Tres lecciones de América Latina

El gobierno mexicano debe invertir fuertemente en la supervisión de las autodefensas.

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Michael Lohmuller 08/06/2014 00:52
Tres lecciones de América Latina

Frustrados por la respuesta inadecuada del gobierno a la violencia y la inseguridad, los ciudadanos de Michoacán formaron grupos armados llamados autodefensas y lanzaron una ofensiva contra Los Caballeros Templarios. Hasta la fecha, la ofensiva de las milicias parece exitosa. En colaboración con las fuerzas de seguridad federales, cientos de presuntos miembros de Los Caballeros Templarios fueron arrestados, varios altos dirigentes fueron muertos y zonas previamente bajo el control del grupo se han retomado. Ahora, líderes de esas agrupaciones piden la creación de un Frente Nacional de Autodefensas para “despertar a la nación y demandar justicia y seguridad pública”. José Manuel Mireles, uno de los fundadores, dijo durante el Encuentro Nacional que no era un llamado a la insurrección armada, sino una demanda de seguridad pública y justicia. El lema “Todos Somos Autodefensas” fue adoptado como una manifestación de solidaridad nacional.

El pueblo mexicano debe ser cauto acerca de la trayectoria potencial de tal grupo antes de adoptarlo como solución a la inseguridad. Tres casos históricos de autodefensas en países de América Latina ofrecen lecciones útiles. Guatemala y Colombia muestran cómo tales grupos pueden salirse de control y causar un daño terrible. Perú enseña cómo las autodefensas pueden actuar con éxito junto a las fuerzas de seguridad para derrotar a un enemigo común.

Durante la guerra civil de Guatemala, el componente central de la estrategia gubernamental de contrainsurgencia a principios de 1980 fueron las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). Creadas y controladas por los militares, las PAC fueron integradas por campesinos locales y funcionaban como auxiliares civiles para el ejército guatemalteco. Su principal tarea era proteger a sus comunidades contra la guerrilla y las fuerzas de “subversivos”. La evidencia sugiere, sin embargo, que algunos miembros pasaron por alto el Estado de derecho. En algunas áreas, las PAC usaron su respaldo oficial para saldar viejas cuentas y eliminar enemigos por razones ajenas a la contrainsurgencia. Esto dio lugar a miles de abusos contra los derechos humanos.

Una situación similar ocurrió en Colombia durante la década de 1990, con el surgimiento de grupos paramilitares de civiles armados. La mayoría de éstos operaba contra los grupos insurgentes de izquierda: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sin embargo, los paramilitares pronto adquirieron vida propia y evolucionaron hacia organizaciones dedicadas al tráfico de drogas que cometieron violaciones de derechos humanos.

Perú es una historia diferente. A principios de la década de 1980, los abusos de Sendero Luminoso provocaron descontento y llevaron a la aparición de las patrullas de civiles armadas o rondas campesinas. Para combatir a Sendero Luminoso, el Estado cooptó las rondas campesinas, formó los Comités de Autodefensa y Desarrollo (CAD) y les dio reconocimiento formal. Sin embargo, el Estado peruano colocó a los CAD bajo la jurisdicción del ejército, requiriendo informes escritos sobre sus actividades. El gobierno controló las armas disponibles para los CAD. Además, las fuerzas de seguridad no dudaron en acusar a los patrulleros dedicados a actividades ilegales, como el tráfico de drogas. Tales controles y protocolos fueron diseñados para hacer a los CAD más responsables y evitar el surgimiento de “señores de la guerra” en las defensas civiles.

Para seguir con el ejemplo exitoso de Perú, es importante especificar legalmente las funciones y roles de cualquier Frente Nacional de Autodefensas. Cuando los vigilantes adquieren poder coercitivo, la tentación de aprovecharlo con fines propios es demasiado grande. Al definir legalmente las funciones y roles de los CAD y ejercer una estricta supervisión, Perú experimentó comparativamente menos violaciones de los derechos humanos y legales que Guatemala o Colombia. Muchos de los grupos peruanos fueron desmovilizados pacíficamente y han contribuido positivamente a la sociedad civil.

Para emular con éxito el caso de Perú, el gobierno mexicano debe invertir fuertemente en la supervisión de las autodefensas.

                *Posgrado en Seguridad Internacional por la Universidad de
                Georgetown. Investigador asociado del Consejo  sobre Asuntos                Hemisféricos (COHA) de Washington.

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