La cocaína produce monstruos económicos

La rentabilidad del negocio

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Opinión del experto nacional 21/03/2014 01:16
La cocaína produce monstruos económicos

por Carlos Resa Nestares*

(Primera de dos partes)

 

De los creadores de la archifamosa el narcotráfico es el negocio más lucrativo del mundo por encima de las armas y el petróleo, que tantos éxitos conquistó en los años ochenta y noventa del siglo XX, llega a sus librerías su secuela para lobos de Wall Street: Si hubieras invertido 1.000 euros en acciones de Apple a principios de 2012, ahora tendrías 1.670. Pero si hubieras invertido 1.000 euros en coca a principios de 2012, ahora tendrías 182.000.

Eso reza la leyenda. La realidad es que si en 2012 alguien compró mil euros de cocaína (que una cosa es coca y otra cocaína: se necesitan trescientos kilos de hojas de coca para fabricar uno de cocaína) y aún los conserva, lo que tendrá será un polvo blanco con sus componentes sicoactivos tan degradados que si consigue recuperar los mil euros la venta podría calificarse de estafa. Quizás podría colársela por un euro al que pinta las líneas del campo de beisbol como sustitutivo barato de la cal.

Hay una enorme diferencia entre comprar acciones y convertirse en empresario. Pero por el mero placer de especular, puede suponerse, que el inversor es un fan de Ikea y le gusta el do-it-yourself, así que compra mil euros de cocaína en Shunta, Perú, la transporta, la adultera, la envasa y la comercializa a 60 euros el gramo en Nápoles, Italia. El rendimiento final del kilo de cocaína comprado con los mil euros, ajustando la calidad del producto con cualquier sustancia blanca no mortal, sería de 177 mil euros. Una enorme rentabilidad, sin duda.

En lugar de comprar un kilo de cocaína o acciones de Apple, como represalia por su política en China, ese mismo inversor podría decantarse por una alternativa más saludable como, por ejemplo, el té. Por mil euros se pueden comprar 540 kilos de té en Mombasa, Kenia. Esos 540 kilos de té pueden transformarse en 240 mil tacitas de té, que pueden venderse al muy competitivo precio de 50 peniques en Birmingham, Reino Unido. El rendimiento final de la inversión sería 142 mil euros. Casi lo mismo que con la cocaína. Pero si lo vende como té de Starbucks® la rentabilidad se triplica hasta los 412 mil euros. Más que “la coca”.

O el inversor podría preferir apoyar una opción latinoamericana e irse a Belén de Umbría, Colombia, a adquirir café. Con mil euros podría comprar 504 kilos de café, que son 63 mil tazas de expresos. A un euro cada uno, un precio razonable en Nápoles, Italia, conseguiría una rentabilidad de 63 mil euros. Sorprendentemente para un lugar que tiene toda la carta en italiano, en Italia no hay Starbucks®. En Madrid, España, el café latte (adulterado con leche) mediano cuesta 3.50 euros, de modo que la rentabilidad se elevaría hasta los 220 mil 500 euros. Más que “la coca”.

Repicando la frase inicial: Si hubieras invertido mil euros en acciones de Apple a principios de 2012 ahora tendrías mil 670. Pero si hubieras invertido mil euros en té o café a principios de 2012, ahora tendrías más de 200 mil euros. Corolario: los teteros y los cafeteros, los Liptons y los Nescafés de la tierra, dominan la economía mundial. Juan Valdés es el Steve Jobs del siglo XXI.

Es lo que tiene comparar peras con manzanas, cocas con… también, manzanas. Que los resultados se ajustan a la hipótesis de partida. Y los mercados agrícolas tienen estos comportamientos, que conoce hasta el campesino más inocente: la diferencia enorme entre el precio que recibe el productor y el que paga el consumidor final.

Pero a diferencia de lo que ocurre con el café o con el té, cuya propiedad está asegurada, las probabilidades de que la inversión en cocaína se volatilice a lo largo del trayecto son altísimas. Para empezar, los productores pueden ser villanos, pero no tontos. Como es mejor intercambiar mil euros por nada (robar, en castellano vulgar) que por un kilo de cocaína y, como no hay Selva Peruana’s Securities and Exchange Commissions a las que reclamar por robos, la inversión tiene amplias posibilidades de desaparecer antes de empezar.

