Por el honor de México

Nuestro Ejército se ha convertido, a lo largo de muchos sexenios, en un buen, obediente y silencioso policía interno...

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Miguel Ángel Godínez García 07/06/2014 04:00
Por el honor de México

No existe persona que no haya sentido recorrer un escalofrío debajo de la piel al escuchar a un contingente de cadetes gritar “Por el honor de México”, y cómo no, si el tono firme y contundente es aprendido desde el primer día en que ingresan como alumnos del Heroico Colegio Militar.  Frase que se exclama y se repite a diario y que va marcando como un tatuaje el corazón de los cadetes. Para un militar de carrera, servir a la patria es un honor, no hay condiciones, no hay preguntas, no existe duda alguna, son formados bajo el principio de la lealtad que se engendra al momento de pertenecer al Ejército Mexicano. Lealtad que se ha puesto a prueba en momentos históricos como el de la transición, 70 años en el poder no era cualquier cosa, el PRI formaba parte de la vida de muchos mexicanos que nacieron, crecieron y murieron sin conocer la pluralidad que hoy intenta hacer posible un México democrático. Qué poco conocían del Ejército Mexicano quienes insinuaron que no reconocería el triunfo de la oposición, nada más lejano que eso, la lealtad del soldado se engendró para servir a una nación representada por su comandante supremo, el Presidente de la República, sin distinción de partidos o de intereses políticos. Ha estado preparado para reconocer y respetar lo que se decidió en las urnas, esto le ha merecido el reconocimiento de sus compatriotas y el de las fuerzas políticas al coadyuvar con la estabilidad del país. Es así como México cuenta con un Ejército que se coordina con las instituciones y autoridades encargadas de la seguridad nacional y se subordina ante su comandante supremo, representado hoy por Enrique Peña Nieto. El Poder Ejecutivo, abrigado por esta lealtad, ha confiado al secretario de la Defensa Nacional funciones para las cuales el Ejército no ha sido creado, destacando entre ellas el combate a la delincuencia organizada, especialmente con el narcotráfico, que ha deteriorado fuertemente a nuestra sociedad. Y otras, como el Plan DN-III de auxilio a la población civil en caso de desastres, por su gran capacidad de organización y control, que le ha ganado entre la población el aprecio y la autoridad moral para ser una de las tres instituciones más confiables de nuestro país. Recordemos las olvidadas funciones del Ejército establecidas desde su prístina estructura: defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación, garantizar la seguridad interior y auxiliar a la población civil en caso de desastre. Pero como el Ejército se ha adaptado a la medida del momento, los jefes supremos han añadido algunas ingenuas funciones más, como por ejemplo, Miguel de la Madrid agregó la de auxiliar a la población en caso de necesidades públicas, como cuáles, me pregunto; es tan amplio el término que le otorga a un gobierno inmiscuir al Ejército en cualquier acción fallida de las instancias a las que les corresponde cada caso. Nuestro Ejército se ha convertido, a lo largo de muchos sexenios, mayúsculamente en la administración pasada, en un buen, obediente y silencioso policía interno, cualidades muy convenientes para asignarlo a operativos que no sólo comprometen a una institución que goza de una gran credibilidad y confianza, sino que también han expuesto a sus miembros y a sus familias, sin que ninguna otra institución pueda ofrecerles alguna garantía para su seguridad. Recordemos el caso del infante de marina acaecido en un operativo en donde cayó muerto Beltrán Leyva y que, al momento de ser velado, un comando fuertemente armado irrumpió al recinto para asesinar a la familia del marino muerto en el cumplimiento de su deber. Y por si fuera poco, los elementos asignados a estos operativos tienen que lidiar con instituciones judiciales que pueden en cualquier momento cuestionar la legalidad de sus intervenciones, sin considerar que cada una de sus acciones están respaldadas por órdenes de un superior. ¿El liderazgo del general secretario Salvador Cienfuegos intenta revertir los deseos personales, convertidos en leyes, de un gobierno del pasado que no tuvo la visión ni la estrategia ni la experiencia para luchar contra el crimen organizado? ¿Será posible que así como se han logrado promulgar las reformas necesarias para cumplir con el proyecto de desarrollo del país se otorgue la iniciativa de una nueva ley orgánica que les devuelva el fuero militar a quienes dan su vida con lealtad y vocación? El fuero de guerra o militar no es un privilegio, es una jurisdicción. ¿Será posible que las armas queden en manos de quienes sin usarlas han mantenido un país en paz y no en aquellos que consideran que en sus comunidades existe un Estado fallido? EPN y su actual titular de la Defensa parecen hoy tener la capacidad de reconquistar y reivindicar la institución, devolviéndoles la misma lealtad con la que históricamente han servido por el honor de México.

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