El mundo post- Guzmán Loera

COMPARTIR 
Opinión del experto nacional 03/03/2014 02:29
El mundo post- Guzmán Loera

Por Carlos Resa Nestares*

cuarta y última parte

La sucesión de El Chapo

Quien tenga parte o toda la información sobre la que basó Guzmán Loera su conglomerado empresarial exitoso (relativo, porque disfruta de sus frutos en la cárcel), sea por herencia, por alquiler, porque la adquirió mientras prestaba sus servicios para él o porque la ha adquirido con horas de esfuerzo personal, habrá ganado una batalla imprescindible para tener éxito en la industria de las drogas, pero no la guerra. Una guerra que será incruenta, en cualquier caso.

Hay quien especula que la violencia, por su efectismo, es la parte central de la industria de las drogas y la espada que decide la sucesión. La realidad, en líneas generales, es justo lo contrario: ganar una reputación de violento ahuyenta a socios y clientes, drena los ingresos y es el camino más directo a la tumba, a la cárcel o, en el mejor de los escenarios, a la quiebra. Como dejó dicho un distribuidor de drogas: “no he conocido ningún muerto que te compre drogas”.

Cuando Pablo Emilio Escobar Gaviria comenzó a granjearse a pulso una reputación de disparar a todo lo que se meneaba dejó de tener clientes y socios, sólo le quedaron enemigos y asalariados. Y los obreros no son ingresos sino costes. Con menos formalidad, porque sus víctimas no llegaron a agruparse para defenderse como los PEPES (Perseguidos por Pablo Escobar), es la misma deriva empresarial que sufrió Benjamín Arellano Félix.

Sin duda, la violencia elimina físicamente la competencia y eleva los costes percibidos de entrada para todos, pero el mismo efecto se puede conseguir siendo el único que conoce a los clientes con alta capacidad adquisitiva y el que les ofrece el mejor producto con menos riesgos. Es una labor de zapa que requiere bastante más especialización y capital humano que apretar un gatillo.

En esta senda de aspirar a ser un sucesor exitoso (que en la industria de las drogas es justamente el antónimo de famoso) de Guzmán Loera, si es que finalmente existe, tendrá que soslayar cobrarse agravios de su antecesor, ya sea por lealtad a su antiguo jefe, socio o amigo o a cambio de una recompensa. El objetivo final es encajar la parte positiva de la herencia, la informativa, a beneficio propio, descartando en la medida de lo posible sus externalidades negativas, que no generan ingresos e implican cargas y gastos tan innecesarios como insoportables. Cosa distinta es que los agraviados de Guzmán Loera quieran cobrarse sus deudas sobre la cabeza del que aparezca como su heredero.

En consecuencia, la sucesión interna o externa por la vía de la ganancia de reputación ante clientes y proveedores tarda poco tiempo en consolidarse en un sector muy dinámico hasta crear su propia empresa, independiente y distinta, del mismo modo que lo es cada persona. La relación entre el nuevo distribuidor de drogas y Guzmán Loera, cualquiera que sea la transferencia previa de información, se basará exclusivamente en la lealtad personal, un concepto que en la industria de las drogas suele encontrarse en dosis que van desde escasísimas a nulas.

Este modelo de metamorfosis vertiginosa, que premia las habilidades sociales y empresariales muy por encima de la violencia, que es una rémora para el cambio, es la que explica que la jubilación forzosa de los magnates más conocidos de la industria de las drogas no haya tenido un efecto ni inmediato ni de largo plazo sobre los mercados finales. Eso, y que las cuotas de mercado en la industria de las drogas están bastante repartidas de lo que aparenta la presentación pública que hacen terceros. Tras el fallecimiento o la detención de Escobar Gaviria o de Roberto Suárez Gómez o de Miguel Ángel Félix Gallardo, ni la disponibilidad de drogas en el mercado disminuyó ni los precios se elevaron como consecuencia de la escasez.

Cuestión aparte es la presentación de la violencia en los medios de comunicación. Ahí sí que la historia, siguiendo la senda trazada por la ficción, demuestra que en el papel que todo lo soporta existe un efecto muy significativo de víctimas como producto de las jubilaciones anticipadas. En los próximos meses, e incluso años, decenas de asesinatos se atribuirán a la volatilidad provocada por la sucesión de Guzmán Loera.

Cuando detuvieron a Arellano Félix en 2002, quien fuera jefe de Drug Enforcement Administration (DEA) en la Ciudad de México, Michael Garland, profetizó que los cadáveres “comenzarán a acumularse antes que pronto porque la violencia es lo único que saben hacer los comerciantes de drogas. Lo que veremos será vendettas [sic] y asesinatos para intentar quedarse con el territorio. Como dicen en El Padrino: no es personal, son negocios”. Frente al ejercicio banal de futurología, la realidad es que la tasa de homicidios en Baja California, feudo de Arellano Félix, disminuyó de manera constante entre 2002 y 2007. Eso sí, queda patente cuál ha sido durante décadas la mejor fuente de inteligencia de la DEA en México: la ficción.

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid carlos.resa@uam.es

Comparte esta entrada

Comentarios