportunidad de amarse a sí mismo por lo que se es y se hace. Comprar el confort de esta manera es venderse a sí mismo, y vender el confort de esta manera es también venderse a sí mismo... ese el precio del confort que no se trabaja, la esclavitud de saber que todo puede terminarse en un soplo...

Mejor elija —y para elegir esto siempre se está a tiempo— la libertad y la autonomía, dos cosas que le permitirán probar el significado de la dignidad y así saber que usted merece todo lo mejor, al mejor y a la mejor... y el control... ¡¿Para qué quiere el control?! Mejor decídase por alguien que sepa controlarse a sí misma o mismo y que pueda proveerle de esas cosas que sólo la igualdad de pares permite... y no se conforme, nunca se conforme y tampoco se engañe, porque aquellas personas que no tienen la capacidad de ser y aportar a sí mismos y a la vida al nivel que usted lo hace, poco o nada podrá confiarle y compartir... buena suerte.

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