Corazonada

Le invito a atender con especial interés aquello que siente frente a una elección.

COMPARTIR 
Paola Domínguez Boullosa 08/01/2014 00:00
Corazonada

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido ese golpeteo en la mente que más bien interpretamos como un golpeteo en el corazón o viceversa, y nos sorprendemos, siempre nos sorprendemos ante la incesante idea… ante el incesante sentir… que algo está por llegar, por pasar, por comenzar o por concluir… no importa, algo nos dice que el cambio es inminente, aunque no tengamos muchas veces ­—a ciencia cierta— ningún elemento racional que nos permita abrazar ese sentimiento como verdad… y, sin embargo, lo seguimos haciendo, y quizá no tanto como deberíamos y no siempre como necesitásemos, porque por más que la ciencia y la filosofía no puedan aclarar su proceder, las corazonadas existen y todos las hemos sentido alguna vez…

Que nos puedan servir de guía o no, depende. Depende de la fuerza de las ideas, depende de la fuerza del sentir, depende de la fuerza y el peso de la razón. Esa razón que tantas veces es más fuerte que todo y otras tantas ni siquiera cuenta. No cuenta, cuando la idea y el sentir inclinan la voluntad hacia lo que en realidad no conocemos, difícilmente sabemos y de manera casi imposible podemos llegar a comprender. Pero existe, sí existe, cuando ocurre, que un día nos da por saber sin saber, que es el momento de redireccionar o direccionar nuestra vida, nuestras acciones, nuestras elecciones… y existen también, quienes se atreven y otros que no…

Y es que a la corazonada —también llamada intuición—, pocas veces sabemos manejarla, o bien, a lo menos utilizarla, porque siempre estamos demasiado embebidos en las realidades aparentes, que tampoco son tan reales y nos dejamos llevar, porque invariablemente creemos más en aquello que vemos y escuchamos que en lo que verdaderamente sentimos… craso error… porque el sentir es la conclusión final de lo que absorben los sentidos y de todo lo que concluimos de acuerdo a nuestra propia experiencia… por eso el sentir siempre debería pesar mucho más… quizá no como dirección de todas nuestras elecciones, pero sí como un sabio consejero a tomar en cuenta.

Por eso hoy le invito a atender con especial interés aquello que siente frente a una elección, porque  sus corazonadas deberían acompañar al ejercicio con el que su razón busca conclusiones, de otra manera es casi seguro que no contará con la garantía permanente que se requiere, cuando se está decidido a cambiar el estado de alguna de las circunstancias que le rodean. Sólo la razón no es suficiente cuando de una elección importante se trata. Sólo la razón carece de la fuerza necesaria para mantener la voluntad inquebrantable.

Al final… dejar a un lado nuestro sentir es negar también la otra parte de aquello que nos complementa como seres humanos. Así que no dude en dejarse seducir por eso que siente, porque eso que siente es probablemente la señal que necesita para saber que está preparado para avanzar, para ir más allá de aquello que usted mismo conoce de usted y de su vida.

Así que no acalle los vuelcos que dé su corazón ni deseche esa idea que ocupa su mente, es casi seguro que ha logrado sentir la certeza necesaria para tener el valor de avanzar, y no se fije si el vuelco y la idea no tienen en sí, un mensaje positivo, lo que importa es el mensaje y hacia donde señala y… una vez valorado, si la razón pesa más y la corazonada no la acompaña, sea precavido.

Y no se distraiga por las contradicciones que regularmente aportan la ciencia, la filosofía o cualquier otra materia que estudie la verdad de sus corazonadas, tome en cuenta que Einstein decía que la cosa más valiosa era la intuición, Schopenhauer que la intuición no era una opinión sino la cosa misma, y Antonio Gala recomendaba vivir no de acuerdo con los ideales recibidos, sino con nuestras aspiraciones, con nuestra intuición más vehemente.

Por eso no dude nunca de aquello que siente… porque ésa es quizá la razón más importante… que guíe su vida.

Comparte esta entrada

Comentarios