Merecer...

Es un tema que tiene que ver con la valoración personal y el ejercicio también personal, de la honestidad y la justicia.

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Paola Domínguez Boullosa 09/12/2013 00:00
Merecer...

No importa qué tan bien o mal hayamos actuado, cuando creemos que merecemos algo para nosotros mismos siempre nos sentimos merecedores de lo mejor. No obstante, no sucede así, casi nunca sucede así,  con relación a las demás personas, o sí, depende también de las personas, lo cierto es que muchas veces tenemos esa tendencia a la injusticia de lo que el otro merece, incluso de lo que nosotros merecemos…

En primera instancia, todos merecemos. Merecer significa, con respecto a una persona que alguien hace méritos u obras para ser digno de un premio o castigo; con respecto a una cosa, se refiere a tener cierto grado o estimación por ella y se dice también de aquello que se desea o se intenta alcanzar, conseguir o lograr. En pocas palabras, todos merecemos de acuerdo a los méritos u obras, y también de acuerdo al aprecio o estimación…

Difícil, como quiera que se miren estos significados en la práctica, porque cada quien tiene su forma de evaluarse y de evaluar a los demás, y cada quien maneja su escala de valores, referentes y criterios… de ahí la dificultad de saber si somos merecedores o si lo son los otros, o si todos tenemos ese beneficio o no… Y sí, en un mundo perfecto, todos tendríamos que merecer según los méritos y las acciones…

Sin embargo, la realidad es muy distinta, el factor suerte, el factor circunstancia, el factor oportunidad, el factor situación y, sobre todo, el amor propio… provoca siempre en un grado de injusticia aparentemente “justa” de acuerdo a la lógica individual, porque una cosa es desear y otra muy diferente es merecer eso que uno desea, y más diferente es que coincida el deseo con el merecimiento, independientemente de los méritos y las acciones…

Por eso muchas veces nos ataca la frustración y otras muchas el regocijo. Quizá porque, aun habiendo hecho méritos, no hemos alcanzado aquello que deseábamos o quizá porque sin mérito alguno hemos alcanzado nuestro deseo, o quizá también porque con méritos hemos alcanzado lo que deseábamos más, menos o igual;  o bien, porque sin mérito alguno no hemos alcanzado lo deseado, las fórmulas son bastas con o sin méritos, la diferencia al final… como en todo, es la honestidad y la justicia con la que seamos capaces de evaluar el mérito y las acciones con respecto al deseo…

Por eso hoy le invito a ver ese concepto del merecer como algo absolutamente personal, porque se pierde demasiado tiempo en analizar lo que otros merecen y lo que merecemos nosotros a manera de comparación y competencia, se lo digo porque en esto del merecer no caben las comparaciones ni las competencias y difícilmente los motivos… El merecer es un tema más profundo que tiene que ver con la valoración personal y el ejercicio también personal, de la honestidad y la justicia…

Por eso es tan importante que tengamos muy claros nuestros deseos y las estrategias para alcanzarlos, porque amén de que se tenga o no suerte en la vida, uno es merecedor siempre de lo que cosecha, de lo que trabaja, del empeño, del esfuerzo y de la tenacidad que ponga en la causa que persigue, y puede que no lo veamos inmediatamente, pero siempre valdrá la pena haber participado en el resultado final, de otra forma, poco  importará a lo que llegue, nunca tendrá para nosotros y menos para los demás gran apreciación.

Todos los seres humanos tenemos en el fondo —o no tan en el fondo— una enorme necesidad de ser reconocidos, de triunfar y de tener éxito, y también en el fondo y —no tan en el fondo— de todo lo que hacemos, cada uno sabe perfectamente cuáles actos y cuáles no le hacen merecedor de dichas necesidades y es ahí donde radica la diferencia:

El merecedor sabe bien por qué merece y tiene los méritos para demostrarse a sí mismo que merece, tiene también la honestidad y la justicia para las evaluaciones propias o ajenas, simplemente porque ha aprendido el valor del trabajo, el merecedor sabe el valor de las personas y de las cosas. El no merecedor sabe también que no lo es, pero carece casi siempre de la honestidad y de la justicia y, por supuesto, carece de los valores del trabajo y del esfuerzo y aun así, se cree merecedor de lo mejor, tanto o más que el verdadero merecedor, el problema es que nunca podrá valorar aquello que cree merecer ni a las personas ni a las cosas.

Por eso, usted que se sabe merecedor por mérito propio y siempre se ha respetado a sí mismo, no permita que nadie que carezca de méritos lo merezca a usted. Uno merece según se aprecie a sí mismo, según aprecie sus méritos, sus acciones y sus deseos… no se conforme con menos, porque recuerde que el merecer es una valoración personal y sólo usted sabe cuánto merece, por qué lo merece  y qué merece. Sólo en la medida que se sienta merecedor, merecerá… y ahora usted… elija muy bien… quien lo merece…

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