Ecos y silencios de la Cumbre de Toluca

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Opinión del experto nacional 18/02/2014 01:13
Ecos y silencios de la Cumbre de Toluca

por Isidro Morales*
 

El próximo 19 de febrero Toluca será el escenario del ya clásico encuentro de los tres mandatarios de América del Norte: Barack Obama de Estados Unidos, Stephen Harper de Canadá y Enrique Peña de México.

Dichas cumbres fueron creadas a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que este año cumple 20 años de haberse puesto en marcha.

El formato del encuentro será, muy probablemente, similar al formato que Obama usó durante su última visita a México el año pasado.

Es decir, el encuentro será para subrayar que durante la administración Peña la cooperación norteamericana no privilegiará la asistencia militar con miras a reducir la inseguridad pública en México, sino renovar el pacto de hace 20 años de fortalecer los lazos económicos entre las tres naciones.

Sólo que esta vez el libre comercio ya no es la varita mágica para convencer a propios y extraños sobre las ventajas de una integración entre dos naciones de diferente nivel económico y político con la gran potencia estadunidense, sino la competitividad conjunta de sus tres economías así como el mejoramiento de su “capital humano”.

En efecto, desde los últimos años, sobre todo a raíz de que los efectos que tuvo la desgravación comercial en el comercio trilateral se fueron desvaneciendo, las élites empresariales norteamericanas han articulado el coro de una economía regional más competitiva, sabiendo usar los bajos costos salariales que todavía privan en México con la economía del conocimiento y la innovación que florece al norte del río Bravo, y la necesidad de renovar y fortalecer el acervo de capital humano para enfrentar la competencia proveniente del Pacífico asiático.

A diferencia de hace 20 años, el nuevo discurso sobre la integración comercial articulado desde las élites es que ni México compite a la baja por los empleos o los estándares laborales y ambientales de los grandes de América del Norte, ni las empresas estadunidenses o canadienses son una amenaza para las empresas mexicanas.

Norteamérica se ha tornado en tres economías complementarias para elevar eficiencia y productividad en las cadenas de valor y para competir en los mercados en los que los países asiáticos, y sobre todo China, han mostrado sus ventajas.

La presencia del mandatario canadiense permitirá además resaltar los logros que Bombardier, empresa insignia de Canadá, ha logrado en Querétaro, al convertirlo en casi un cluster en el ensamblado y la producción de aviones y trenes.

Y por supuesto, el evento se volverá en un voto de confianza hacia las reformas recién aprobadas por el Congreso mexicano, sobre todo en materia energética y educativa. La primera porque por fin pudo homologar el marco jurídico-institucional de la explotación de recursos energéticos en México con el que prevalece en el resto de América del Norte, sentando las bases para que el país se convierta, al igual que sus socios norteamericanos, en un potencia gasera y petrolera.

La segunda, porque crea la posibilidad de que México pueda reentrenar a su población con las nuevas competencias y habilidades exigidas por industrias continentales que buscan elevar su competitividad.

Como sucede en estas cumbres, los puntos sensibles o espinosos de la agenda trilateral se discutirán entre bambalinas, o resaltarán por su ausencia.

Se hará mención a la alianza transpacífica en la que los tres socios pretenden participar, pero no se dirá nada sobre su verdadero contenido ni lo que México esté específicamente negociando. En caso de cuajar dicho acuerdo, esto significaría una verdadera revisión o profundización del TLCAN, un tema vital del cual los mexicanos deberían estar enterados.

Quizás Obama se atreva a mencionar la posibilidad de una reforma migratoria, pero ninguno de sus homólogos le recordará que se ha convertido prácticamente en rehén del Capitolio, lo que ha aplazado indefinidamente una reforma en la que parecía haber consenso.

El presidente Peña no preguntará, al menos públicamente, sobre la nota diplomática enviada al Departamento de Estado cuando se supo, a través de la filtración de Snowden, que los presidentes mexicanos han sido sistemáticamente espiados por la Agencia Nacional de Seguridad; ni el primer ministro Harper dará respuesta al clamor de los mexicanos por suprimir una visa que consideran injusta y poco constructiva para mejorar la relación entre socios.

*Profesor/investigador de la EGAP. Tecnológico de Monterrey

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