Detener el éxito

Existen personas que temen a su capacidad de alcanzar sus metas y objetivos.

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Paola Domínguez Boullosa 24/02/2014 00:00
Detener el éxito

Muchas veces hacemos que las cosas no pasen en el tiempo que originalmente habíamos planeado, a veces porque necesitamos reconsiderar la situación... Otras, simplemente porque eso que es inminentemente y que, además, hemos elegido nos produce un gran temor...

Por increíble o no que parezca, existen personas que temen a su propio éxito, a su capacidad de alcanzar sus metas y sus propios objetivos, personas que temen superar las cosas que antes les parecían insuperables, personas que temen al fracaso, a la posible pérdida, personas que aun a sabiendas que están haciendo lo correcto y los resultados les respaldan, se detienen, cesan, temen y reconsideran...

Detener significa interrumpir algo, impedir que siga adelante, parar, cesar en el movimiento o en la acción, o bien, pararse a reconsiderar algo...

Detenerse es difícil, sí... Sobre todo por el tiempo, el esfuerzo ya invertido, el trabajo dedicado y por todas aquellas razones que durante un tiempo considerable nos hicieron sentirnos llenos de certezas. Detenerse es difícil, porque significa que hemos elegido cambiarle el rumbo a nuestra voluntad...

Eso es lo difícil... Detener nuestra propia voluntad para dejar de seguir haciendo todo lo posible y hasta lo imposible, por aquello que consideramos absolutamente necesario para nosotros... Porque llega el día en el que sentimos, pensamos y razonamos que ya nada de eso es tan necesario y, así, nos sorprendemos a nosotros mismos, intentando dilucidar qué es lo que nos ha hecho detenernos...

Miedo, dudas, dificultades no previstas... a saber, pero sucede que nos detenemos, cesamos y nos impedimos a nosotros mismo seguir haciendo lo que hacíamos, y nos obligamos a reconsiderar tanto la necesidad como el escenario, porque puede ser que el problema sea externo... Pero rara vez, muy rara vez es la adversidad lo que nos detiene... La realidad es que nos detenemos porque algo interno nos dice que vamos por el camino equivocado... Quizá porque la necesidad haya perdido valor para nosotros o quizá porque la necesidad ya haya quedado satisfecha, o puede ser también, que nos dé temor ir más allá, o que dudemos de nosotros mismos en el proceso...

Por eso hoy le invito a reconsiderar qué y cuáles son esas cosas que detienen su voluntad, que le impiden seguir en la línea trazada, que no le permiten seguir con sus planes... Es usted, es alguien más o es simplemente que el objetivo ha cambiado en su lista de prioridades...

Siéntalo, piénselo y razónelo el tiempo que sea necesario, pero cerciórese de que en su lista de qué y cuáles, sea usted y sus razones las que prioricen, porque nadie debería detener su voluntad por razones ajenas a uno mismo y, peor aún, porque el propio objetivo y su entorno le sorprendan en su dificultad de llegar a él...

Deténgase sólo por usted y no por sus miedos y sus dudas...  Deténgase sólo cuándo sienta que no vale la pena perder ni un minuto más de su tiempo, porque la necesidad o el deseo haya perdido valor frente a una oportunidad mejor para usted, o bien, deténgase por aquellas razones que le planteen que algo mejor está por venir.

Fundamente bien por qué va a detener su voluntad frente a algo o alguien, pero que en esas razones nunca esté el que a usted le esté dando miedo lograr lo elegido... Porque a veces sucede que se tiene miedo a que las cosas ocurran, aun a pesar de haberlas elegido... Y sucede, ¡eso quizá es lo que más sucede!, lo que más detiene... No dude, no dude que puede hacer lo que está a punto de lograr... Siga adelante aunque dude incluso de usted mismo, en el fondo sabe que puede lograrlo, porque hay momentos donde los vientos a favor sorprenden, donde estamos tan acostumbrados a que todo requiera de nosotros un profundo esfuerzo, que perdemos la capacidad de comprender que a veces llegar a la meta no es cuestión de poner el acelerador, sino de disfrutar el momento...

Así que sea lo que sea que haya elegido para usted, deténgase sólo porque siente que puede ser por algo mejor, pero nunca porque eso que está por llegar de forma inminente le atemorice, alguien le diga que no puede o debe, o bien porque el objetivo se resista o deje de hacerlo... Si algo que hemos elegido está ahí, hay que hacerlo nuestro y siempre, siempre seguir adelante, lo único permisible si hemos decidido detenernos es porque al final, cada quien puede calificar los éxitos como mejor le parezca o no, pero el valor de seguir adelante, ese nunca puede perderse... Como decía Albert Einstein: “Intente no volverse un hombre de éxito, sino volverse un hombre de valor…”

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