El detonante

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Paola Domínguez Boullosa 05/02/2014 00:00
El detonante

A todos nos ha pasado alguna vez que por más calma y serenidad que nos hayamos propuesto, terminamos por procurarnos un profundo enfado… Enfado con nosotros mismos por perder el control y enfado hacia aquello que no pudimos controlar, todo depende, pero sucede… y sucede muchas veces sin ni siquiera saber qué fue lo que nos cambió el sentido del día, de la intención e incluso de la voluntad acordada… y ocurre…

Siempre ocurre que existe un detonante. Los detonantes son aquellas cosas que no armonizan con nuestro interior para bien o para mal. El detonante es el agente capaz de producir una explosión —figurada— que altera nuestro carácter y despierta lo más primitivo de nuestro temperamento. El detonante es el desencadenante… casi siempre de esos enojos bien fundados o no, breves o permanentes que no nos permiten pensar con claridad… Y una vez que uno pierde la claridad… casi todo está perdido…

En infinidad de ocasiones nos dejamos llevar por el enojo, nos obnubilamos ante lo que consideramos una  agresión  y respondemos en consecuencia, y lo peor no es la transformación en ese momento sino la repetición continua y permanente, que nos lleva a que el enojo se repita una y otra vez, e imaginamos nuevas respuestas y acciones y volvemos a recrear una y otra vez el mismo escenario… y ¡¿para qué?!  el momento ha pasado, lo que ha dicho se ha dicho y lo que no, también… para qué seguir alimentando el círculo de la vergüenza, que es perder el control sobre uno mismo…

Poco atinado, si en realidad la causa del enojo no fue el otro, ni tampoco la situación, sino más bien y —visto objetivamente— el detonante. El detonante ha sido la causa del enojo y el resultado, la pérdida de control, en pocas palabras, ante el detonante hemos elegido enojarnos, porque seguramente, no fuimos capaces y tampoco nos dimos el tiempo de analizar serenamente la situación y nuestro inconsciente hizo el resto…

Por eso hoy le invito a discernir los detonantes de sus enojos, ¿qué es en realidad lo que le ha hecho perder el control?, ¡¿qué es lo que en realidad sentimos con respecto a qué y el por qué?!, porque es ahí donde se esconde el origen real, en uno mismo, no en el otro o en la circunstancia. ¿Cuál es la razón por la que se ha sentido amenazado?… amenazado sí, el enojo sólo se origina por miedo, dolor o culpa… tres cosas que necesariamente deben ser excluidas de nuestra vida siempre y en todo momento, porque no hay nada más paralizante para nuestra evolución que el miedo, nada más esclavo que la culpa y nada más dañino que el dolor.

Discierna y defina cuáles son aquellas cosas que pueden hacerle sentirse amenazado, porque está claro que no podemos dejar de sentir, pero sí podemos elegir qué hacer con aquello que sentimos, y ésa es nuestra mayor responsabilidad. Así que, en el instante que el enojo comience a surgir, deténgase y piense cuáles son las cosas que le están haciendo sentirse amenazado y elija qué hacer con eso que siente, y elija bien,  porque no tendrá otra oportunidad real para manifestarse… y considere las consecuencias de sus actos, porque puede ser que tampoco exista posibilidad alguna de enmienda.

Y respire… respire hondo porque si hace memoria se dará cuenta de que en una perspectiva temporal, todo toma su justa dimensión, y ocurre en infinidad de ocasiones que eso que vivimos tan intensamente, en la lejanía, se convierte simplemente en un hecho irrelevante, que ha perdido toda trascendencia en nuestras vidas, o no, porque hay enojos que nos salvan la vida, esos enojos maravillosos que vienen del hartazgo y que nos llenan de una extraña y enigmática energía que nos obliga a movernos de forma proactiva hacia un lugar mejor…

Así que aprenda de usted mismo en cada oportunidad y cerciórese de que sus enojos sean solamente en función de encaminarle hacia la vida que desea y merece, y no hacia un abismo de pérdidas totales. Recuerde que sólo se requiere de autoconciencia y de autocontrol. Autoconciencia para discernir sus detonantes ante lo que esté ocurriendo y autocontrol para evitar ponerse en una posición incómoda,.. y oblíguese a tomarse un tiempo para definir qué es lo que desea hacer con aquello que siente… nadie puede quitarle ese derecho; razone, resuelva  y actúe en consecuencia.

Al final, se dará cuenta que controlar sus enojos es un éxito que puede llevarlo una a vida más feliz, y que aquellos enojos que no pudo controlar a pesar de haberlo intentado, simplemente habrán de situarlo en un lugar mejor, si usted así lo decide.

Renuncie desde hoy a ser cautivo y siervo de sus emociones. Elimine cualquier dominio propio o ajeno con respecto a sus sentimientos y evite ceder el poder a otro de hacerle perder el control sobre sí mismo, porque nadie es responsable de sus acciones sólo usted, como tampoco usted, es responsable de los sentimientos y acciones de otra persona, cada quien sus sentimientos y cada quien lo que decida hacer con ellos.

Como decía Buda… “La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo”… Respire, discierna y defina…

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