Superado el obstáculo inicial, las probabilidades de que el estado, sin ser chavista ni nada de eso, tenga a bien expropiar la inversión privada se acercan al 40 por ciento. Según las estimaciones de Naciones Unidas, realizadas a partir de recuentos uno a uno de plantíos de coca en imágenes por satélite y evaluaciones razonables y razonadas de su productividad, en los Andes, en 2011, se produjeron mil 300 toneladas de cocaína. Y cada año los estados expropian entre seiscientas y setecientas toneladas. Se puede especular que la tasa de fracaso es mayor para los inversores novatos del ejemplo que para los profesionales.

Un peligro añadido es que el estado no se contenta con dilapidar las inversiones privadas en cocaína, sino que tiene la antiliberal costumbre de retirar temporalmente del mercado laboral a sus propietarios-emprendedores, lo que abre una brecha pavorosa en los costes de oportunidad del inversor. Sólo en España cada año se detienen a mil personas transportando cocaína en vuelos comerciales. Para un kilo de cocaína a 80 por ciento de pureza, lo mejor que podría haber comprado el inversor en Perú con mil euros, la condena es de seis años de cárcel. Por fortuna, para el inversor, cambiaron la ley: hasta 2011 la condena para el mismo delito era de nueve años.

Por último, el inversor tiene que ser lo suficientemente perspicaz para aprovechar que los consumidores no suelen ir por la calle con básculas de precisión y vender gramos de a setecientos miligramos. Es la norma. Tendría que hacer dos mil 850 ventas a consumidores. Afortunado podría considerarse el inversor si entre esa enormidad de clientes no encuentra un policía, un chivato o un ladrón que ponga punto final a su rutilante carrera como tiburón de los negocios ilegales en ese mismo instante.

Y aunque el inversor estuviese dispuesto a afrontar todo esos riesgos, lo más probable es que no pueda invertir su fortuna de mil euros, porque ni sabe dónde comprar cocaína en el interior de Perú ni conoce a dos mil 850 clientes en Nápoles. Es lo que tiene la ilegalidad, que no es como ir al banco y decirle que te compre acciones de lo que quieras o unos futuros de cualquier materia prima a cambio de una módica comisión. No hay ni bancos ni mesas ambulantes donde se pueda invertir en cocaína.

En definitiva, como eslogan comercial la comparación entre Apple y la cocaína es buena, excepcional. Felicidades. Ahora, como reflejo de la realidad, está en un nivel ligeramente por encima de Caperucita Roja utilizado como fuente para describir la vida de los lobos en los bosques franceses del siglo X y en paralelo a recrear el funcionamiento de Pemex entrevistando a un gasolinero de Guadalupe y Calvo, Chihuahua.

Pero siempre se puede seguir contando cuentos. A algunos les sirvió para construir un emporio, ¡cómo no va a servir para vender unos millones de libros! La historieta en cuestión es un plagio de otra con casi dos mil años de antigüedad. “Un hombre, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A Apple le dio mil euros y a Narco otros mil; y luego se fue lejos. Y Narco fue y negoció con ellos, y ganó otros 181 mil euros. Pero Apple fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. Y llegando Narco, trajo 182 mil euros, diciendo: Señor, mil euros me entregaste; aquí tienes, he ganado otros 181 mil euros sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

“Pero llegando también Apple, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí los mil euros en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo hubiera recibido los mil euros con los intereses. Quitadle, pues, los mil euros, y dádselos al que tiene 182 mil euros. Porque al que tiene le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y a Apple echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 25:14-30).

Para hacer fortuna vendiendo libros, contar cuentos es una estrategia no sólo legítima, sino encomiable. Lo sorprendente es que algunos de estos libros se vendan en la sección de no ficción y su autor aparezca en las informativos de la televisión en lugar de estar en las telenovelas.

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid y Consultor de la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Delincuencia.

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