Soberbia vs.Vanidad

Una exhibición de desnudos femeninos hubiera pasado desapercibida...

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Oscar Benassini 12/06/2014 00:00
Soberbia vs.Vanidad

Chisme de lunes por la mañana en los diarios, Excélsior entre ellos: la página de Facebook dedicada a la exposición que ofrece el Museo Nacional de Arte (Munal), El hombre al desnudo. Dimensiones de la masculinidad a partir de 1800, ha recibido severas críticas por parte de los usuarios de la red social, y en vista de ellas ha merecido cinco sanciones de la empresa que opera la red. Quienes se han quejado lo han hecho de las figuras de hombres desnudos, que les resultan ofensivas, censurables y hasta pornográficas, mencionando en particular un dibujo de Andy Warhol que muestra a un hombre barbado reposando sentado en un sillón. La puesta ha reunido 171 obras procedentes de múltiples colecciones mexicanas e internacionales, entre las que destacan las del INBA y el Museo D’Orsay en Francia, institución que colaboró en el montaje, con la curaduría de Agustín Arteaga, director del Munal. La exhibición se propuso mostrar desnudos masculinos alrededor de seis ejes temáticos: el arte clásico, el desnudo heroico, fisonomía masculina con el transcurso del tiempo, desnudez “normal” o “al natural”, desnudez y dolor, y el cuerpo masculino como objeto de deseo. No he asistido a la exposición pero pude revisar las imágenes de muchas de las obras que exhibe, y —al fin hombre— no las encontré excedidas en ningún sentido, para que me brincara preguntar por qué la molestia pública que han despertado. Como si fuera cosa de magia surge la otra nota de Excélsior, misma fecha: “Dos científicos de la Universidad de Utah (EEUU) han propuesto que el rostro masculino haya evolucionado en su forma para reducir el efecto de los puñetazos”, y se refieren en particular a los recibidos “en la lucha por las hembras, los recursos y otras disputas”. Tal vez una exhibición de desnudos femeninos hubiera pasado desapercibida e incluso considerada de buen gusto, o dicho de diferente modo, puede ser que la masculinidad irrite en este mundo de 2014, si la evolución misma puede explicarse a partir de la violencia como pauta adaptativa. La masculinidad es una construcción cultural a partir de características biológicas y rol de género. La fuerza, la competencia, la seguridad aparente, el temple, la ausencia de afectos y apegos, la violencia cuando menos defensiva, y, si se quiere llegar a la sutileza, la caballerosidad misma, son el resultado, durante milenios, del efecto de la testosterona y otros andrógenos sobre el físico y la conducta típicamente masculinos. Baste ¡Calamidad!, bellísimo óleo sobre tela de Henri Camille Danger para ilustrar la idea: representa a un gigante —bien parecido, eso sí— con un enorme mazo, rodeado de destrucción y muerte. Eso habremos de ser: una calamidad.  Mi nota obliga a tirar la igualdad a la basura para recurrir al antagonismo complementario entre géneros, y describir la femineidad a partir de tareas como la gestación, la parición, la crianza, la recolección, la morada, los amores y los satisfactores básicos. Parece que estas responsabilidades adaptativas habrán condicionado afectos mucho más versátiles, sutileza para negociar, dulzura que pretenda el apego, y a fin de cuentas la femineidad misma que por supuesto no pasa por alto la belleza como atributo indispensable para atraer el cortejo y la cópula. Bellas, pues, las mujeres, si con eso se justifica el inmenso trabajo de recreación plástica dedicado durante siglos a los atributos que les son inherentes. Así que las figuras que exhibe el Munal son todo (lo demás) menos bellas porque dejarían de ser de masculinas. Considerando que no existe el certamen “Señorito México”, y con plena conciencia de que las feministas dejaron de leer hace por lo menos veinte renglones, apunto la cualidad que me pareció común a las obras de El hombre al desnudo: la soberbia. Todas las figuras la exhiben combinándola magistralmente con la torpeza, tan propia de hombres. Ambas pueden contrastarse con la sutileza y la vanidad evidentemente femeninas, y mucho pero mucho más atractivas para volverlas arte, de lo que nadie tendrá duda, supongo. Voy a ir al Munal. Sugiero visitar la exposición con clemencia de espectadores (as) entendidos (as) de la diversidad entre mujeres y hombres, y a nombre de mi género pido una disculpa por tantos inconvenientes y malestares como suele causar la brutalidad típicamente masculina, que salvo para las obras de arte, de ningún modo se justifica.

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