El mundo post-Guzmán Loera

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Opinión del experto nacional 02/03/2014 01:36
El mundo post-Guzmán Loera

Por Carlos Resa Nestares*

Tercera de cuatro partes

 

La herencia del capo sinaloense

Mucho más compleja será la transmisión del elemento más valioso, real, central, del negocio de las drogas, de la empresa de Guzmán Loera: su capital inmaterial. Dada la comprensible alergia del mundo criminal a dejar rastros escritos, todo el capital inmaterial de la empresa y la mayor parte de su capital humano residirá durante un tiempo en apariencia bastante prolongado en Tonalá, en concreto, encima de los hombros de Guzmán Loera. Localizado al tiempo que inutilizado.

Parte del capital inmaterial de la empresa de Guzmán Loera, su imagen de marca dentro de la industria, está muy deteriorado como efecto secundario del encarcelamiento, por mucho que se empeñen Forbes y The Economist en estafar a sus lectores a costa de terceros indefensos. Sigue operativa en potencia la cartera de proveedores y clientes, aquello que le proporciona un nicho monopólico de negocio. Él sigue siendo el único que los conoce. Sólo que para ponerla en funcionamiento es imprescindible una sustancial colaboración desde el exterior de la prisión.

El listado mental de los contactos de Guzmán Loeza puede depositarse bajo siete llaves cerebrales y proteger a sus contactos de la extorsión a riesgo de asumir una depreciación brutal e inmediata en un entorno muy cambiante. O puede transmitirse, ya sea gratuitamente (herencia) o a cambio de un precio (arrendamiento), para mantener el cash flow. Guzmán Loera tratará de ser especialmente cuidadoso en cómo y a quién realiza ese traspaso de poderes de lo único realmente valioso de su actividad empresarial por su propio interés, si es que desea o tiene posibilidades de hacerlo.

El heredero parcial o total habrá avanzado en un paso primordial en la industria de las drogas: descubrir a esos “nadies” de la canción de Los Tucanes de Tijuana: “Nadie te compra una tonelada pa’ ponerse a tomar con amigos”. Esos “nadies” que no se publicitan en los anuncios por palabras ni en carteles en las cunetas de las autopistas y que no tienden a intimar con cualquier desconocido.

Pero si la información puede cederse, heredarse o cambiarse, por sí sola no tiene capacidad para capitalizarse. El potencial heredero sólo podrá mantener el flujo de ingresos si es capaz de labrarse ante esos clientes de alta capacidad adquisitiva una reputación nueva y distinta de la de Guzmán Loera, un prestigio de que es alguien en el que se puede confiar para hacer negocios, que se minimizan los riesgos y que, al final del día, hay beneficios para repartir.

Y es que la reputación, a diferencia de la información, no se puede vender ni transmitir, ni genéticamente ni por otra vía. Los hijos de Salvatore Lucania, que funcionaba bajo la marca de Lucky Luciano, de Carlos Slim o de Isabel II pueden tener el mismo prestigio que sus padres. O justo el contrario. La reputación es personal e intransferible. Cada distribuidor de drogas se construye la suya por encima de quienes hayan sido sus padrinos.

A lo más que se puede llegar es a falsificar temporalmente la imagen de marca. En Europa aún hoy siguen deteniendo embajadores del cártel de Medellín, décadas después de su desaparición, y en Estados Unidos los representantes de Guzmán Loera aparecen como los caracoles después de las lluvias de primavera. No está en condiciones el ahora preso de castigar los fraudes contra sus legítimos derechos de propiedad intelectual a miles de kilómetros de distancia, aunque el defraudador sea tan poderoso como el ayuntamiento de Chicago. Pero si las palabras que se lleva el viento no se respaldan con un mínimo de pericia en la gestión ante proveedores y clientes, el aspirante a heredero con falsificación o sin ella no sobrevivirá durante largo tiempo.

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la

Universidad Autónoma de Madrid

Carlos.resa@uam.es

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