Calderón y la Sedena; estrategia o desconfianza

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Miguel Ángel Godínez García 21/06/2014 01:10
Calderón y la Sedena; estrategia o desconfianza

La inclusión exclusiva que Felipe Calderón le dio a la Secretaría de Marina para las funciones contra el narcotráfico generó varias reacciones y provocó la gran cantidad de opiniones públicas sobre su asertividad. ¿Que si el Presidente no confiaba en su Ejército? ¿Que si tenía información sobre militares involucrados en el crimen organizado? ¿Qué si quiso debilitar a una fuerza como la que representó por años la Sedena? En fin, lo cierto es que estuvimos por años acostumbrados a ver el liderazgo del Ejército por encima de cualquier otra dependencia de las Fuerzas Armadas. Razón por la cual la intervención de la Semar, a través de su área de inteligencia, activó suspicazmente cualquier tipo de análisis político. ¿Por qué la Marina tuvo una mayor presencia en la administración pasada en su actuación contra el narcotráfico? La respuesta sería otra pregunta, ¿y por qué no? Si nos remitimos al trabajo del doctor Alejandro Carrillo Génesis y evolución de la administración pública en México sobre la historia del nacimiento de estas dos instituciones, nos encontramos con datos poco conocidos, pero fundamentales para entender la esencia de cada una. Ambas nacen desde el inicio del México Independiente en 1821 como una sola secretaría, con funciones propias, pero para una misma misión, bajo el nombre de la Secretaría de Estado de Guerra y Marina. Nace para cumplir una de las cuatro funciones básicas que requirió el Estado para gobernar por las características de la época, “contar con la capacidad de imponer las decisiones políticas soberanas, por la fuerza si llegara a ser necesario, tanto al interior del territorio como frente a quienes las quisieran desconocer desde el exterior. Fue durante la administración de Cárdenas en 1937, que la Secretaría de Guerra y Marina se transformó en la actual Secretaría de la Defensa Nacional y dos años después, en 1939, se separa con funciones relativas a la Armada; un año más tarde, se le da el rango de Secretaría de Estado. Lo dice bien su misión “La Armada de México es una institución militar nacional, de carácter permanente, cuya misión es emplear el poder naval de la Federación para la defensa exterior y coadyuvar en la seguridad interior del país; en los términos que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las leyes que de ella derivan y los tratados internacionales”. Esta especial condición de compartir una función básica para el Estado hace de la Sedena y de la Semar, instancias que coadyuvan en la seguridad interior del país, entendiéndose así, que cualquiera tiene la facultad de colaborar con el Estado para garantizar la seguridad nacional. El problema no está en el fondo, sino en la forma, es así como en el gobierno de Calderón, la falta de mediación y asertividad, y el desconocimiento de la historia de estas dos instituciones llevaron a la opinión pública a generar un gran número de suspicacias, ya que fue clara la falta de coordinación y el aislamiento del Ejército mexicano en operativos de gran relevancia y para los que a la Marina le dieron un gran reconocimiento público. Hay quienes comentan que la desconfianza de Calderón hacia la Sedena se debía a la información de áreas de inteligencia sobre la infiltración de altos mandos en el narcotráfico, prueba de ello, la detención de generales de alto rango al finalizar su sexenio. Y si ponemos atención a algunas fuentes que aseguran el trabajo coordinado de la Semar con el Departamento de Inteligencia de Estados Unidos, además de su estrecha relación con otras dependencias de inteligencia en nuestro país, no ha de haber sido nada difícil pensar que la Marina confirmaba la posible relación con el crimen organizado de elementos de la Secretaría de la Defensa. Difícil esta relación y muy difícil entender cómo una institución leal desde su nacimiento a su jefe supremo quedaba ignorada o inadvertida de información crucial para esta lucha. La experiencia y la capacidad del Ejército mexicano frente a estas encomiendas es innegable, pero la incapacidad de un Presidente de ver el todo y mediar entre las instituciones con las que cuenta el Estado para una mayor coordinación, puede detonar el aislamiento y la inconformidad de instancias históricamente cordiales que buscan los mismos objetivos con disciplina y lealtad, uno no es mejor que el otro, pero juntos lograrían más que cada quien tras sus trincheras. El Ejército ahora comparte más con las secretarías de Estado, de tal manera que la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina han dejado estar a expensas de un Poder Judicial nefasto como el que ejerció con tantas equivocaciones la administración pasada y que afortunadamente concluyó con la liberación de generales íntegros lastimados por la ineficiencia del Poder Ejecutivo.

 

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