Obediencia perfecta

El tema forma parte del escándalo de la congregación Legionarios de Cristo

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Oscar Benassini 29/05/2014 04:46
Obediencia perfecta

Las religiones han sido y serán absolutamente polémicas por siempre y para siempre, en tanto ofrecen esa enorme cantidad de versiones acerca del sentido de la existencia, la vida, la muerte y la trascendencia. Estas versiones, la doctrina propiamente dicha, se complican mucho más cuando quienes profesan y promueven los cultos en calidad de ministros, sacerdotes, pastores, monjes, rabinos y otros oficiantes —los hombres de la religión, vaya— conceden su propia interpretación a los principios y prácticas de su credo, en esencia reglas para la vida terrenal y los estadios metafísicos que cada una propone. Con este precedente, quiero escribir de cine. En primer término tres películas que me han dado vueltas en la conciencia desde que vi la cuarta. ¿Las tres? Amén (2002), de la autoría del más grande cineasta griego, Costa Gavras, que denuncia la manera en que el Vaticano se hizo oídos sordos del Holocausto perpetrado por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1939–1945), sugiriendo que semejante actitud tuvo que ver con la necesidad por parte de la Iglesia católica de preservar sus riquezas materiales. El crimen del padre Amaro (2002) dirigida por Carlos Carrera, del guión que Vicente Leñero basó en la novela de Eca de Queirós, y que narra cómo enfrenta un sacerdote católico las dificultades derivadas de su vida sexual, prohibida por la religión para su ministerio. La mala educación (2004) escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, quien nos lleva a los años de internado de los protagonistas y a los abusos del padre Manolo, que marcaran la vida de aquellos. Las tres obras hicieron mucho ruido en sus años, obligando a la Iglesia católica a criticarlas, denostarlas y hasta prohibirlas; en el caso de El padre Amaro, la postura de la Iglesia hizo tal promoción al film, que éste pareció deberle buena parte de su éxito a las críticas y prohibiciones. ¿La que vi? Obediencia perfecta (2013), ópera prima de Luis Urquiza como director, de un guión suyo y de Luis Alcocer. El tema forma parte del escándalo de la congregación católica Legionarios de Cristo, fundada y dirigida por Marcial Maciel, con tal acierto, que la organización se convirtió en la más poderosa de la Iglesia católica, acumulando un patrimonio impresionante, así como una red de sacerdotes, monjes, monjas y seglares que militaban en las diversas agrupaciones que la componían. Favorecidos desde siempre por el papa Juan Pablo II, Maciel y sus Legionarios trascendieron al fin por sus prácticas absolutamente opuestas a los preceptos evangélicos, comprometiendo al Vaticano y a su jefe máximo. Tras décadas de múltiples denuncias, testimonios y gestiones al más alto nivel, Maciel resultó un sociópata perfecto, para que todos y cada uno de los integrantes de su congregación se llamaran a engaño. La película se basa en uno de tantos testimonios de alguna de las víctimas de abuso sexual por parte de Marcial, mientras, adolescente, cursaba los años básicos del seminario para la carrera sacerdotal. Viéndolo de modo absolutamente desinteresado en la responsabilidad y el destino final de la congregación, como mero fenómeno social del que merece quedar constancia, pareciera que el tema da para mucho más que el relato lineal, sencillito, plano, de un sólo caso, para dejar en evidencia la sociopática personalidad de Ángel de la Cruz, el personaje central inspirado en Maciel, tocando apenitas y por momentos ni siquiera eso, al resto de la congregación, a las fuerzas sociales y políticas que le pusieron la mesa a los Legionarios, y a la complacencia del clero mexicano y el Vaticano. Citaba a las otras tres películas porque cada una de ellas, en su labor de denuncia, despliega recursos cinematográficos para contar sucesos que sólo se explican con claridad si el cine los ubica en su contexto. No pude decir que suceda eso con Obediencia, pretendida denuncia que ha quedado cortísima a pesar de que su carácter de tal habría de ser la principal virtud del relato. Morboso y todo, lo que ahí aparece no ofrece más que una visión a partir del perpetrador de abuso y la narración de la víctima. Tendrán que venir formas de expresión del fenómeno Maciel que dejen claro que detrás de las debilidades humanas de un personaje existió un soporte social y político en el que participaran muchos más que el sacerdote pedófilo.

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