La cocaína produce monstruos económicos

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Opinión del experto nacional 22/03/2014 01:50
La cocaína produce monstruos económicos

La importancia económica de las drogas

 

Por Carlos Resa Nestares*

(Segunda y última parte)

 

De los creadores de la archifamosa “el narcotráfico genera 500 mil millones de dólares al año en el mundo” que tantos éxitos conquistó en los años 80 y 90 del siglo XX, llega ahora la secuela: “El mercado de las drogas es un mercado que sólo en México representa hoy entre 25 mil millones y 50 mil millones de dólares. Las drogas, fundamentalmente la cocaína, son el motor del mundo”.

Una comparación simple: las importaciones asiáticas de México fueron en 2012 de 119 mil millones de dólares. Aplicando la misma lógica cabría deducir que China y Japón son el motor doble, triple o cuádruple de la economía mexicana. O, visto de otro modo, con todos los ingresos por venta de drogas no se podría ni siquiera comprar ni la mitad de productos chinos que se venden en México.

Otra comparación más simple: 50 mil millones de dólares son 4.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano, el umbral inferior de 25 mil millones es apenas 2%. Mucha potencia tiene que tener ese motor tan minúsculo para dominar toda la economía. Y eso sin tomar en cuenta que la ratio está sobrevalorada en favor de las drogas y en contra de las manzanas: las ventas totales son más que el PIB, por definición son la suma del valor agregado (PIB) y los consumos intermedios.

Puestos a buscar cifras estratosféricas producto de la imaginación más entusiasta pero con gancho comercial, siempre puede recurrirse a fuentes de prestigio. The New York Times publicó en 2004 que la industria mexicana de las drogas tenía ingresos por valor de 250 mil millones de dólares. Carlos Loret de Mola en su tesis de licenciatura (aprobada) del Instituto Tecnológico Autónomo de México narró que, según el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, fuente siempre reputada por sus estimaciones estadísticas, las drogas acumulaban 261 mil 500 millones de dólares en ventas. Con tino advertía que si desparecía la industria de las drogas, la economía mexicana “se desplomaría”. Suele ocurrir cuando se volatiliza más de la mitad del PIB.

Las inmensa mayoría de las evaluaciones sobre el comercio de drogas son bastante increíbles (en su acepción más estricta: muy difíciles de creer), entre otros motivos porque se desconoce cómo se ha llegado a esa conclusión. La introducción de algún tipo de guarismo, cualquiera que sea la fiabilidad del mismo, parece querer contrarrestar, con el prurito mágico de cientificidad que aportan los números, el aspecto mítico-teológico que tantas veces se ha señalado en la información sobre el crimen organizado que reproducen los medios de comunicación de masas y, de manera subsidiaria, la academia. Ricardo Steiner denominó a este tipo de cifras, no por más reiteradas menos insustanciales, como “estimaciones folclóricas”. Reuters opta por un calificativo más inocuo: “números míticos”. Y uno de los más acendrados críticos de la actual política sobre drogas, R.T. Naylor, citando como origen último a Francisco Thoumi, las denigra como “pornografía estadística”.

Pero, más allá de la fiabilidad de las mismas, las cifras nacen por su propio cauce. La demanda de numerología crea su propia oferta. Existe escasa información fiable y grandiosas rentas de aparatos burocráticos concretos y de algunos vendedores de crecepelo en la consecución de su objetivo intermedio de acalambrar a la opinión pública con el espantajo de los peligros del comercio de sustancias ilegales  para fines comerciales. Los números son importantes dentro de esa estrategia de más largo alcance: vender libros o conseguir recursos burocráticos.

Hace años el arribafirmante concibió un modelo matemático para estimar el valor de las ventas de la industria mexicana de drogas a partir de los patrones clásicos de la contabilidad: cantidades y precios, que, dentro de la escasez de datos disponibles en una industria alérgica a proporcionar información, provenían mayoritariamente de encuestas de organismos públicos estadunidenses. Con una metodología y unas fuentes debatibles (como todo en la academia) pero explícitas, se concluyó que en 1991, el año más glorioso de la industria, el valor de las exportaciones netas de drogas alcanzaron su cúspide: ocho mil millones de dólares. No llegaba ni al tres por ciento del PIB de México.

Más recientemente, un grupo conformado en la RAND Corporation por dos de los mejores expertos académicos en asuntos de drogas y economía, Peter Reuter y Jonathan Caulkins, concluyeron que en 2006 el valor de las ventas de la industria mexicana de drogas eran de seis mil 600 millones de dólares, menos del 2% del PIB. El desplome tiene lógica y es previsible que se agudice en el futuro: tanto el consumo como los precios de la cocaína en Estados Unidos llevan años de descenso, la mariguana mexicana ha sido desplazada de su principal mercado de distribución por una informal política de sustitución de las importaciones y las exportaciones de drogas desde México al otro gran mercado de consumo (Europa) son ridículas.

Dando el salto a la escena internacional, Naciones Unidas estuvo repitiendo desde 1990 una sobrecogedora cifra de origen tan incierto como inasequible al desaliento: la industria de las drogas generaba en todo el mundo 500 mil millones de dólares. Años después construyeron un sofisticado sistema de tablas input-output y llegaron a una cifra sensiblemente inferior: en 2008, los dos grandes mercados, la cocaína y la heroína y otros opiáceos, generaban respectivamente 85 mil y 68 mil millones de dólares en todo el mundo.

Incluso en la cifra adulterada de los 500 mil millones, que por lo menos duplica la estimación más sofisticada, las ventas totales de drogas representan 0.7 por ciento del PIB mundial. La Oficina Nacional de Política de Control de Drogas de Estados Unidos estima que las ventas de drogas son el 0.6 por ciento del PIB en el mayor mercado del mundo, donde se produce la mayor parte del valor agregado. Este mismo año, la Oficina Estadística del gobierno británico, siguiendo el mandato de Eurostat para incorporar las actividades ilegales con valor agregado a las cifras de Contabilidad Nacional (de las que depende el reparto de fondos comunitarios), publicó el mes pasado que la industria de las drogas representa en el Reino Unido, el mayor mercado de Europa, 0.5% del PIB. Y en todos los casos se están estimando las ventas totales de drogas, que están por definición por encima del PIB.

Si con esas raquíticas cifras de ventas, la industria de las drogas es capaz de “ser el motor [económico] del mundo”, Los Illuminati son meros aprendices al lado de los narcos. ¿O serán los narcos una sección de Los Illuminati? ¿Lucharán por la plaza de dominadores del mundo con extraterrestres y reptilianos? Es más, ¿las drogas no eran el instrumento definitivo de dominación mundial en “Los Protocolos de los Sabios de Sión”? Misterios sin resolver. Próximamente en sus librerías y en sus pantallas. De la mano de los expertos de cabecera.

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid y consultor de la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Delincuencia.

 

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