Imposible de cumplir...

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Paola Domínguez Boullosa 22/01/2014 00:55
Imposible de cumplir...

Todos sabemos cómo dirigirnos ante los demás, ante diferentes grupos y ante diferentes circunstancias. Quizá, unos con más tacto que otros, pero todos, absolutamente todos, sabemos, mal que bien, cómo debemos expresarnos. La diferencia es comprender que cada uno actúa de acuerdo a lo que piensa, de acuerdo a lo que siente, de acuerdo a lo que percibe… de acuerdo a lo que ha vivido.

Esa diferencia es algo imposible de negarle a nadie, y eso también es la raíz de todo conflicto en materia de comunicación… sin embargo, se nos olvida que uno de nuestros peores errores es esperar que el otro diga, haga o, peor aún, viva, de acuerdo a lo que nosotros consideramos que es lo correcto, lo atinado. Y no existe nada peor en la convivencia humana que la soberbia del que cree y espera que el otro reaccione según sus vivencias… Imposible, absolutamente imposible que alguien piense, sienta, actúe, reaccione o viva de acuerdo al pensamiento de los demás, a menos que haya decidido nulificarse a sí mismo, cosa poco probable y mucho menos creíble a largo plazo.

Lo cierto es que existen estos seres que esperan lo imposible de aquellos que jamás, y por ninguna causa, podrán dejar de ser quienes son, porque nadie puede dejar su esencia ni por voluntad ni por petición ni por alguna otra razón  y quien pide lo contrario pide lo imposible. Transformarse sí, dejando de ser uno mismo… imposible…

Se lo digo porque es muy habitual que uno tenga que escuchar del otro y en repetidas ocasiones lo que esperaba que dijéramos o que hiciésemos, sobre cualquier cosa, y a la par de dicha manifestación —por demás absurda— escuchar cómo se recrea con toda una serie de especulaciones de tinte dramático y casi siempre compulsivo que pretende no dejarnos lugar a nada más que pedir una disculpa… y créame, excusarnos de hacer o decir lo que consideramos correcto, es algo que objetivamente no tiene razón de ser… sobre todo en el entendido de que lo que supuestamente hemos afectado no es una realidad sino, más bien, un deseo cautivo y esperanzado en la mente del otro…

Un deseo cautivo y esperanzado imposible de cumplir… porque podemos y quizá hasta debiéramos conocer los deseos ajenos, ya que eso también es parte de la convivencia,  pero de ahí a tener que dejar de ser uno mismo por satisfacer al otro, hay diferencia. Diferencia que nada tiene que ver con el interés que tengamos en el otro sino, más bien, en el respeto que nos debemos a nosotros mismos.

Por eso hoy le invito a expresarse con claridad, a defender su esencia, su criterio y la naturaleza de sus acciones  y comprométase sólo con aquello que, sabe, puede cumplir siempre hacia usted y hacia los demás. Pero sobre todas las cosas defienda siempre el derecho que tiene de actuar en la vida conforme a sus propias experiencias que, buenas o malas,  son suyas y ellas le han convertido en la persona que es. E ignore, ignore sin culpabilidad, las demandas que le hagan sobre sus actuaciones cuando no exista una realidad lógica y razonada que sustente lo que se pudo considerar como una falta de su parte. Y nunca justifique o se excuse de sus acciones sólo porque alguien opine diferente o porque su actuar haya herido susceptibilidades.

Al fin y al cabo usted es dueño de su proceder y, si esto no es lo que otros esperaban, habrá también que entender que están en su derecho de manifestarse, pero no así de demandar de usted aquello en lo que no cree, no siente y no considera.

Así que no dude y, si lo cree necesario, pregunte a ese que le demanda su conducta que sea él o ella quien explique la razón de su desacuerdo, finalmente quien siente la ofensa es él o ella, no usted. Alguien que basa sus relaciones en expectativas y no en realidades está destinado al fracaso. Por eso no ceda ante los deseos, esperanzas o expectativas ajenas, si estos no tienen otro interés que hacerle sentir que, así como es, no es suficiente.

Si persisten e insisten, simplemente diga con claridad lo que piensa, diga sus deseos, sus esperanzas y sus expectativas, siempre es un sano ejercicio hacerle ver a aquel que nos demanda un cambio cuáles pueden ser sus áreas de oportunidad. Porque, recuerde, hasta el más educado y consciente puede tener deseos más allá de la realidad de lo que ve.

No permita que nadie pretenda tomar las riendas de sus creencias, sentimientos y mucho menos de los procesos de su vida, si usted sabe quién es, qué quiere, cómo lo quiere y para qué lo quiere, es suficiente. No malgaste su tiempo en intentar pensar, actuar o vivir como otros lo hacen o consideran que debe ser, es una pérdida absurda de tiempo y de energía, mejor enfóquese en ser mejor para usted y para los demás, respetando ese derecho que cada uno tiene de ser como es, se sorprenderá de lo poco que va a importarle lo que otros opinen. Y no ceda, nunca ceda, a nada de lo que ha trabajado en usted para satisfacer las necesidades o peticiones ajenas, no podrá sostenerlo en el tiempo.

La vida es eso, un proceso personal de aprendizaje continuo, no permita que nadie le niegue el derecho a desarrollarse de la manera que usted así lo decida. Sea firme y sea claro porque, al final, no pasa nada si no cubre las expectativas de lo que otros desean de usted.

Siempre llega un momento en la vida donde sólo uno mismo se puede educar, reeducar y modificar sus acciones y para ello tendrá que vivir sus propios procesos. Así que no espere nada fuera de la esencia y la realidad de cada uno y hágale saber también a quienes así le convenga, que no esperen nada de usted que no forme parte de lo que usted es en esencia y en la realidad. Finalmente, recuerde que todo cambia, usted cambiará y quien le demanda cambiará, y sus demandas también lo harán… así que no se desgaste y, si hace falta, siga las palabras de Oscar Wilde “Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho”.

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