La difícil decisión de escoger al mejor hombre

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Miguel Ángel Godínez García 24/05/2014 01:41
La difícil decisión de escoger al mejor hombre

Sin lugar a duda una de las primeras y más difíciles decisiones que debe tomar el Presidente de la República electo en México es el nombramiento de su jefe del Estado Mayor Presidencial, quien será responsable de su seguridad y la de su familia durante su administración. Difícil no sólo por lo que implica su resguardo en tiempos violentos en nuestro país, sino porque además de ser responsable de esta delicada función, se encargará prácticamente de toda su agenda personal y oficial.

Debe elegir a un hombre capaz de poseer grandes habilidades organizativas de operación y logística, pero sobre todo un hombre capaz de mediar y negociar con los actores políticos que rodearán al Presidente.

El Estado Mayor Presidencial (EMP) históricamente ha ocupado un lugar primordial en todas las administraciones, el poder del que goza no sólo se debe a su cercanía con el Presidente, sino porque su autonomía le permite ejercer su función y garantizar los objetivos para lo que fue creado, el bienestar absoluto del Poder Ejecutivo.

Si nos remontamos al pasado fueron varios los hechos que originaron su creación. Al establecerse la República, el general Guadalupe Victoria crea una ayudantía general para después convertirse en el gobierno del general Mariano Paredes, en el primer Estado Mayor Facultativo, quien da al titular del Poder Ejecutivo, facultad absoluta de ordenar y reglamentar sus funciones.

Se fortalece su pertinencia, cuando durante la intervención francesa un pequeño grupo de militares asume las funciones que hoy competen al EMP para proteger al presidente Juárez, debido al traslado de su gobierno al norte del país. En el gobierno del general Porfirio Díaz se da a conocer el primer reglamento orgánico del Estado Mayor Presidencial en el que se precisan las funciones del jefe del mismo y sus funciones generales. Sin embargo, a lo largo de la historia en cada una de las administraciones, pudo haber cambiado su nombre o la complejidad para determinar sus funciones, pero siempre coincidiendo en la necesidad de fortalecer la autonomía de una institución militar que tuviera como única misión la seguridad y el apoyo organizativo al Presidente de la República.

 En esta autonomía y en las facultades que se le otorgan recae la dificultad de elegir a su titular, el Presidente sabe que éste debe poseer una gran capacidad de liderazgo y la suficiente inteligencia que le permita lograr vincular a la figura presidencial con todos los actores políticos de su mandato y que valores como la disciplina, la lealtad, la honestidad y el don de mando, inherentes en un militar de carrera, le darán la tranquilidad necesaria para poder gobernar. Necesita un hombre empático, conocido y reconocido por su gran ascendencia castrense, en el entendido de que el EMP es el único órgano que integra al trabajo a las tres fuerzas militares que conforman el Ejército Mexicano.

Desde su creación el EMP ha tenido la misión de garantizar no sólo la seguridad del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y la de su familia, sino también en las visitas oficiales de los mandatarios y funcionarios extranjeros, la de los expresidentes de México y la de personalidades que por la importancia de su cargo lo requieran. En un trabajo coordinado lidera a las tres fuerzas militares para resguardar las instalaciones presidenciales, desarrollando actividades de inteligencia y contrainteligencia necesarias para el desempeño de sus atribuciones que junto con el Cuerpo de Guardias Presidenciales, el grupo aéreo de transportes y demás unidades, trabajan uniendo esfuerzos en el entendido de que todas ellas dependerán operativamente de un órgano único, el Estado Mayor Presidencial.

Este es el nivel de responsabilidad del jefe del EMP, sitio en donde no se admiten errores y cuna de los generales con mayor capacidad, desempeño y lealtad que ha tenido el Ejército Mexicano para la gestión de cada una de sus funciones.

Pero, ¿en qué se basa un Presidente para elegir a su jefe del Estado Mayor Presidencial? Definitivamente en la trayectoria militar de los generales que la misma institución castrense le propone, en la experiencia dentro de esta dependencia y sobre todo de su lealtad para la institución.

Este es el caso de su actual titular, el general Roberto Francisco Miranda Moreno, quien se integró a dicho organismo en el año de 1995, licenciado en Administración Militar, además de contar con una maestría en Derechos Humanos por la UNAM, su experiencia en tareas de organización y protocolo en Guardias Presidenciales llevaron al general Miranda a ocupar el cargo de subjefe de Seguridad del EMP, nadie mejor experimentado que él para cumplir con las memorias de dicha institución que le ha ganado ser para los presidentes, su colaborador en primera fila.

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