La odisea de las familias con hijos desaparecidos

El problema es que, a veces, aquellos que buscamos el bien nos desgastamos en discusiones vanas. Unámonos.

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Opinión del experto nacional 06/02/2014 01:59
La odisea de las familias con hijos desaparecidos

Por Rosi Orozco*

 

Lety perdió a su hija. Ivonne Ramírez salió de la casa, ubicada en Atizapán de Zaragoza, no iba lejos, la tienda estaba a unos cuantos pasos. Nunca regresó. Su familia la buscó por todos lados durante dos largos y angustiantes años. Lety no olvida la fecha: el 30 de mayo de 2011 vio viva por última vez a su hija Ivonne.

En esta lucha he conocido personas muy valiosas que me han dado grandes lecciones. De todas ellas, a quienes admiro son a las mamás y a los papás que, tras sufrir una pérdida irreemplazable, deciden luchar y apoyar a otras familias que atraviesan situaciones similares. O que, incluso, luchan para que otras familias no lo experimenten jamás. Por ello admiro a la mujer ejemplar y gran amiga que es Lety Mora.

Muchos de los padres y madres que buscan a una hija o hijo desaparecido pierden su trabajo por la cantidad de tiempo que requiere semejante hazaña.

No sólo tienen que combatir el profundo dolor que sienten, también tienen que pagar viáticos, alimentos para los agentes del Ministerio Público o policías y, en muchos casos, la “propina” para que los agentes del Ministerio Público dediquen tiempo a la causa. Muchas veces recurren a varias agencias del Ministerio Público antes de encontrar una en la que realmente les escuchen y ayuden.

En el caso de Lety, después de meses, encontró el apoyo del procurador del Estado de México. Lety lo describe como la autoridad, junto con Nelly Montealegre de Fevimtra, más sensible que halló en su travesía. Quienes tienen el corazón roto por la incertidumbre del paradero de un hijo o una hija deben enfrentarse también a la apatía y a la incompetencia de las autoridades.

Por dos años, Lety buscó incansablemente a Ivonne. Varias manifestaciones, e incluso huelgas de hambre, fueron necesarias para que funcionarios se interesaran en el caso. La respuesta de los funcionarios, quienes cobran un sueldo por investigar este tipo de situaciones, era: “Señora, su hija seguro está con algún novio en Acapulco.” Se burlaban del dolor de una madre y se perdieron las horas más cruciales de investigación.

¿Dónde están la sensibilidad, la empatía y la humanidad? ¿Cómo esta gente, inmutable ante la tragedia y la angustia de una madre, puede formar parte del gobierno?

Con sus propios recursos, Lety buscó a Ivonne por dos años.

Un día asistimos a un foro en el Senado, Lety le reclamó a una senadora su escasa ayuda. La senadora contestó: “Yo te he atendido. Hasta un día te compré comida y te di cobijas”. Un trato injusto y cruel fue lo que recibió Lety hasta el día que su hija fue hallada. Ya era tarde.

La misma senadora presentó una aterradora iniciativa que representaba un retroceso en el tema de Trata de Personas. Gracias a la sensibilidad de varios senadores se turnó a la Comisión de Justicia y se ha podido revisar más detenidamente. Nos gustaría ver un trabajo tan serio como el realizado en Francia con base en estudios y diagnósticos, y el cual se discutió en tribuna por días enteros. ¿No es más importante la vida humana que cualquier otro tema legislativo?

En agosto de 2013, 26 meses después de su desaparición, la Procuraduría General de la República encontró sin vida a Ivonne. Acompañé a la familia en un hermoso homenaje y en el entierro. Acudieron decenas de madres de hijas e hijos desaparecidos a quienes Lety, en su propia búsqueda, había conocido y ayudado.

Seis meses después del homenaje a Ivonne, Lety no se ha rendido. Sigue en la lucha. Actualmente, ayuda a 49 familias que buscan a un hijo o hija desaparecido. Lety no está sola y, al contrario de muchas autoridades, no ha dejado solos a quienes han acudido a ella.

Admiro a esta valiente mujer que, llena de compasión por otros, se entrega por completo. Lety es una de mis mayores motivaciones y debe serlo para todos los que conocemos su historia. Tener la fortuna de nunca haber sufrido una pérdida como la de Lety no es excusa para ignorar la realidad: A miles de familias les han arrebatado, sin derecho alguno, a sus hijos o hijas. Al contrario, nuestra situación privilegiada nos confiere una responsabilidad.

Creo plenamente en la frase de mi amiga Fernanda Familiar: “Somos más los buenos”. Sí, somos muchos más. El problema es que, a veces, aquellos que buscamos el bien nos desgastamos en discusiones vanas. Unámonos. Sólo así detendremos el creciente peligro de que un día nosotros también estemos en busca de un familiar desaparecido.

Apoyemos a estas mamás y manifestémonos contra la violencia a la mujer y contra la trata de personas a través de un baile en todo el mundo. En el DF se realizará el sábado 15 a las 9:30 en la Alameda Central, con nuestro jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. En todo el país tendremos plazas y lugares donde bailaremos Un billón de pie por la Justicia. Checa tu ciudad en unidoshacemosladiferencia.com, onebillionrising.org o @rosiorozco

* Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata AC

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