Terra Incognita. La relación México-Estados Unidos

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México Global 24/02/2014 02:06
Terra Incognita. La relación México-Estados Unidos

Eduardo Medina Mora*

 

En la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos hay un mapa del cartógrafo alemán Martin Waldseemüller, publicado en 1507. El territorio en América que hoy corresponde a México y Estados Unidos está marcado como Terra Incognita (territorio desconocido). Más de 500 años después de la creación de ese mapa, en buena medida seguimos siendo eso: dos desconocidos.

Probablemente no exista en el planeta una relación bilateral tan complicada como la de México y Estados Unidos ni tampoco dos países que sean tan importantes el uno para el otro. Nos une una frontera de más de tres mil kilómetros, comerciamos productos y servicios por más de mil millones de dólares cada día, tenemos una historia común compleja que aún continúa moldeando nuestra realidad actual y por encima de todo, nos une nuestra gente. En México vive la comunidad más grande de estadunidenses en el mundo y en Estados Unidos radican 11 millones de nacidos en México y más de 22 millones de personas de origen mexicano. A pesar de ello, nos separa el desconocimiento mutuo. Una cantidad importante de estadunidenses no sabe de nuestra diversidad y su visión de nosotros carece de profundidad. Nuestra comprensión de ellos es muy limitada. Frecuentemente, los estereotipos que tenemos uno del otro siguen definiéndonos mutuamente y reeditándose de forma continua.

La historia común entre nuestros pueblos es una de movimiento. La migración influye significativamente en las dos naciones y ha traído como consecuencia la formación de una nueva identidad binacional que no debe pasar inadvertida. Los mexicanos en Estados Unidos están cada vez más empoderados y contribuyen a la riqueza cultural y la prosperidad económica.

Como consecuencia de nuestro desarrollo, México ya no es realmente un país de origen de migrantes. La tasa de migración de México a Estados Unidos es negativa, es decir, que hoy —por primera vez— los mexicanos que emigran a Estados Unidos son menos que los mexicanos que regresan a México desde ese país. Una agenda bilateral compartida que permita responder a los flujos migratorios con oportunidad, que reconozca la necesidad de tratar a los migrantes con dignidad al tiempo que ofrezca a los países de origen la posibilidad de cooperar en proyectos de desarrollo, se hace pertinente.

En el ámbito comercial y económico, la sofisticada plataforma de producción conjunta resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte es sólo un aspecto a valorar de ese acuerdo. Desde su ratificación, el Producto Interno Bruto de Mexico se triplicó y el empleo y los salarios se incrementaron. Hay, por supuesto, roces en la relación comercial bilateral, pero se han utilizado los canales apropiados para dirimirlos y todos los casos se encuentran en vías de resolución. El mayor éxito del Tratado es haber creado las condiciones para que el comercio entre México, Estados Unidos y Canadá se intensificara a tal punto, que hoy es imposible referirse a muchos productos como hechos en México, Estados Unidos o Canadá porque tienen partes de dos o tres países y cruzan nuestras fronteras varias veces antes de estar terminados. 20 años después de firmar el Tratado, muchos productos están hechos en Norteamérica y juntos, los tres países, nos convertimos en la zona económica más potente del mundo. El futuro no estará en Asia, sino en América del Norte y todo el mundo comprará lo que producimos.

En materia de seguridad vivimos una transformación de la relación. Cooperamos más ordenadamente y hay mejor coordinación e intercambio de información, como la que colaboró a la captura del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera. Sin embargo, el problema es compartido y su solución también debe serlo. El negocio del crimen organizado es una cadena internacional de valor agregado. Es necesario que Estados Unidos haga más para disminuir la demanda de drogas y limitar la venta de armas de alto calibre y el flujo de dinero a las organizaciones criminales. Las estrategias de ambas naciones coinciden en una aproximación integral y holística al fenómeno, con un enfoque en la prevención del delito y en el fortalecimiento institucional en el caso de México. La cooperación está enfocada en el intercambio y fortalecer las capacidades operantes de las instituciones mexicanas de seguridad y justicia, que permitan prevenir el crimen, combatir a los grupos y sancionar y readaptar a quienes resulten responsables, al tiempo que contribuye con la estrategia que el presidente Peña Nieto ha marcado, de fortalecimiento de las comunidades, restablecimiento del tejido social, así como la creación de oportunidades económicas, educativas y la disminución de la violencia.

Nuestra relación bilateral debe aprovechar la nueva identidad bicultural surgida entre nuestros países. Debemos trascender estereotipos y lograr mejor entendimiento. Los esfuerzos diplomáticos y de acercamiento con todos los sectores de nuestras sociedades deben tener como objetivo llevar a los dos países hacia un porvenir de prosperidad basado en el conocimiento mutuo, que derribe muros y construya puentes. Es hora de que dejemos de ser Terra Incognita.

                *Embajador de México ante Estados Unidos de América

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