Fiestas

En este año casi coinciden las fiestas más importantes de la religión católica.

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Oscar Benassini 17/04/2014 01:43
Fiestas

En 1840, Heinrich Heine, poeta alemán considerado el verdugo del Romanticismo, luego de que él mismo lo había cultivado durante años, escribió: “Bienvenida sea una religión que derrame en el amargo cáliz de la sufriente especie humana algunas dulces, soporíferas gotas de opio espiritual, algunas gotas de amor, esperanza y creencia”. Por escribir cosas así habrá terminado sus días exiliado de su natal Alemania, víctima de la esclerosis múltiple, paralítico, casi ciego, y asegurando: “Dios me perdonará; es su oficio”. Para muchos de los expertos en la vida y obra de Karl Marx, este otro alemán prusiano utilizó el texto de Heine para escribir: “La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo (Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844)”. Hoy que las criaturas del siglo XXI, empeñadas en sus gadgets y su estupidez hedonista, parecen haber olvidado la trascendencia de esta y tantas otras discusiones esenciales, escribir de religión parece por lo menos cosa del pasado. En este año casi coinciden las fiestas más importantes de la religión católica y de la que sin duda es su referente ancestral y más importante: la judía. Suele entenderse al catolicismo (del griego “katholikós”, universal o que todo lo abarca) como la fe religiosa profesada por los cristianos que viven de acuerdo con las normas y principios de la Iglesia romana y el papado. El martes y miércoles se celebró el Pésaj de la religión judía, hoy es jueves santo de acuerdo con el calendario litúrgico de los católicos. Justo, casi, como sucedió hace unos 2014 años, para que Jesús de Nazaret y sus discípulos arribaran a Jerusalem y celebraran ahí la fiesta de Pésaj durante la noche que correspondería desde ahí al jueves santo. Pésaj es la primera y la más importante de las festividades religiosas del calendario judío, y con ella se celebra la liberación del pueblo judío de los largos años de esclavitud en Egipto. En vista de que el faraón no cedía, a pesar de las plagas que le enviaba, Yahvé instruye a Moisés para que las familias judías sacrifiquen un cordero y marquen con la sangre del animal las puertas de sus casas. Envía luego la muerte para los primogénitos de las familias egipcias, y esta maldición habrá de “saltar” (significado original del vocablo Pésaj) las casa marcadas. Desde entonces habrían de conmemorarse estos acontecimientos con el sacrificio del cordero y el pan ácimo. Con la diáspora quedan abolidos los sacrificios, y prevalece la costumbre de celebrar con el pan sin levadura, ya que a su salida de Egipto los judíos no tendrían tiempo de hornearlo y habría de cocerse al sol. “Matzot” es el nombre del pan, y resulta el mismo que durante la llamada Última Cena, Jesús utiliza en la primera consagración. Hasta entonces se conmemora la libertad, con todas las tradiciones que habrán de surgir de ella para el pueblo judío, en la “Pascua judía”. De acuerdo con los evangelistas, Jesús consagra el pan para confirmar el amor de su padre Dios por los hombres, y con ello cambia el sentido de la Pascua, la de los cristianos a partir de entonces, y por ende universal. La religión católica celebra la conversión del pan (“ácimo” o matzot) y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús, su muerte al día siguiente, y, sobre todo, la resurrección el domingo de pascua por la mañana, con la que se confirma la nueva alianza de Dios, ya no únicamente con el pueblo judío, sino con todos los hombres. Claro que el último elemento, la universalidad, no parece claro si nos atenemos a la versión de los evangelistas, y parece uno de tantos elementos doctrinarios que se fueron adicionando al culto durante sus primeros años. Pésaj, la fiesta del judaísmo, el pueblo elegido, se transforma en la Pascua de los católicos que hace extensiva la elección a todos los hombres. Curioso, judíos y católicos se han vivido siempre y se siguen viviendo ajenos en sus cultos, como si estos procedieran de fuentes distintas. Habrá que abonarle al pueblo judío el empeño a toda prueba de su religiosidad, y a los católicos la ocasión para celebrar su fiesta litúrgica por excelencia, entregados a la banalidad. Por las coincidencias, el presente hubiera sido un  buen año para estas y muchas otras reflexiones. Téngase en cuenta que el mes próximo se estrena la película basada en la vida y obra de Marcial Maciel.

 

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