¿De dónde vienen los narcos?

Diez por ciento de los detenidos por delitos contra la salud en México son originarios de Baja California y Jalisco

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Opinión del experto nacional 18/03/2014 01:30
¿De dónde vienen los narcos?

por Carlos Resa Nestares*

Primera de dos partes

 

Si a Servando Gómez Martínez se le preguntase que de dónde vienen los narcos, respondería: “vienen de todos lados, compadre: de Jalisco, de Sinaloa, de Tamaulipas… Es un desmadre de narcos, chingaos.” Si la misma pregunta se la hiciesen a un mexicano medianamente informado, la respuesta sería previsible: “de Sinaloa, de Sinaloa”. Los sinaloenses cargan esa fama de centralidad y casi omnipresencia en la industria de las drogas casi desde sus orígenes.

Las estadísticas de sentenciados por delitos de fuero federal en materia de delitos contra la salud compiladas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía no son tan concluyentes como la percepción popular en cuanto a la distribución territorial de la industria de las drogas y, sobre todo, su represión. Entre 2009 y 2012 los tribunales federales condenaron a 78,702 personas por delitos contra la salud. De éstos, el 98.2 por ciento eran mexicanos de nacimiento.

Uno de cada 5,321 residentes en México fue condenado por asuntos de drogas.

No fueron, sin embargo, los sinaloenses los que durante ese cuatrienio sufrieron con más intensidad la represión judicial de la producción y la distribución de las drogas. Los naturales de Baja California y Jalisco aportaron más del diez por ciento de los detenidos, cada uno: más de ocho mil personas. Los sinaloenses de nacimiento se situaron inmediatamente por detrás llegando a un cómodo tercer puesto con 6,627 condenados.

El Distrito Federal, aparentemente tan apartado de la industria de las drogas, aportó casi seis mil detenidos, un poco por encima de la contribución de los sonorenses.

Tras los guanajuatenses, que representaron el cinco por ciento de los condenados por delitos contra la salud, se sitúan los naturales de cuatro estados habitualmente identificados como áreas nodales de la industria de las drogas: Chihuahua, Michoacán, Nuevo León y Guerrero.

Los tamaulipecos de nacimiento no llegan a los dos mil condenados por delitos contra la salud, lo cual otorga al estado una posición en la mitad de la tabla de condenados por delitos contra la salud, responsabilidad parcial de la gran cantidad de población flotante del estado.

A partir de ese punto aparecen la mayoría de los estados del centro y el sur del país. Quienes allí nacieron no son clientes frecuentes del aparato de justicia en materia de drogas. Para cerrar el catálogo, apenas doscientos tlaxcaltecas fueron sentenciados por asuntos de drogas, lo cual representa el 0.3 por ciento del total de condenados.

La población sentenciada por delitos contra la salud en ningún caso puede extrapolarse ni considerarse una muestra representativa del universo de participantes en la industria de las drogas.

No todos los individuos activos en asuntos de drogas tienen las mismas probabilidades de ser detenidos. Esto se debe en parte por sus propias habilidades y en parte porque la intensidad de la represión de la industria de las drogas por parte del aparato de justicia es distinta en función del territorio y en función de las características específicas de los individuos.

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid. Consultor de la Oficina de la ONU sobre Drogas y Delincuencia

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