El diálogo político y las reformas para México

Alcanzar el diseño y aprobación de la mejor legislación secundaria es paso obligado para dar sustento a su implementación

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Opinión del experto nacional 31/01/2014 02:08
El diálogo político y las reformas para México

por Marco Adame*

 

Las diferencias en y entre los partidos políticos, característica de los sistemas democráticos, y aún más, el disenso de las fuerzas políticas —si es que lo hubiera— para dejar sin efecto las obligaciones contraídas en el Pacto por México no debe impedir el diálogo político y la búsqueda de acuerdos para concretar las reformas que se necesitan y su adecuada implementación para mejorar la calidad de vida de los mexicanos.

Al subir el nivel de confrontación en los partidos políticos, la estridencia y belicosidad de las declaraciones —de quienes obsesionados con tomar el control de la dirigencia de su partido o dominados por el protagonismo de su agenda personal o de grupo, normalmente coyuntural y de corto plazo— pareciera que hemos renunciado a una política de diálogo que Norberto Bobbio proponía, como aquella en la que predomina “una discusión razonada y en contra de la terquedad del silencio y de la vanidad de la prédica edificante”.

Y así, ofuscados, no advertimos que renunciar al diálogo político entraña altos costos para la sociedad mexicana. Por ello, es preciso resaltar y hacer exigible a todos los actores la necesidad y el valor del diálogo político como el mejor camino para lograr los acuerdos legislativos y políticos que el país requiere.

La reflexión sobre el diálogo político y su contribución al bien común hunde sus raíces en la antigüedad. Para Aristóteles, si bien el hombre es un animal político, es el único que tiene palabra, la cual le sirve para expresar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto.

Agustín de Hipona afirmaba que la duda presupone una relación del hombre con la verdad y que el diálogo representa un camino para llegar a ella.

En la modernidad, Kant animaba a hacer uso de la razón pública mediante el diálogo; los ilustrados enarbolaron la libertad de expresión y de asociación política como uno de los derechos del hombre y del ciudadano.

Como fruto de la historia y el pensamiento político se llegó al Estado constitucional democrático, en el que si bien el acceso y el ejercicio del poder se da a partir de la formación de mayorías, no aspira a hacerlo en detrimento de las minorías, precisamente porque el orden constitucional salvaguarda los derechos fundamentales de todos.

Por otro lado, el diálogo político dignifica a los interlocutores, cuya disposición es la apertura a la verdad, a la justicia y a la expectativa de ver con el otro aquello que uno no es capaz de ver por sí mismo. El resultado de un diálogo así es la gobernabilidad, porque ésta surge de la preocupación por lo que es justo, la inclusion de lo razonable y por el respeto a quien disiente.

De cara al próximo período de sesiones en el Congreso de la Unión, en el que las agendas legislativas están concentradas en la discusión y aprobación de las leyes secundarias de 12 reformas constitucionales concretadas en el último año, es indispensable abrir puertas y tender puentes de diálogo para acordar más de 90 leyes vitales para hacer realidad los postulados de las reformas.

Alcanzar el diseño y aprobación de la mejor legislación secundaria es paso obligado para dar sustento a su implementación, un largo y delicado proceso que requerirá, por igual, de todo el talento y voluntad de las instituciones para que, a la postre, y no tan pronto como algunos suponen y otros quieren hacer creer, podamos ver los beneficios de lo que ahora se festina.

De no hacerlo, el final sería trágico, simple, y México no lo merece: sin buenas leyes secundarias las reformas constitucionales serán letra muerta, la etapa de cambio será nugatoria, es decir, burlará la esperanza y el juicio hecho sobre la bonanza que se anticipa por lo logrado.

En abono, los legisladores del Partido Acción Nacional han comprometido su agenda para concretar en el próximo período de sesiones las leyes secundarias de Telecomunicaciones y Competencia Económica, las de la Reforma Político Electoral, la legislación secundaria en materia Energética, así como las leyes Anticorrupción y el Código Único de Procedimientos Penales. Aun más, su total disposición para abordar temas pendientes, como el nuevo estatuto del Distrito Federal y las leyes de democracia directa.

Con este paquete legislativo y la responsabilidad que conlleva arranca en unos días el período legislativo, sin duda, uno de los más demandantes: 90 días, breves, intensos, complejos y esperanzadores para el presente y futuro de México.

*Coordinador de Sinergia del CEN del PAN

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