El mundo post-Guzmán Loera

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Opinión del experto nacional 01/03/2014 03:30
El mundo post-Guzmán Loera

Carlos Resa Nestares*

Segunda de cuatro partes

 

Las plazas libres de El Chapo

 

La detención de Joaquín Guzmán Loera lleva aparejado su descabalgamiento como CEO, al menos en la parte de la E: ya no puede ser ejecutor. El comunicado de prensa del gobierno es claro en los motivos: incomunicación y deterioro de su imagen de marca. Podría sobrevivir como asesor externo, una especie de presidente honorario de enorme salario. Pero es bastante improbable en una industria donde la práctica habitual es que un solo individuo aúne los papeles de accionista único, presidente, gerente, administrador e imagen de marca.

El legado más difícil de Guzmán Loera viene de sus subordinados, que de repente se han quedado sin empresario que les pague sus nóminas. Pero la industria de las drogas es poco intensiva en factor trabajo. Y con la excepción de los servicios personales, no hay asalariados que cobren quincenalmente. Lo que abundan son los profesionales, especialistas de ámbitos concretos que cobran por trabajo realizado y joint ventures puntuales. Ninguna de estas prestaciones de servicios se realiza en régimen de exclusividad. La industria de las drogas no es Televisa.

Así que transportistas, asesinos a sueldo y demás colaboradores ocasionales están disponibles para venderse al mejor postor, que es justo lo mismo que ocurría antes de la detención de Guzmán Loera. Si su principal o único postor ha desaparecido pasarán a tratar de establecerse por su cuenta con la información con la que cuenten o a ofrecerse a cualquiera que quiera contratarles, sea algún heredero designado o el primero que pase por la calle y les haga una oferta.

Más que la gestión de recursos humanos, lo relevante de la estancia en prisión de Guzmán Loera es que se le coarta la administración directa de las relaciones comerciales con proveedores y clientes, que era el núcleo de su actividad profesional. Siguen vivos, en cambio, los activos materiales e inmateriales que antes de entrar en la cárcel Guzmán Loera dedicaba a su uso personal o profesional, por lo general a ambos simultáneamente. En el ámbito delictivo los límites entre ámbito particular y empresarial son aún más ambiguos que en actividades comerciales legales.

Salvo aquellos bienes que consiga expropiarle el sector público, los activos físicos y mercaderías de Guzmán Loera, desde armas y drogas a ranchos y hoteles, pasarán a ser usufructuados por quienes los posean en este instante, que pueden o no ser los propietarios legales, que pueden ser familiares, amistades, colegas o empleados, que pueden tener la aquiescencia de Guzmán Loera o no. Que quiera o pueda recuperarlos después de su paso por la cárcel es una decisión que queda muy lejos.

Y que dediquen esos activos a continuar con la distribución de drogas o con otras actividades empresariales será una cuestión meramente aleatoria y dependerá de la pericia de sus nuevos poseedores, no de la voluntad de Guzmán Loera, más allá de lo que pueda soportar su bolsillo. Pueden existir disputas concretas sobre la posesión de algún bien. Pero no serán ni duraderos ni muy violentos. Una vez que se expulsa a alguien de un rancho no suele intentar recuperarlo: ya ha demostrado en una ocasión que es incapaz de proteger sus posesiones.

Las “plazas” no cuentan como activo, ni material ni de ninguna otra clase. José Albino Quintero Meraz contó de primera mano el funcionamiento de este sistema de plazas. Quería pasar 300 kilos de cocaína por el noroeste de México. Para garantizar su seguridad contactó con aquel que los periódicos contaban que era el propietario de la plaza. Osiel Cárdenas Guillén le respondió que ya sabía lo que estaba haciendo, “que no había problema y que la llevara tranquilo”, que tan sólo le solicitaba que le avisase con antelación para evitar solapamientos innecesarios.

“No me cobró derecho de piso”, se sorprendió Quintero Meraz. Cárdenas Guillén, por su parte, demostró una incompetencia integral: podía haber ganado un fortunón simplemente capitalizando la reputación que le habían otorgado gratis los medios de comunicación. Años después, según los mismos medios, las ensaladas de tiros iban y venían en esa parte de la frontera para tratar de heredar algo que Cárdenas Guillén no sólo ignoraba sino que negó que fuese de su propiedad.

De hecho, hay pocos negocios más reactivos al territorio que el negocio de las drogas. Lo único inmóvil en toda la cadena de distribución son las plantas (de adormidera y mariguana) y, hasta cierto punto, los consumidores finales. Las primeras agarran casi en cualquier terreno, así que se puede deslocalizar la producción a bajísimo coste. En Los Andes el cultivo de coca se mueve con bastante frecuencia. Cuando era legal la cocaína Indonesia era el mayor exportador de coca del mundo. Y todos los consumidores finales asociados no son una parte particularmente lucrativa del negocio en México.

Si alguien aparte de la policía estadunidense y mexicana tiene interés en robar drogas mientras se transportan, tendrá que conocer de antemano que está cruzando sus aposentos, lo cual, salvo que ingenuos como Quintero Meraz vayan directamente contándolo, es una tarea insuperable, incluso si se utilizan peajes con la tecnología más avanzada. Millones de emigrantes mexicanos podrán dar fe de que incluso el propietario de “plaza” más poderoso del mundo (el gobierno estadunidense) es incapaz de tener un control siquiera parcial de los bienes y personas en circulación.

 

*Profesor asociado de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid

carlos.resa@uam.es

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