¿De dónde vienen los narcos?

Lo más asombroso es observar la enorme disparidad geográfica de la represión a la industria de las drogas

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Opinión del experto nacional 19/03/2014 03:15
¿De dónde vienen los narcos?

Por Carlos Resa Nestares*

Segunda y última parte

 

La población sentenciada por delitos contra la salud en ningún caso puede extrapolarse ni considerarse una muestra representativa del universo de participantes en la industria de las drogas. No todos los individuos activos en asuntos de drogas tienen las mismas probabilidades de ser detenidos. Esto se debe en parte por sus propias habilidades y en parte porque la intensidad de la represión de la industria de las drogas por parte del aparato de justicia es distinta en función del territorio y en función de las características específicas de los individuos.

Pero, a falta de una encuesta con una muestra representativa a todos los mexicanos, es la mejor aproximación que puede obtenerse acerca de la distribución geográfica de los participantes en la industria de las drogas… o aquellos lo que conciben como un juego de Risk para conquistar plazas lo pueden interpretar cómo una evidencia de a qué cártel atacó con más intensidad el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

Si se divide el total de sentenciados por el conjunto de la población de cada estado se obtiene, en principio, la probabilidad de que un individuo nacido en un estado en concreto sea condenado por delitos contra la salud en el periodo que va de 2009 a 2012. Lo más asombroso de los resultados es observar la enorme disparidad geográfica de la represión a la industria de las drogas, sea esa consecuencia de una distribución territorialmente heterogénea de la industria o de la aplicación de justicia muy desigual por estados. Un bajacaliforniano de nacimiento tiene 15 veces más probabilidades de ser condenado por asuntos de drogas que un mexiquense o un tlaxcalteca.

De cada mil bajacalifornianos, 2.65 fueron condenados por delitos contra la salud en el periodo que va de 2009 a 2012. En proporciones superiores a dos condenados por cada mil habitantes estuvieron todos los estados que baña el Mar de Cortés: Sinaloa, Sonora y Baja California Sur. A bastante distancia y en el entorno de un condenado por cada mil habitantes, están los nativos de los estados contiguos, del tercio más oriental de México: Durango, Jalisco, Chihuahua, Colima, Nayarit, Michoacán y Guerrero.

En los alrededores de la media nacional de 70 sentenciados por drogas por cada cien habitantes, están los naturales de dos estados del centro: Aguascalientes y el Distrito Federal. Y sólo más abajo, por debajo de la media del país, y en niveles cercanos al tercio del registrado en el noroeste, aparecen algunos de los estados más públicamente identificados como centros de la industria de las drogas, pero alejados de su cultivo: Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz. Finalmente, amplias zonas del México, que cubren el segmento central y meridional del país, permanecen bastante ajenas a la represión de las drogas, al menos en lo que es importante para ser eficaz: las condenas de los tribunales de justicia.

Una explicación razonable a esta escasez de condenados por delitos contra la salud en el nordeste de México, zona azotada por la violencia, en comparación con lo que ocurre en el noroeste, donde abundan las condenas, es que en los primeros, más que narcos, lo que hay es mafiosos, esa gente que hace negocio de mostrar la violencia publicitariamente para luego recoger sus frutos en forma de protección privada, sean los clientes narcos o cualquier otro con capacidad adquisitiva suficiente.

*Profesor asociado de Economía Aplicada 
en la Universidad Autónoma de Madrid. Consultor de la Oficina de la ONU sobre Drogas y Delincuencia

 

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