El futuro del pacto por México

El Pacto no ha estado exento de presiones y es natural que así sea por la cantidad de intereses que se ven afectados. Pese a todo, está vigente; hasta el día de hoy se mantiene con regularidad y en funcionamiento la mesa central del Consejo Rector

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Opinión del experto nacional 05/12/2013 00:47
El futuro del pacto por México

Por Marco Adame*

 

Al cumplirse un año de la firma del Pacto por México, es importante hacer un balance de los resultados obtenidos a partir del compromiso signado y desde la perspectiva de su contribución objetiva a la consolidación de la transición política a la democracia.

Evaluar este novedoso y polémico mecanismo de concertación es obligado, por su contenido y por las expectativas que ha despertado, incluso cuando ha sido condicionado de manera temporal y unilateral por una de las partes.

Es innegable el significado político de este acuerdo de voluntades entre las principales fuerzas políticas y el gobierno de la República, sin duda, tiene valor por sí mismo para la gobernabilidad y el clima de estabilidad que necesita el país; más aún ante la evidencia de la dificultad para integrar mayorías y concretar las reformas de gran calado que exige el crecimiento y desarrollo de México, tanto por la composición del Congreso como por la discordia política que prevalece entre los diversos actores, en disputa por la interlocución entre pares y con el gobierno federal.

El Pacto no ha estado exento de presiones y es natural que así sea por la cantidad de intereses que se ven afectados. En particular han sido visibles y dañinas las presiones de los poderes fácticos incrustados en el magisterio nacional, vía la CNTE, para tratar de impedir, por todos los medios, la aplicación de la reforma educativa. También han sido críticos los momentos en que, por el abuso sistemático de algunos gobiernos locales, como los ocurridos en el proceso electoral de julio pasado, pusieron en jaque la viabilidad del acuerdo.

Por supuesto que no han faltado las visiones parciales y los intentos reduccionistas al tratar de maximizar intereses particulares, tanto del gobierno en su afán de recuperar la rectoría del Estado —simplificando el propósito al restablecimiento de los controles políticos, administrativos y financieros del régimen— como de los partidos políticos al privilegiar la parte de su interés en acuerdos bilaterales o tácticas dilatorias que han debilitado en distintos momentos el mecanismo trilateral establecido en el Pacto.

Una demanda constante —y con razón— ha sido la exigencia de representantes de la sociedad civil organizada y de diversos sectores por incluirse en el Pacto por México, sobre todo cuando los contenidos de las reformas no los satisfacen o los calendarios para concretarlas se han visto alterados. Amén del derecho per se y la responsabilidad que tienen de participar en la agenda nacional.

Pese a todo, el Pacto por México está vigente; hasta el día de hoy se mantiene con regularidad y en funcionamiento la mesa central del Consejo Rector y sus integrantes buscan, por diversas vías, favorecer el diálogo político y social, la búsqueda de coincidencias y los acuerdos mínimos para sacar adelante las reformas propuestas.

Bien puede decirse y acreditarse que se han abordado 70 por ciento de los compromisos contraídos con diversos grados de cumplimiento. Sin embargo, no basta, pues no es la evaluación cuantitativa la más relevante en este momento. Lo verdaderamente importante es el análisis cualitativo, es decir, la calidad de las acciones realizadas, las características y el valor de lo que se ha concretado y —sobre todo— las estimaciones de condiciones y posibilidades del valor esperado y del producto final valioso en el futuro a favor de la agenda reformista.

Por supuesto que no es ni será sencillo, nunca lo ha sido, romper escenarios inerciales; pero es necesario completar la tarea, lograr en este periodo legislativo de sesiones las reformas político electoral y energética, que son parte esencial de esta primera generación de reformas, así como definir fechas para el cumplimiento de las leyes secundarias pendientes como las de telecomunicaciones y competencia económica, mas los temas del Pacto aún no abordados.

Ahora que el gobierno federal ha dicho que el segundo año del sexenio será el tiempo de la implementación de las reformas, conviene tener presente que esto no sucederá por decreto y que sería muy corta nuestra visión si lo dejamos a nivel de una declaración o a eventos de lanzamiento de programas, por vistosos y difundidos que éstos sean.

Aplicar las reformas entraña enormes dificultades y recursos, requiere tiempo y responsabilidades claras, ante todo exige cohesión social y política para que, en los próximos años, aun después de este sexenio, podamos ver la transformación de nuestra realidad actual.

Por ello, es preciso que el espíritu del Pacto por México continúe, independientemente de la forma concreta que tome en los próximos meses. Cierto es que deberá ser más incluyente y participativo, que requerirá del talento y el compromiso de todos los liderazgos y de las instituciones que representan; pero, esencialmente, exigirá la cuota de generosidad política que nos ayude a hacer causa con el destino común de nuestra nación.

*Integrante del Consejo Rector del Pacto por México por el PAN

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